El carrete de Chuito Nazario, por Anthony González Miranda

Por Anthony González Miranda

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

Levanté lo que parecía ser una roca obsidiana enterrada en medio de la playa. Me decepcionó encontrar que se trataba de un carrete de pesca. Había un anzuelo clavado en la esquina del embobinado de nilón transparente y la pesa de plomo colgaba dando golpecitos contra el plástico negro. Sin embargo, me llamó la atención encontrar que un extremo del hilo todavía estaba enterrado.

Traté de levantarlo, pero continuaba a lo largo de la orilla hasta desaparecer debajo del oleaje. El carrete lucía repleto con el embobinado. Sin embargo, allá estaba el resto del hilo, en el mar. Si ya tenía el anzuelo y el carrete en mis manos, me pregunté qué podría haber en el otro extremo.

Seguí el hilo de nilón hasta llegar al agua. Valiéndome del tacto, me sumergí cuando ya no pude mantenerme sobre la superficie. Apenas podía ver algo bajo el agua, pero el hilo me llevó en una sola dirección. Era increíble que sobrara tanto hilo a partir del carrete.

Finalmente, me pareció ver algo al otro extremo, una silueta de algo grande al final del hilo, en el fondo del mar. Traté de subir, pero sentí un alón del otro. Solté el hilo para regresar. Después de todo, parecía estar fijo por ambos extremos. Solo tenía que buscar el carrete en la orilla de la playa y seguir de nuevo el hilo para regresar a aquél lugar misterioso.

Entonces vino el mordisco. La silueta había ascendido del fondo y me había atrapado entre sus fauces. Solo recuerdo el hamaqueo violento, el frío punzante en la cintura y la asfixia. Pudo haber sido un tiburón hambriento, o una aguaviva.

Sea lo que haya sido, abrí los ojos en un lugar totalmente oscuro. Sentí que estaba flotando en la nada. Pronto comencé a sentir el frío intenso, la presión en los oídos, el vacío en el pecho. Sentí desespero y comencé a nadar hacia arriba. El ascenso me pareció eterno. Si me detenía, la sensación de ahogo se hacía más intensa, así que continué con todas mis fuerzas. Cuando finalmente llegué a la superficie, me pareció que por un solo segundo no había perdido la vida.

Antes de abrir los ojos, tomé varias bocanadas profundas de aire fresco. Entonces caí en cuenta que el agua no estaba salada. El aire tenía un sabor dulce. Eché un vistazo al cielo. No había una sola nube. Tampoco vi el sol por ninguna parte. Sin embargo, el día era hermoso.

Busqué la orilla y nadé hasta toparme con un pequeño tablado. En lugar de palmeras, había algunos arbustos frondosos, lirios acuáticos y libélulas acopladas en pleno vuelo. Había algunas flores y cogollos tiernos en las ramas de los árboles más grandes. Francamente, era un lugar hermoso. En medio de todo aquello, al borde de un pequeño muelle de madera elevado sobre el agua, estaba sentado un pescador con su carrete negro que parecía de roca obsidiana.

–Has desperdiciado tu vida –anunció casualmente al verme, como si se tratara de una broma.

–¿Quién eres? –pregunté algo perturbado.

–Chuito. Chuito Nazario. Mucho gusto.

Por un momento pensé que había escuchado mal su primera declaración.

–¿Dónde estoy? –pregunté al verme en un lugar diferente a la playa.

–Estás en el lago –contestó el señor Nazario–. Al parecer, viniste del fondo.

–Entonces es verdad… –me dije a mí mismo.

–Eso parece –confirmó el pescador con suspicacia.

–Debo haber estado a la deriva durante mucho tiempo…

–¡Ya lo creo!

–Pero esto un lago…

–Ya te lo dije, viniste del fondo.

–Eso es imposible.

–¿Por qué es imposible?

–Porque yo estaba en una playa y ahora estoy en un lago.

–¿Estás seguro de eso?

–Definitivamente –contesté enseguida–. Estaba en la playa y encontré un carrete, como el suyo.

–¿Como este?

–Sí, como ese. Pensé que se trataba de una roca obsidiana, pero no fue así.

–Naturalmente –me interrumpió el pescador–. Las rocas obsidianas no se encuentran en la playa, sino en las montañas y zonas volcánicas.

–Alguien pudo haberla llevado hasta allá. Pero el punto no es ese.

–¿Por qué alguien llevaría una roca obsidiana a la playa?

–No lo sé. Tal vez como amuleto de la suerte. Tal vez como compañía. De todas maneras, eso no importa.

–¿Qué es lo que importa, entonces?

–Para empezar, el anzuelo estaba pinchado en el borde del carrete, de manera que el hilo ya había sido embobinado. Sin embargo, uno de los extremos seguía enterrado en la arena. Traté de levantarlo, pero continuaba hasta la orilla y allí se perdía bajo el agua. Lo seguí con el tacto, me sumergí, perseguí su pista hasta dar con una sombra en las profundidades. No sé cuán lejos estaba de mí, así que no pude determinar cuán grande era aquello. Necesitaba un tanque de oxígeno para bajar más. Necesitaba quizás un gancho o una cadena para levantarlo. Fue entonces cuando decidí regresar a la orilla. Conseguiría los recursos para dilucidar aquél misterio en el fondo del mar y regresaría mejor preparado. Comencé a subir, pero fue entonces cuando algo me interceptó. Probablemente fue un tiburón. O quizás fue un aguaviva que me paralizó, ya que no tengo ninguna herida. La verdad, no sé qué me sucedió exactamente, pero debí estar a la deriva durante algún tiempo, hasta llegar acá.

–Pero todo eso que me cuentas es muy absurdo –ripostó el pescador con cierto dejo de condescendencia. Te habrías ahogado si te desmallabas bajo el agua.

–Cuando lo pones de esa manera, quizás sí, pero yo estoy seguro de lo que pasó, al menos hasta el momento en el que intenté regresar a la superficie.

–Está bien. Hay gente que disfruta de inventar historias. Yo prefiero atrapar mi presa con la línea de pescar.

–No estoy inventando nada –riposté–. Tú, por el contrario, no has atrapado nada, por lo que veo.

–El hilo de pescar solo es tan fuerte como la paciencia del pescador.

–La paciencia del pescador puede ser eterna, pero sin una buena carnada jamás enganchará lo que busca.

–La carnada no importa. A veces utilizo un carrete… una roca obsidiana… la verdad ya no lo recuerdo. Creo que cualquier cosa sin sentido puede funcionar. Lo más importante sobre la carnada es que llame la atención del pez que buscas. No tiene que llegar a picar. Con tan solo hacerlo perseguir la carnada puedes traerlo justo hasta tus manos.

De repente me sentí incómodo, ansioso. Estaba hablando con un lunático.

–Ya quiero regresar –dije cortando la conversación–. ¿Me puedes decir cuán lejos está la playa?

