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Diario: Mudarse de techo

Diario de una isla: Mudarse de techo
20 de mayo de 2016

Moverse de una casa a otra siempre requiere verse, mirarse detenidamente y conocerse más. Se aprende a buscar con los ojos, el instinto, el presupuesto y el corazón.

Buscar no es para los débiles. Se trata de visitar mazmorras bajo engaño de castillos. Conocer rufianes, estafadores, brujas disfrazadas de dulces ancianas y el peligro de viejos exhibicionistas al acecho para mostrar miserias. Requiere escuchar promesas de sellado de techo en lugares semi inundados y de reparaciones último modelo a pocilgas irreparables sin saber si son bromas. Algún ofrecimiento siempre llega de una cajita de fósforos para que vivan cinco por el módico precio de cientos de dólares. Ante el clima de engaño hay que buscar con maña y entrega.

Cada mudanza es distinta y esta mudanza es para amar. Así que requiere, como mínimo, persistencia y enfoque. Siempre ayuda hacer una lista.

Escribir todo como quién pide deseos al universo.

Por ejemplo:

Espacio para tres.
Lugar para que una persona desvista la infancia y se vuelva un joven.
Casa para que dos vivan el amor.
Hogar para que tres sean familia.

Más:
Espacio exterior para encender carbón.
Lugar para hacer crecer plantas aromáticas, curativas y para guisar.
Rincón de música, lectura y escritura de
poemas, cuentos y novelas.
Habitación para la pasión y los encuentros tiernos.
Terraza para recibir a los amigos y reír.
Hoja en blanco para hacer historia y memorias.

A partir de la lista y a ritmo de ver tres lugares diarios por casi quince días creo que encontré el lugar
…esto, claro, fue la parte fácil…

Desde la isla,
Marlyn

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Diario de una isla: Amar Poemas

 

Estoy rodeada de poemas que respiran,
de poemas con latidos,
estoy rodeada de tanta poesía
que algunos días me pongo a escribir.

¿Has visto un poema de once años
jugar en el parque?
¿Has despertado junto a un poema
que te mira, te habla y te besa?

Yo vivo en un campo de versos
y a veces, de tanta poesía, sin remedio,
me pongo a escribir, a cantar, a vivir…

#marlyncenteno
21 de febrero de 2016

Caribeñismo y Afropuertorriqueñidad al desnudo: Las guerreras de Yolanda

Por Marlyn Cruz-Centeno para El Post Antillano 

http://elpostantillano.com/pagina-0/critica-literaria/4313-marlyn-cruz-centeno.html 

[…]

En el caso de la literatura, por otro lado, esta se ha utilizado desde tiempos inmemorables para hacer denuncias. No es por tanto sorpresa, que el desnudo y la palabra se combinen como una evolución casi inevitable en las herramientas de denuncia.

En el año 2005 el libro Los documentados, de la escritora Yolanda Arroyo Pizarro, presentaba en su portada un par de pies desnudos, pies de tez negra, mostrando los dedos, tobillos y parte del inicio de las piernas que quedan cubiertas por las patas de un pantalón raído. Estos pies desnudos se convirtieron en los representantes del tema central del libro: la tragedia de los indocumentados y otras tantas vivencias en torno a su experiencia como el machismo, la insatisfacción, la falta de dirección entre los adolescentes, el consumo de drogas, el incesto, el discrimen, la hipocresía, la corrupción, la burocracia, los abortos, y los prejuicios.

En Ojos de luna, de la misma autora, publicado en el 2007, la silueta en sombras de un cuerpo desnudo se presenta en la portada. Sentado en el marco de una ventana a la luz de la luna, aparece custodiando una colección de cuentos en que se toma conciencia de ‘voces y conciencias abigarradas de: amazonas taínas, esclavas violadas, un hermafrodita zoofílico, una esposa maltratada, un niño convertido en discípulo sexual.’ “Esta mímesis que repasa el delirio de la historia desde la perspectiva de los “vencidos”, en verdad inventa subjetividades contemporáneas resultantes de un devenir minoritario políticamente motivado y replantea el espíritu de rebeldía radical que la historia suprime.” [7]

La novela Caparazones, publicada en Puerto Rico en el 2010, viste una portada en color sepia. Muestra un solo lado de un cuerpo de mujer al desnudo, el medio torso que se mira nos muestra un seno desnudo, del cual caen dos gotas blancas; se observa el ombligo, el vientre y la mano derecha que descansa sobre el muslo izquierdo se ahueca para sostener un huevo. Este seno desnudo y goteante es la antesala para un contenido de actualidad en que la autora desarrolla ‘una crítica a la política ambiental de los gobiernos actuales y encara al lector con un discurso que aboga por la igualdad de los seres humanos más allá de las preferencias sexuales.’ [8] Este libro fue luego publicado en España con una portada igual de sugerente en donde dos cuerpos de mujeres que no llevan ropa se abrazan.

En la portada del libro Las negras, publicado en el 2012, una mujer desnuda del torso hacia arriba, se cubre con las manos las orejas, y los brazos —de manera natural— cubren los pechos al aire, mientras ella mira de frente al lector, al futuro lector o a quien sea que sostiene el libro. La negra se viste tan solo de un collar, un sombrero tejido y tinta de tatuaje en el antebrazo izquierdo. La dedicatoria del libro parece decirlo todo: “A los historiadores, por habernos dejado fuera. Aquí estamos de nuevo… cuerpo presente, color vigente, declinándonos a ser invisibles…rehusándonos a ser borradas.” La autora denuncia la invisibilización de las negras en la historia. “Las negras nos transportan al mundo de la esclavitud paridora según algunos teóricos de la modernidad. […] Yolanda Arroyo Pizarro, su autora, nos sumerge en la violencia que los códigos de la época validaban mediante un derecho patriarcal. Su escritura, que es totalmente transgresora, se cuela por entre los intersticios más íntimos de lo sexual para presentar los cuerpos devaluados y atormentados. Aquí sexo y tortura van de la mano. Lo (in) justo está justificado en función del poder económico que explota los sujetos femeninos como fuente de nuevos ingresos y de placer. El derecho está codificado en función del poder que se ejerce sobre las otras no solo como trabajadoras, también como reproductoras.” [9]

[…]

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