–Realmente no está tan lejos –contestó mirando más allá, sobre mí–, pero es imposible regresar.

–¿Cómo que es imposible regresar? –pregunté alarmado–. ¿De qué hablas?

–Ya te lo dije. Has desperdiciado tu vida –repitió al ponerse de pie–. Encontraste a Chuito Nazario y perdiste el resto del mundo. No hay a donde regresar. Se acabó tu vida. Es el fin. Ahora, ven, sal del agua. Enfrenta tu destino a mi lado.

–¡Estás loco! ¡Pero qué cosas dices!

–¡Sal del agua, hombre!

Vi que todavía sujetaba el carrete, así que halé fuertemente del hilo. El pescador cayó en el lago. Sus gritos y manoteos me indicaron que no sabía nadar, pero cuando fui a rescatarlo se abalanzó sobre mí y trató de ahogarme. Me sujetó por el cuello con ambas manos y no me permitió sacar la cabeza fuera del agua. Sabía que estaba perdido, así que lo agarré por las muñecas y me dejé hundir con él.

El pescador luchó por zafarse de mí, pero con el esfuerzo solo logró desperdiciar el poco aire que quedaba en su pecho. Lo llevé conmigo hasta el fondo. De espaldas contra el lecho, finalmente me soltó el cuello, para ya era tarde para regresar a la superficie. Mi boca se abrió involuntariamente buscando el aire que nunca encontraría debajo del agua. Sentí que el lago me llenó el cuerpo. Perdí la consciencia.

Al abrir los ojos nuevamente volví a encontrar las nubes ralas de la costa y el sol deslumbrante justo al ápice del cielo. Estaba acostado entre las espumas de las olas que rompen a la orilla de la playa. Clavé los dedos en la arena mojada para incorporarme. Me pareció sentir el hilo, pero no lo he vuelto a encontrar.

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Sobre el autor:

Antonio Miranda
Antonio Miranda

Antonio González Miranda nace en Jayuya, Puerto Rico, 1988. Es químico licenciado y estudiante de Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico. Ha ganado tres primeros lugares en cuento de varios certámenes literarios locales y universitarios, además de algunas menciones honoríficas. Publicó su primer libro de cuentos, Queridos hermanos…, en Puerto Rico, 2012, como una edición de autor. Su primer cuento antologado, ‘Ecos en el anfiteatro’, formará parte de la Antología MetaLenguaje —Literatura y escena metalera— (Santiago de Chile, 2013). También es moderador del blog de discusión literaria ‘De cuentos (vivo) queriendo ser escritor’ bajo el infame seudónimo de Rey Brujo.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.

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Continuidad en el lago, por Antonio Miranda

Fotografía: Zayra Taranto
Fotografía: Zayra Taranto

La mujer salió al balcón con un libro en la mano. Se sentó en la mecedora verde y contempló el pequeño lago antes de comenzar a leer el siguiente cuento:

La criatura la observaba bajo la superficie. Brenda caminaba lentamente alrededor de la orilla en dirección hacia su hogar. Iba embelesada con el panorama del lago. Salía todas las tardes, cuando ya no hacía tanto calor, y daba una vuelta alrededor del pequeño cuerpo de agua. Cruzaba los anturios del jardín de su casa. Luego arrancaba una flor de miramelindos cerca de la orilla, removía su cabellera negra con un pasar de la mano y la pillaba contra su oreja.

Brenda continuaba su caminata hasta llegar al área del puente de madera. Era breve arco se levantaba sobre la salida del lago y le permitía conseguir una mejor perspectiva del lugar. Desde allí veía el follaje de los árboles que se derramaba sobre la superficie del agua. Formaba una especie de túnel entre la orilla y los troncos. También se deleitaba con los colores de todas las flores que brillaban al otro extremo del lago. Un poco más allá surgía el techo agudo del chalet donde vivía. Del cielo solo veía la parte más lata, la más azul y brillante. Brenda admiraba el paisaje de todo aquello junto. Nunca imaginó que bajo la superficie tupida de naufragios de hojarasca una criatura la observaba todos los días.

Se detenía en la parte más elevada del puente y asomaba su cuerpo sobre la balaustrada. Removía la flor de su oreja y desgarraba los pétalos uno a uno, en silencio. Los dejaba caer sobre el agua y no continuaba su caminata hasta que la corriente lentamente se llevaba el último bajo el puente. Mientras tanto, bajo la superficie, unas pequeñas burbujas se escapaban de la boca de la criatura al entreabrir sus fauces. Ni siquiera imaginaba que su aliento terminaría en el mismo lugar inalcanzable que las flores de Brenda.

La criatura no comprendía qué hacía la mujer, pero igual sentía empatía por su triste gesto. Algo de ese cruel deshoje de pétalos le provocaba una melancolía imposible, a pesar de su naturaleza monstruosa. Era en esos momentos que recordaba algunas sensaciones que había creído perdidas desde hacía mucho tiempo. Sentía un escalofrío en la espalda, el cosquilleo en las entrañas, el pulso caliente dentro de su pecho… Eran estas cosas las que provocaban el instinto de la criatura todas las tardes.

Mujer en el lago.Brenda continuaba su caminata rutinaria. Cruzaba el puente de madera y regresaba al camino bajo los árboles. Cuando salía del chalet iba mirando el cielo, los árboles, las flores, el puente de madera… Sin embargo, durante la segunda mitad del tramo, cuando caminaba de regreso a su hogar, solo miraba la orilla. Daba cada paso sin despegar la mirada de la hojarasca putrefacta que se acumulaba alrededor del lago. Las ondas de la superficie del agua se desplazaban como una brisa fugaz a través de un pastizal tierno. Sin embargo, bajo las ramas de los árboles se formaba pequeños remolinos viscosos de sombras que desaparecían sin terminar un ciclo.

Aquél día, cuando estuvo cerca del chalet, Brenda decidió quitarse la ropa y meterse al agua. Se desplazó entre los juncos sujetando su cabellera larga. Sintió pavor cuando la hojarasca pegajosa se le adhirió a los muslos, al vientre, al abdomen, a los senos, pero no se detuvo hasta atravesar la podredumbre de la orilla. Cuando tuvo el agua hasta el cuello entonces soltó su cabello con la certeza de que ya no se le enredarían inmundicias. Era la primera vez que se bañaba en el lago.

Muy cerca y aferrada al lecho la criatura la observaba. Solo tenía que extender un brazo para agarrarla. Estaba tan cerca que, no solo podía ver la silueta de su cuerpo, sino también el tono cremoso de la piel, las curvas gemelas del pecho, el pequeño ombligo brotado, el tupido abismo de la entrepierna, sus dedillos hundidos en el lodo… Si Brenda se alejaba, la criatura se aceraba más; por otro lado, si la mujer se acercaba demasiado, su perseguidor echaba para atrás hasta alcanzar de nuevo una distancia prudente. Medía sus movimientos. Calculaba su belleza nunca antes vista bajo en el agua. Era una novedad irresistible.

Brenda estiró su cuerpo y se zambulló de cabeza. Abajo, la criatura se sobresaltó con el inusitado chapuzón. Sin embargo, ella no lo notó porque nadó en la dirección opuesta. La criatura no la persiguió por miedo a ser descubierto. Observó embargado mientras el cuerpo de la mujer se alejaba. Sin embargo, unos segundos más tarde ella surgió de nuevo en la superficie. En seguida recogió su cabellera y aspiró el aire fresco por la boca hasta recuperar el aliento. Entonces se tumbó de espalda sobre la corriente. Separó las piernas y los brazos, relajó el torso y dejó flotar su cuerpo desnudo.

Al verla de nuevo inmóvil, la criatura recuperó su audacia y reptó muy cerca del lecho hasta quedar justo debajo del cuerpo de la mujer. Un brazo se estiró desde las profundidades. La silueta de la mano abierta parecía sujetar el cuerpo flotante contra la luz del cielo.

Luego un rato, Brenda se sintió satisfecha y decidió regresar a tierra firme. Esta vez no se agarró la cabellera pues la tenía emplastada a lo largo de la espalda. Al salir a la orilla sintió el cuerpo más pesado, cosa que la asustó un poco. Se apuró a recoger la ropa del suelo y la hizo un pequeño bulto que apretó contra su pecho. Se sonrojó al sentir la brisa contra su piel mojada, por lo que se apuró a regresar finalmente al chalet.

El balcón de madera daba hacia el jardín de anturios que bordeaba la orilla del lago. Al llegar allí, Brenda dejó caer el montón de ropa al suelo. Paso seguido se recostó en la silla de playa donde acostumbraba descansar luego de los paseos. Cerró los ojos, relajó su cuerpo y trató de recordar la sensación del agua contra su espalda. Entonces escuchó emerger algo muy cerca.

Inmediatamente cerró el libro y vio la criatura surgir de la superficie del lago. No tenía cejas. Era lampiño y tenía los ojos completamente blancos. Una fina película de agua se desgarraba sobre su pellejo brilloso. No se movió de su sitio. Ni siquiera parpadeó. Apenas entreabrió su boca y asomaron unos dientes filosos y translúcidos.

La mujer se incorporó de un salto, lanzó el libro con todas sus fuerzas y corrió gritando hacia el interior de la casa. La criatura soltó un chillido prolongado tras el golpe y se tambaleó por unos segundos con la mirada perdida, como si buscara algo en el cielo. Entonces cayó de espalda y se hundió nuevamente entre la hojarasca de la superficie. Unas últimas burbujas quedaron atrapadas bajo el manto de la podredumbre.

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Sobre el autor:

Antonio Miranda
Antonio Miranda

Antonio Miranda nace en Jayuya, Puerto Rico, 1988. Es químico licenciado y estudiante de Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico. Ha ganado tres primeros lugares en cuento de varios certámenes literarios locales y universitarios, además de algunas menciones honoríficas. Publicó su primer libro de cuentos, Queridos hermanos…, en Puerto Rico, 2012, como una edición de autor. Su primer cuento antologado, ‘Ecos en el anfiteatro’, formará parte de la Antología MetaLenguaje —Literatura y escena metalera— (Santiago de Chile, 2013). También es moderador del blog de discusión literaria ‘De cuentos (vivo) queriendo ser escritor’ bajo el infame seudónimo de Rey Brujo.

 

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen.

Ángel L. Matos para el tema: Evocar desde el gusto (Intertextuales por invitación)

Un sabor en la boca
es la pista de un gusto perdido en la piel.
Cuando pruebo los granos de tus células
detona en las glándulas el sabor inventado de tu carne
y esa sensación agridulce de tu palabra tras el oído.

Tengo un vicio confesado por tus sabores
soy un tecato de ese néctar agridulce entre tus piernas
de esa sensación a blasfemia que deja tu sudor en mi lengua
del amargamente excitante gusto de tu axila en la boca
de tu saliva como estalactita cayendo cálida a la mía.

Son tantas las veces que llegas montada en el olor de las cosas
son tantas las provocaciones casi fetichista de probarte de a poco
de hacer una degustación piel a piel, sexo a sexo, inquietos
y hacernos frutas: guanábana, tamarindo, papaya, piña;
cómo no sabernos frapé de olores y sabores entre tus sábanas.

Ahora que lo pienso me hago aguas entre los labios.
son tantas las veces que he planificado formas de lamerte
de extraer el más íntimo e infinito gusto del vapor de tu ser
para que te condenses justo debajo de mi pecho marino
y busques más abajo del ombligo un nuevo sabor con tu nombre.

 

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Sobre el autor:

Nació en Aibonito, Puerto Rico (1975). Tiene un bachillerato en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Cayey. Ha participado en innumerables lecturas de poesía en el país y extranjero en donde siempre ha recibido una gran acogida. Ha ganado gran cantidad de certámenes literarios. Ha organizado y organiza noches de poesía en diferentes puntos de la Isla. Ha sido invitado múltiples ocasiones en universidades y escuelas en Puerto Rico y Estados Unidos a hacer lecturas o dar charlas sobre literatura. En el 2006, viajó a Santo Domingo invitado por el Círculo Literario César Vallejo, en el 2007 a University of South Florida en Tampa y en el 2008 a Boricua College en Nueva York, entre otros viajes culturales/literarios. Fue escritor invitado en el segundo Festival de la Palabra de Puerto Rico (2011). También trabaja sus blogs El Mundo de las Palabras (http://palabrangel.blogspot.com) y Eros Parlante (http://erosparlante.blogspot.com/) y es el editor y fundaddor de la página de literatura joven puertorriqueña En la Orilla (www.enlaorilla.com). Ha publicado el libro de poesía Del silencio, la ciudad y otras pasiones in(é)ditas (Terranova Editores, 2004) el cual ganó premio del PEN Club de Puerto Rico. Su trabajo poético es estudiado en diferentes universidades de Puerto Rico y el exterior. En 2011, publicó Barcos de papel  (Isla Negra Editores). Ha publicado en diferentes revistas literarias y periódicos de Puerto Rico como El Nuevo Día y el Vocero y en el exterior como en Proscritos (España), Palavreiros (Brazil), Red y Acción (Nueva York), DiarioCoLatino(El Salvador), entre tantas otras. Además, ha sido publicado en las antologías eXpresiones: muestra de ensayo, teatro, narrativa y poesía de la Generación X (Instituto de Cultura Puertorriqueña, Puerto Rico, 2003), Open Mic/ Micrófono Abierto: Nuevas literaturas puerto/neoriqueñas  (Hostos Review, NY, 2005)y (Per)versiones desde el paraíso: Poesía puertorriqueña entre siglos (Aullido, Revista de poesía num. 14, España). Además, textos suyos han sido publicados en España, México, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, entre otros países. Ha sido escritor invitado al Festival de Poesía de La Habana, Cuba 2012. Es escritor del Salón Literario Libro América.

Lea más escritos de Ángel en su blogs: El mundo de las palabras y Eros/parlante.

Visite, también, En la orilla.  Este es un impresionante proyecto que lidera Ángel dedicado a las voces nuevas de la literatura puertorriqueña.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

H Roberto Llanos para el tema: Cosas encontradas en los bolsillos (Intertextuales por invitación)

Shot de viernes

 
Eran las 5:30 de la tarde  y no llegaba. Hiram buscó en su bolsillo el encendedor y  la cajetilla. Sacó un cigarrillo y  lo encendió con  desespero.  Cada viernes que se encontraba con Rolando en Dynez Café era lo mismo. Primero la incertidumbre, la espera, el encuentro. Empezaban por intercambiar  los eventos de la semana, par de cervezas y shots de tequila. Conversaciones de hombres. Luego  el alcohol hacía su efecto, se le bajaba el machismo a Rolando y se le subía el libido.  Así terminaban Hiram y Rolando abrazados en la cama de algún hotel de Isla Verde roncando al unísono.
 
Los encuentros de los viernes se repetían. El bar ténder ya los  reconocía, les sonreía y los observaba. Hiram estaba conforme con sus encuentros, Rolando se dividía entre una vida falsa y él. Fueron descubriendo sus virtudes y defectos. Alguna señal de esperanza había de que Rolando terminara con la falsedad pero nada pasaba.
 
El bolsillo de Hiram vibró, saco su celular y vio el mensaje de texto “Lo lamento pero la nena se enfermó. Te debo un raincheck”. Dominó su coraje y entro a beber. El bar ténder le pregunto por su cita de los viernes.
 
Hiram se tocó una vez más el bolsillo del encendedor, de la cajetilla, del celular mientras miraba la sonrisa del bar ténder. Le sonrió de vuelta. Sacó de su bolsillo la llave magnética y la puso sobre el mostrador. El bar ténder miró la llave y confirmando la invitación sirvió un shot. Tequila y plan B.


 
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Para leer otros textos del autor visite su blog: Pedazos de Chocolate.

H. Roberto Llanos es un escritor y fotógrafo aficionado. Nació el 2 de mayo de 1978, en San Juan Puerto Rico. Cursó estudios universitarios en la Universidad del Este, obteniendo un bachillerato en gerencia hotelera. Tomó diversos talleres con reconocidos escritores quienes lo impulsaron a continuar con la exposición pública de sus trabajos.  Varios de sus cuentos han sido publicado como Exprimomangó cual apareció en la antología  de Origin EYaoiES ( peruano-españoles) mientras que su cuento Ceviche al Canibal se encuentra en la pagina de Di/verso en Argentina. Actualmente está trabajando en una colección de cuentos.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta. ¿Desea participar? Escriba a: marlyncruzcenteno@gmail.com. 

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No te quedes sin leer las  colaboraciones  previas relacionadas al tema de esta semana:

Microtexto de Max Chárriez: Nota de Lucifer

Cuento La compensación, de Peter M. Shepard

Espacio Fabricado, poema de Jesús Colón

El bolsillo púrpura del olvido, poema de Amárilis Pagán

El cuento del invitado intertextual de esta semana Ángel L. Matos.

(Estas y otras colaboraciones las puedes encontrar en el archivo de agosto o cliqueando el enlace de las entradas previas)

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¡Tenemos grupo en facebook: Marlyn Ce: Apuesta literaria!

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz Centeno

Peter M. Shepard para el tema: Cosas encontradas en los bolsillos (Intertextuales por Invitación)

La compensación

 

            — Por favor, dame mi dinero —dijo Erick tomándose el jugo de china.

            El desgraciado llevaba una hora dándole vuelta al asunto. Había echado a lavar su ropa y lo tenía sentado desnudo en el comedor hablando estupideces. Definitivamente estaba dándole largas al asunto. Total con el lujo en que vivía debían ser unos trapos de pesos lo que había acordado pagarle la noche anterior.

            — ¿Quieres algo más de comer? — le ofreció.

            — Solo quiero lo que me debes. Me tengo que ir.

            — Es que no tengo dinero conmigo — confesó.

            Erick colocó el vaso en la mesa y lentamente se levantó. Sentía el coraje subiéndole por los pies. No con el pargo, sino con el mismo. La noche anterior, cuando el tipo se detuvo en la esquina de la plaza y lo llamó, su amigo le advirtió. El tipo tenía fama de no pagar después del sexo. Pero el Lexus que guiaba lo deslumbró. Tampoco el individuo se veía mal. Vivía en un condominio de lujo y ya en el apartamento lo hizo sentirse muy bien. Le dio un tour por las habitaciones explicándole los diversos artículos y colecciones de cosas adquiridas en otros países. Lo invitó a que se diera una ducha. Se quitó su ropa casi en harapos y se metió en la bañera que parecía una pequeña piscina. El agua cayendo sobre su cuerpo le limpió el sucio de días viviendo en la calle sin bañarse. El hombre se metió con él y le restregó suavemente todo su cuerpo con algo que él llamó una luffa. Y la espuma que formaba el gel con un rico olor lo había revitalizado. Luego de ambos asearse lo llevó al cuarto y continuaron con el foreplay. Se dejó llevar y él le ofreció más dinero para poseerlo. La cantidad era considerable y Erick, rompiendo su más importante regla, permitió ser penetrado. Entre el vaivén de los cuerpos en cópula y las caricias se abandonó al susurro de la voz del hombre que le hablaba de deseos y de  promesas. Lo disfrutó. Genuinamente se sintió deseado y lo disfrutó. Eyaculó, lo cual rara vez hacía con un cliente y sintió como sus ojos se cerraban por el cansancio. Mientras perdía su conciencia se preguntaba porque un chico tan guapo y que parecía tenerlo todo pagaba por sexo. Coqueteó con la idea de que el hombre realmente se sintiera atraído hacia él. Esa noche soñó con una oportunidad. Con una persona que le brindaba la posibilidad de salir de las calles, de irse muy lejos del mundo en que existía. Se vio en un avión, en primera clase. Visitando ciudades maravillosas. Un espíritu le susurraba sobre una nueva vida.

            El olor a tocineta y la luz del sol lo habían despertado. En la mañana la cosa había sido diferente. Rápidamente sintió un cambio en el ambiente. La calidez de la noche anterior fue reemplazada por un frío insufrible. Aunque intentaba ser cordial, el pargo se proyectaba alejado, prepotente, algo insolente. Ahora se negaba a pagar y esta negativa de cumplir con lo acordado tenía a Erick muy molesto.

            — Vamos, dame lo que acordamos para irme.

            — ¿Te parece que necesito pagar por sexo? Mejores machos que tú me suplican que los lleve a la cama de gratis. Pero disfruto trayéndome a putitos ingenuos como tú. — le contestó con desdén.  — Confórmate con haber tenido un techo y comida.

            El chico sintió una gran necesidad de marcharse. Miro alrededor a ver que podía robarse. Había muchas cosas valiosas fáciles de llevarse. Recordó las prendas de oro que el pargo dejo sobre la mesa de noche. Miró el cuchillo colocado sobre el plato del desayuno terminado. Sintió nauseas.  

            — Dame la ropa que me voy — dijo.

            — Esta todavía mojada. Selecciona algo de esta ropa que la iba a donar — le ofreció señalando una montaña de ropaje descartado que tenía tirado en el piso.

            Erick se sintió tan vulnerable como desnudo estaba su cuerpo. Decidió que su dignidad valía más que unos cuantos dólares y se vistió con unos pantalones algo grandes y una camisa que seleccionó del paquete de ropa y que al menos estaban en mejor estado que los trapos con los que había llegado. Cogió la bolsa con la ropa mojada que el pargo le entregaba y dándole una mirada de lastima se marchó.  Se dirigió hasta la parada de guagua más cercana y en el camino pidió unas pesetas para poder abordarla. El desespero se estaba apoderando de su cuerpo. Estaba a punto de necesitar una cura. La pierna derecha comenzó a moverse sin control. Sintió un bulto rozándole el muslo y chocando con su escroto. Incómodo, se metió la mano en el bolsillo del pantalón. Saco un paquete enrolladlo con un rubber band. Lo desenrolló. Erick abrió los ojos sorprendido, entonces comenzó a reír descontroladamente.

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Sobre el autor:

Peter M. Shepard- Rivasde Juncos, Puerto Rico nació un 14 de septiembre de 1959. Posee un Bachillerato en Turismo y una Maestría en Administración de Organizaciones sin Fines de Lucro, ambos obtenidos en la Universidad del Sagrado Corazón. En 1985 fue premiado con la Medalla Pórtico de Liderazgo de la USC. Trabajo por muchos años como asistente de vuelo y actualmente labora en el área de desarrollo organizacional y programático de una organización de base comunitaria. Algunas de sus narrativas han sido publicadas en el blog del Colectivo Literario Homoerótica y tiene dos cuentos que serán publicados próximamente en dos antologías de cuentos. En su blog, que visita de vez en cuando, Quien ríe el último, piensa más lento… publica algo de inspiración, algo de indignación, algo de cordura y de locura.

Su blog:

Quién ríe el último, piensa más lento…

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

No se pierda ninguno de los escritos de esta o de semanas futuras. Vea las anteriores bajo el archivo de agosto. Únase al grupo en facebook: Marlyn Cé: Apuesta literaria.

Busque las entradas previas para el tema de esta semana:

Cuento de Ángel L. Matos
Poema: Espacio Fabricado, de Jesús Colón
Poema: El bolsillo púrpura del olvido, de Amárilis Pagán

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Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Ángel L. Matos para el tema: Cosas encontradas en los bolsillos (Intertextuales por invitación)

El dolor de cabeza casi le provocaba náuseas. Le estuvo curioso verse de hombre; jamás se había soñado de ese modo y menos con hangover. Soñaba que había despertado casi sin recordar en dónde estaba, con un olor a perfume que no era suyo; un aroma femenino mezclado con sudor que le provocaba algo de vértigo al tratar de recordar qué había pasado la noche anterior. Al cerrar los ojos sólo, pensaba en el último palo de chichaíto que se había dando y que había cargado en la botella de agua que había traído de su casa y que lo había mareado. Tenía la lejana sensación del calor de la calle, el sonido de los carros, el olor de orín y frituras que se entremezclaban, y una voz de mujer susurrándole algo tras la nuca en una esquina.

Se dio un trago de café recién hecho en su greca mientras encendía un cigarrillo, pero no podía fumar. El espiral de humo del cigarrillo le mareaba. Por un momento, como clarividente, el humo le trajo imágenes como película en blanco y negro sin sonido, pero se le esfumaron pronto. Sólo llegó a ver un lugar con muchas luces psicodélicas, múltiples manos que lo tocaban mientras bailaba intensamente y al final una mano de mujer con unas uñas pintada de color rosado casi fluorecente que lo sacó por la puerta de atrás de ese lugar hacia un callejón en donde un gato maulló al verlos salir y corrió despavorido.

Se puso sus pantalones verdes con muchos bolsillos con olor a humedad y un sinnúmero de olores que ya su nariz no reconocía. Al pasar por el pasillo de camino al cuarto, pasó por un espejo en donde se dio cuenta que tenía una marca en el cuello. Poco más abajo del lóbulo de su oreja derecha tenía una marca de dientes rodeado como de una aureola entre colores negros y púrpuras con la forma de unos labios y una inscripción con bolígrafo que leía “Gracias por todo, Lola”. Se acarició con la punta de su dedo índice aquella marca como dibujándola mientras una sonrisa pícara afloraba en sus labios y se preguntó a sí mismo mirándose: “¿Lola? ¿Quién carajos es esta artista de la tortura?”. Metió la mano en su bolsillo izquierdo, encontró una nota, la leyó, suspiró profundamente con cierta duda, le dio un beso, la volvió a doblar y la guardó en su bolsillo Luego, le dio sueño y se acostó.

Ella se despertó. Había tenido una rara y perturbadora pesadilla en la cual era un hombre. Tenía un terrible dolor de cabeza que le provocaba náuseas. Fue a la cocina, se tropezó en el fregadero con una botella de anís y de Ron Llave casi vacíos, se preparó un café cargado en su greca mientras prendía un cigarrillo, pero no pudo fumárselo; la forma que hacía el humo le daba más náuseas.  Se tomó el café mientras el humo del mismo se le condensaba en sus gafas justo al frente de sus grandes y ojerosos ojos verdes. Caminó a su cuarto lentamente y vistiendo solamente unos pantis de encajes color rosado. Al pasar por el pasillo, notó que en su cuello tenía una marca más abajo del lóbulo derecho con la forma de unos labios anchos y unos dientes y de color que iba entre negro y tonos violáceos y unas letras inscritas que leían: “Gracias por todo. Busca en el bolsillo de tu pantalón  de anoche”. Fue corriendo a su cuarto. No recordaba quién le había hecho esa marca y había escrito esas palabras. Trataba de recordar la noche anterior y sólo había sombras y un dolor de cabeza que no se le quitaba. Encontró el pantalón el cual tenía un olor a intenso a humedad y otros olores un tanto objetables. Buscó en el bolsillo derecho superior de su pantalón verde y encontró una nota grapada a una fundita abierta y vacía de un condón. Con una ansiedad que la asustaba y excitaba abrió la nota. Explayó sus grandes ojos para leerla y una sonrisa inexplicable se le hizo cuando la leyó; sencillamente decía: “Gracias por todo Lola”. Ella sonrió. Esas palabras le sonaban de algún lado. Fue a la nevera y pinchó la nota con un imán justo al lado de la lista de cosas que debía comprar en el supermercado. Le dio sueño, pero no se acostó. Se puso un tipo de bufanda de seda para cubrir la marca, se pintó los labios de rosado intenso, acarició con el dedo índice ese curiosos ematoma en el cuello y salió al patio a hacer una llamada.

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Lea más escritos de Ángel en su blogs: El mundo de las palabras y Eros/parlante.

Mientras decide que blog visitar no puede por ningún motivo dejar de visitar: En la orilla.  Este es un impresionante proyecto que lidera Ángel dedicado a las voces nuevas de la literatura puertorriqueña.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Julio A. García para el tema: La obsesión (Intertextuales por invitación)

Ojos que no ven

Lo peor que puede ocurrir no son sus puños sobre mi cara, sino que me anule la vergüenza.

Lo pienso una y otra vez mientras se acerca a la mesa en que desayuno. Lo veo y me mira desde la distancia con su mochila al hombro. Camina decidido. Nada lo distrae, ni el alboroto del gentío que llena la cafetería. Cada cual en su mundo, en su abandono.

La gente lo ignora, pero cuando esté él enfrente de mí, de seguro lo atienden. Auguro el insulto fuera de la boca. Inevitables los manoteos. El que empuja primero se confía de ventajas. Entonces, la reacción automática del público: curiosidad, miedo, risas. No hay peor criatura que un público averiguao.

No tengo duda de que viene a mi encuentro; se desplaza con firmeza. La cabeza rapada le relumbra bajo el techo iluminado. Los brazos cuelgan pesados, las manos abiertas, la mirada crucificando la mía. Hoy sus tradicionales ojos esquivos lucen impávidos. Hoy se empeñan en robarme la voluntad del cuerpo.

Puedo levantarme rápido antes de que llegue. Puedo disimular que abandono mi bandeja, seguir mi camino y dejarlo con el insulto en los labios. ¿Debo hacerlo?, sopeso. No quiero que la vergüenza empeore si el gentío me tilda de cobarde. No soy así. Mejor aguanto lo que me eche encima.

Quizá merezco cualquiera que sea el desquite.

Después de todo, yo le jodo mucho la vida. Ya van dos años de impertinencias cada mañana en esta cafetería. Lo miro y lo miro y no paro de espiarlo. Lo vigilo durante las clases que tomamos juntos. También cada noche mientras juega baloncesto en el condominio en que vivimos.

Juntos pero no revueltos.

Ninguno es culpable de que seamos vecinos y compartamos un país libre lleno de lugares públicos. Tampoco soy tan ilusorio como para no aceptar lo que me atañe; mis culpas no tienen control. Procuro tenerlo cerca. Conocer su vida no es tan difícil; tengo amistades y un oído bien entrenado.

Sé de dónde viene y hacia dónde va, sus debilidades y fortalezas, sus sabores preferidos, sus tristezas ingratas. Aunque desconozco qué sueña, lo más claro que entiendo es lo que nos separa, que poco importa. No pienso en ello; desde pequeño comprendo que existen muros que no sirven para saltar.

Ahora que apenas lo tengo encima, recuerdo una por una mis necedades, comprendo que cualquiera se hastía, yo incluido; y acepto que el tiempo me sobrevuela, que ni caso le hago, y que no quiero sueños concretos; simplemente alucino porque me conforma, porque vago entre brumas, esperando ver qué llega.

Llegan criaturas indefinidas. Indefinidas como yo. Nadie es nadie si se vive de expectativas insulsas. Sorprende el momento que desvela lo que arrastras. No luce como crees, y no sabe a ayer ni sabe a mañana. No sabe a nada. El mundo es un espejismo tan rancio como mi espejo.

Él se detiene junto a mi mesa y provoca que mi razón acepte la realidad en que me encuentro. Jala la silla y se sienta en ella sin mi permiso, que ni le interesa solicitar. Se acomoda. Después, me entorpece la persistencia que le colorea los ojos. No dice nada.

Nunca habla, como cuando está en otra mesa. No la del frente ni la de al lado, sino en la diagonal que nos aleja. En ella se esconde, estando tan cerca. Se refugia en la laptop, en elmóvil, vestido con chándal. Y disimula por ratos, indagando si lo veo.

Espero con ansias a que hable. Con miedo a que suelte el primer puño, si a eso viene.

Pero luce refugiado, como cuando otra compañía —una pretendiente o un pana— lo salva de mí. Experimento alejarme, quizá por un instante, abandonado a mi suerte en esta mesa convertida en barco. Ni el gentío logra rescatarme; no es más que un bullicio de olas que se alejan sin volver.

Lo miro y lo miro y no paro de espiarlo, igual que cada mañana en esta cafetería, con las mismas ganas que en el salón y en la cancha, aunque sin impertinencias. Me sobrecoge un vacío que cruje y me separa las tripas. El aplomo de su rostro impide desconectarme.

Él coloca las manos sobre la mesa. No tengo más opción que pensar: ¡Ahora es que es!, y me preparo para la descarga.

Recreo de antemano la escena: decenas de cabezas volteándose al unísono. Soy el centro de atención. Al instante, el bullicio fallece. El silencio secuestra el local; múltiples olores lo vuelven maldito. El silencio… El mismo que predomina en ese lugar al que llegan los barcos a la deriva.

Escucho su pregunta con una claridad difícil de explicar.

—¿Por qué puñeta tú me miras tanto?

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Para conocer más del autor visítalo en su espacio virtual:  Julio A. García Rosado.

Sobre el autor:

Julio A. García Rosado nació en Guaynabo, P.R. Aparte de escritor, se ha desempeñado como diseñador gráfico, fotógrafo y editor de video. Es autor de los libros: «La caja italiana» (dramaturgia), «Scenarium Maleficarom» (dramaturgia) y «Ombligo de luna» (novela).

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.

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No te quedes sin leer estas otras colaboraciones relacionadas al tema de esta semana:

Cuento: Anankástico, de Max Chárriez

Cuento: de Marlyn Cruz-Centeno

Poesía: Obsesión, de Ángel L. Matos

Cuento: La hija de Freud, de Anuchka Ramos Ruiz.

Cuento: Fr(p)uto Verde, de Peter M. Shepard.

Poesía: Labios, de Jesús Colón

Poesía: Obsesivo, de Alexis Pedraza

Cuento: La otra, de Amárilis Pagán Jiménez

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

H Roberto Llanos para el tema: La obsesión (Intertextuales por invitación)

Tommaso mío

Dalila sintió  el engaño del refrán el amor entra por la cocina.  Conoció a Tommaso De Luca en las afueras del Instituto Culinario.  Había sido invitado  para una demostración de cocina italiana. Dalila fue la agraciada de ser su asistente ese día, para envidia de muchas de sus compañeras.  Quedó fascinada con su acento  y sus manos rápidas en la cocina. Terminada las clases, él  le dio su tarjeta de presentación.

Pasaron  varios días y se encontraron, por casualidad, en la Plaza del mercado. Lo sorprendió mientras  ella buscaba tomates. A insistencias de ella, él le ayudo a escoger los tomates maduros que serían perfectos para una espesa salsa marinara. Rosaron manos por vez primera mientras escogían  los tomates. Intercambiaron una leve estática. Después de las compras,  él la invito a cenar y terminaron en la cama disfrutando de un delicioso postre sexual mejor que el Tiramisú. Dalila quedó encantada con Tommaso. El tenía una combinación de inteligencia con sexualidad de la cual no estaba acostumbrada.

Ahí empezaron unos impulsos en Dalila de querer relacionarse con todo lo que le acordara a Tommaso y le acercara a él. Comenzó a comprar libros de cocina, pero todos de recetas italianas. Se matriculó en la escuela de idiomas para aprender italiano. Buscó libros de geografía y empezó a memorizar diversas ciudades como Roma, Venecia, Nápoles, Turín. Puso un mapa de Italia en la pared de la sala y con un marcador negro trazó rutas de las ciudades por las cuales anhelaba visitar, con Tommaso, claro.

 Los encuentros se volvieron semanales. En un principio eran encuentros inofensivos, pero tras cada encuentro  ella sentía que lo que compartían no era suficiente. Dalila lo inundaba de preguntas acerca de todo, acerca de su familia, recuerdos de la infancia, sus gustos. De sopetón le dijo que él debía llevarla  a conocer Italia y su familia.  Él no tomó el comentario en serio, hasta le pareció gracioso el entusiasmo de chiquilla de Dalila.

Uno de los encuentros se dio finalmente en el apartamento de Dalila. Tommaso se asustó con el mapa en de Italia en medio de la sala y el hecho de tener una conversación con Dalila totalmente en italiano. Ella, así en italiano,  le planteó que ya era el momento de mover la relación a otro nivel. Al fin y al cabo, ya sabía preparar todos los platillos tradicionales de la cocina italiana, hablaba el idioma impecablemente y tenía memorizado perfectamente los lugares de interés de su villa natal.  Él se excusó como mejor pudo, y le explicó que no buscaba una relación formal.

Dalila no lo podía creer. Debía haber una razón para que Tommaso la rechazara. Empezó la típica investigación a través de las redes sociales. Encontró una foto de Tommaso posando con otras mujeres, no una, varias. Dalila se envenenó de celos. Tommaso tendría que rendirle cuentas. Lo llamó cada 10 minutos y salía la grabadora. Le inundó el celular de mensajes de voz y mensajes de texto. Dejó de asistir al instituto culinario y sus clases de italiano.

Finalmente, fue a visitarlo al restaurante en que Tommaso era chef, pero le negaron la entrada.  La rabieta que formó hizo que él saliera a confrontarla. Ella de verlo se emocionó muchísimo, le brinco encima para besarlo y olerlo pero la detuvo. Tommaso  le prometió verla en su casa, si se iba tranquila del lugar. El llevó una botella de vino Chianti  y ella lo abrió al momento. Él quiso decir algo, pero ella le interrumpió para hacer  un brindis por el recuentro. Tommaso no levantó la copa, le explicó que seria su última visita. Él estaba en planes de volver a Italia. Dalila, dejó caer la botella que sostenía en las manos y lloraba. Se cortó recogiendo los pedazos. Él intento ayudarla  pero ella lo empujó, estaba furiosa.

Tan furiosa que no sabría decir en qué momento el cuchillo de cocina llegó a sus manos y empezó el forcejeo con Tomasso. Un resbalón de Tommaso en el charco de vino los hizo caer al suelo.  Un charco tinto más espeso, más amplio bajo el cuerpo de Tommaso.

Cuando llegaron los paramédicos la encontraron junto a Tommaso con la mirada perdida.  No reaccionaba a ninguna de las preguntas que le hacían. Solo se le escapaba un murmullo, un tarareo, unas líneas… y el mundo es testigo de mi frenesí, por más que se oponga el destino serás para mí.

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Para leer otros textos del autor visite su blog: Pedazos de Chocolate.

H. Roberto Llanos es un escritor y fotógrafo aficionado. Nació el 2 de mayo de 1978, en San Juan Puerto Rico. Cursó estudios universitarios en la Universidad del Este, obteniendo un bachillerato en gerencia hotelera. Tomó diversos talleres con reconocidos escritores quienes lo impulsaron a continuar con la exposición pública de sus trabajos.  Varios de sus cuentos han sido publicado como Exprimomangó cual apareció en la antología  de Origin EYaoiES ( peruano-españoles) mientras que su cuento Ceviche al Canibal se encuentra en la pagina de Di/verso en Argentina. Actualmente está trabajando en una colección de cuentos.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.

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No te quedes sin leer estas otras colaboraciones relacionadas al tema de esta semana:

Cuento: Anankástico, de Max Chárriez

Cuento: de Marlyn Cruz-Centeno

Poesía: Obsesión, de Ángel L. Matos

Cuento: La hija de Freud, de Anuchka Ramos Ruiz.

Cuento: Fr(p)uto Verde, de Peter M. Shepard.

Poesía: Labios, de Jesús Colón

Poesía: Obsesivo, de Alexis Pedraza

Cuento: La otra, de Amárilis Pagán Jiménez

 

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz Centeno

Alexis Pedraza para el tema: La obsesión (Intertextuales por invitación)

OBSESIVO

Me pondré obsesivo.
Desde hoy las veinticuatro horas del día
las vivo pegado a tu piel.
Siento tu respiración desde que despierto hasta que me duermo.
Hago como que nadie más existe y sólo tengo ojos para ti.

Me pondré obsesivo.
Desde hoy te poseo todos los días y mi aliento es tu oxígeno.
Tu boca es mi boca y tu lengua solo busca la mía.
Me adueño de tus manos y sólo me acarician mí.
Secuestro tu nariz y sólo sientes mi olor.

Me pondré obsesivo.
Desde hoy confino tu espalda baja y sólo mis labios la rozan.
Pongo bajo arresto tus nalgas y sólo mis dientes
pueden morderlas.

Me pondré obsesivo.
Desde hoy cancelo tus recuerdos pasados y en tu memoria
sólo habito yo.
Lleno todos tus espacios y no necesitas a nadie
más que a mí.

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Nació en Caguas.  Mientras estudiaba su escuela superior ganó por dos años consecutivos, 1988 y 1989, el certamen de cuento Escritores del mañana, para jovenes de 15 a 18 años, que celebraba el Sistema Educativo Ana G. Méndez auspiciado por el desaparecido periódico El Mundo.  También en 1989 gana el certamen anual de cuento de la revista norteamericana Writers Digest en la categoría de Mejor Cuento de Terror con su historia Blood waves.  En 1998 se convierte en el segundo extranjero en ganar el prestigioso certamen de cuento del periódico El Heraldo de México con su escrito El rincón de los mil diablos.

Tiene un Bachillerato en Mercadeo de la Universidad de Nueva York y una maestría en Mercadeo Internacional de la Universidad Interamericana.  Mientras completaba sus estudios universitarios fue estudiante invitado de Tisch School of the Arts (Universidad de Nueva York), donde participó como actor en las obras All my sons,  A midsummer night’s dream y Dreaming in cuban.  También en Nueva York participó en dos obras del Shakespeare in the Park, siendo estas The tempest y The merchant of Venice.   Ha tomado talleres de narrativa con las escritoras Elena Poniatowska y Laura Restrepo, en México y Colombia respectivamente.  Ha trabajado como libretista de televisión en Nueva York, Los Angeles, México y Colombia.  Varios de sus  escritos han sido  publicados en las revistas Qué leer, de España, Papiros, de  Colombia, y Argos, de México, entre otras.  Actualmente se encuentra inmerso en varios proyectos como escritor, entre estos una de teatro y su primera novela, la cual se espera esté publicada antes de fin de año bajo Editorial La Tuerca.  Dos de sus cuentos formarán parte de antologías de Erizo Editorial y Editorial La Tuercfa. Recién fundó junto a los escritores Marlyn Cruz Centeno y Julio García la plataforma literaria De Palabras, Inc.  Desde hace poco más de tres años combina su pasión por la letras con su negocio The Market Tool, que presta servicios de mercadeo y relaciones públicas.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
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No te quedes sin leer estas otras colaboraciones relacionadas al tema de esta semana.

Cuento de Marlyn Cruz-Centeno

Poema: Obsesión, de Ángel L. Matos

Cuento: La hija de Freud, de Anuchka Ramos Ruiz.

Cuento: Fr(p)uto Verde, de Peter M. Shepard.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Angel L Matos para el tema: La obsesión (Intertextuales por invitación)

Obsesión

Si me preguntas de lo íntimo
me intensifico con soltura.
El pensamiento viaja conjugando
historias y fantasías en un mismo acto
cuerpos y siluetas trastocados
justo al lado de una sombra
donde unos con otros se juntan
y son sólo masa en movimientos
que hace de las sumas un indivisible
cuando la mirada se me escapa
como buen voyerista de lo absurdo.

Si me preguntas por la memoria
te diría que muero por los provocados por los olores.
Hay un algo en cada aroma que no entiendo
un algo que provoca mis neuronas indiscretas
buscando descifrar cada posible historia
amarrar a mí cada posible cuerpo y cosa
como quien caza insaciable alguna aventura
que alguna vez fue suya más allá de lo que queda
invisible entre los dedos e insaluble
a donde corro a pegar a mi nariz como tecato
después de cada caricia o cada roce.

Si me preguntas sólo con la mirada
te diría que me provocas en lo más sublime;
Que soy coleccionista de ojos
con los que juego a fraguar historias y fantasías
y que me vuela el que me mires y te mire
como desnudando algún momento que nunca fue nuestro
como aquella palabra que nunca se dijo
cuando buscabas en mi distancia ese algo
que nombrara en ese cara a cara escurridiza
ese mundo de búsquedas y escondites tan tuyo
mientras juego a imaginar un polvo enamorado en tu boca.

Si me preguntas te diría que no me preguntes.
Es que el hacer me hace tan débil ante las posibilidades
que invento como demente poemas para mirarte
para tomar tu olor entre las cosas y mis cosas
aunque tal vez nunca has estado en mí ni yo en ti
aunque no hayas visto la humedad de mis dedos
cuando juego en las noches con alguna imagen tuya
cuando busco entre detalles un asalto de recuerdos
más allá de ti, de mí, de todos y de nadie
en una rica sensación de palabras que nunca te diré,
en esta obsesión de crear en letras tu utopía de mí.

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.

Ángel L. Matos tiene a su cargo el tema de la próxima semana.

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Sobre el autor:

 Angel L. Matos, nació en Aibonito, Puerto Rico (1975). Tiene un bachillerato en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Cayey. Ha participado en innumerables lecturas de poesía en el país y extranjero en donde siempre ha recibido una gran acogida. Ha ganado gran cantidad de certámenes literarios. Ha organizado y organiza noches de poesía en diferentes puntos de la Isla. Ha sido invitado múltiples ocasiones en universidades y escuelas en Puerto Rico y Estados Unidos a hacer lecturas o dar charlas sobre literatura. En el 2006, viajó a Santo Domingo invitado por el Círculo Literario César Vallejo, en el 2007 a University of South Florida en Tampa y en el 2008 a Boricua College en Nueva York, entre otros viajes culturales/literarios. Fue escritor invitado en el segundo Festival de la Palabra de Puerto Rico (2011). También trabaja sus blogs El Mundo de las Palabras (http://palabrangel.blogspot.com) y Eros Parlante (http://erosparlante.blogspot.com/) y es el editor y fundaddor de la página de literatura joven puertorriqueña En la Orilla (www.enlaorilla.com). Ha publicado el libro de poesía Del silencio, la ciudad y otras pasiones in(é)ditas (Terranova Editores, 2004) el cual ganó premio del PEN Club de Puerto Rico. Su trabajo poético es estudiado en diferentes universidades de Puerto Rico y el exterior. En 2011, publicó Barcos de papel  (Isla Negra Editores). Ha publicado en diferentes revistas literarias y periódicos de Puerto Rico como El Nuevo Día y el Vocero y en el exterior como en Proscritos (España), Palavreiros (Brazil), Red y Acción (Nueva York), DiarioCoLatino(El Salvador), entre tantas otras. Además, ha sido publicado en las antologías eXpresiones: muestra de ensayo, teatro, narrativa y poesía de la Generación X (Instituto de Cultura Puertorriqueña, Puerto Rico, 2003), Open Mic/ Micrófono Abierto: Nuevas literaturas puerto/neoriqueñas  (Hostos Review, NY, 2005)y (Per)versiones desde el paraíso: Poesía puertorriqueña entre siglos (Aullido, Revista de poesía num. 14, España). Además, textos suyos han sido publicados en España, México, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, entre otros países. Ha sido escritor invitado al Festival de Poesía de La Habana, Cuba 2012. Es escritor del Salón Literario Libro América.

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No te quedes sin leer  estas otras colaboraciones para el tema: La obsesión