Escena familiar, por Marlyn Cruz-Centeno

Por Marlyn Cruz- Centeno

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextuales Tercera semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextuales
Tercera semana

 

Aquí mi teoría de como llegó el juguete al cementerio….

La noche  transcurre cercana a la mañana  cuando la madre y el padre corriendo toman a sus chiquillos  y los arrastran  hasta las pequeñas  tumbas.

-Por tu culpa se quedó el guardián arriba, ahora los “diente de leche” se lo llevan.

-Claro que no, ellos no recogen cosas del cementerio.

En el exterior los primeros rayos de sol se asoman sin tocar el interior de los aposentos de los chiquillos.

-No voy a jugar contigo la próxima vez- dijo en medio de un bostezo.
-¡Silencio! –ordenó la madre sacando los colmillos  exasperada.

Los vampiritos hicieron silencio.

-No podemos seguir dejando que salgan hasta tan de madrugada. – dijo preocupado el padre. -¿No leíste “El Nuevo Vampiro”? Ayer salió una noticia de unos chiquitos chamuscados con los primeros rayos de sol.

-Descansa. Debes dejar de leer esas cosas alarmistas.- dijo la madre,  guardando los colmillos y cerrando los ojos.

Sobre la autora

Marlyn Cruz-Centeno
Marlyn Cruz-Centeno

Marlyn Cruz-Centeno es poeta y narradora. Administra este blog de escritura. Ha publicado sus trabajos creativos en el semanario Claridad, la Antología de poetas y escritoras puertorriqueñas Cachaperismos 2010 y otros espacios virtuales. Recién fundó junto a los escritores Alexis Pedraza y Julio García la plataforma De Palabras, Inc dedicada a la gestión cultural.

Convoca esta serie 4ta serie de “Intertextuales”.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Tercera semana.

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El funeral, por Miranda Merced

Por Miranda Merced

¿Cómo puede la gente estar en el cielo sin caerse?  No quiero que Papi se caiga.  Creo que se puede caer. No sé si sabe agarrarse.  Papi sabe casi todo, pero es Mami quien sabe cómo sostenerse. Ella me enseñó a sujetarme bien duro en el carrusel.  “No cierres los ojos”, porque yo los cerraba y ella no quería que los cerrara porque me mareaba.  Me sujeté bien fuerte y Mami me decía adiós y el carrusel giraba, y Papi sonreía.  ¿Por qué mi mami no deja de llorar?  La veo llorando y me da dolor de barriga.  Ella dice que él está en el cielo, que nos va a cuidar desde allí, pero sigue llorando. Yo creo que él se puede caer.

—No llores mamita, mira, le voy a hacer una cartita a Papi para que te venga a ver, yo le puedo hacer una carta, ¿tú me ayudas? como la que le hicimos a los Reyes Magos, ¿te acuerdas?  Mira, ya la empecé.

—Ahora no, Gabito. Mami no puede ahora. Ve con tus hermanitos.

—Mami, no llores. Quiero preguntarte algo.

—¡Oh, Dios mío! ¿No entiendes que no puedo ahora, Gabito? ¡Después!

—Pero Mami, es importante…

—¡Gabito! ¡Necesito que vayas con tus hermanitos! ¿No puedes hacer eso por mí? ¿No puedes hacer eso?

—Sí, pero ¿Mami?

—¡Dime!

—¿Después podemos, cuando la gente se vaya, tú y yo solitos, ir donde Papi?

—¡No, Gabito! Allá no podemos ir ¡no por ahora!

—Pero ¡tiene que ser hoy, Mamita! ¡Tiene que ser hoy!

—Tranquilízate, Gabito ¿qué sucede? ¿Por qué te portas así?

—Es que…

—¿No quieres que te oigan?  Ven, dímelo al oído.

—Es que tengo miedo que Papi no se sepa sujetar y se caiga, Mamita. Tú sí sabes sostenerte. ¿Podemos ir a enseñarle, Mamita? No quiero que se caiga.

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextuales Tercera semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextuales
Tercera semana

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Sobre la autora:

Miranda Merced

Escritora y profesora nacida en San Juan, Puerto Rico. Se graduó de Bachillerato en Artes y Educación de la Universidad de Puerto Rico y de las Maestrías en Administración Comercial y Creación Literaria.  Obtuvo el Premio Pórtico, de la Universidad del Sagrado Corazón.  Sus cuentos han obtenido premios en los siguientes certámenes literarios:

Decimosexto Certamen Literario Universidad Politécnica de Puerto Rico

Certamen de Microcuento Revista Cultural En Rojo, 2010, Puerto Rico

Tercer Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral Universidad del Sagrado  Corazón, Puerto Rico

Cuarto Certamen Literario Pepe Fuera de Borda, Argentina

La mayoría de sus temas los toma de lo fantástico y de lo extraño. Ha sido publicada en revistas y periódicos impresos y digitales en Puerto Rico y Argentina.  Es una de las escritoras de la Antología de cuentos Vivir del cuento (2009) antóloga, editora y escritora de la Antología Fantasía Circense (2011) y co-editora del libro Genéstica, de Antonino Geovanni (2011). Pertenece al Colectivo Literario Vivir del cuento, donde trabaja la segunda edición del primer libro y un segundo libro del colectivo.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Tercera semana.

El programa, de Marlyn Cruz-Centeno

Por Marlyn Cruz- Centeno

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

Despertó de golpe en la banca. Sus ojos se tropezaron con la imagen del mar que le pareció más inmenso luego de tanto tiempo de encierro. Miró sus manos, otra vez, por primera vez.  Se sorprendió de tenerlas tan arrugadas. “Así se siente ser viejo”, pensó y se quedó muy quieto tratando de recordar algo. La mente se  volvió bruma de prisa y los pensamientos se escaparon sin dejarse descifrar.

El programa era sencillo, un ciudadano modelo de la tercera edad o sus familiares llenaban la solicitud de intercambio.  Si su revisión de vida salía positiva su nombre se ingresaba en el sorteo.  Luego esperaban un poco más a tener suerte.  El gobierno encontró un alivio fiscal al vaciar las cárceles con el programa de intercambio. A pesar, de que las calles pronto estuvieron llenas de ancianos vagabundos, al gobierno le resultaba  más económico conservar el programa. Siempre es más barato pagar entierros que mantener criminales.

El día que  el preso # 356  fue condenado a intercambio con el cuerpo de Don Gerardo Rodríguez Ortiz, de 85 años de edad, ya la familia de Don Gerardo lo había condenado a muerte o al menos, al abandono.  Según el programa, la familia que  recibía el intercambio debía proveer cuidados para el criminal ahora envejecido. Pero el sistema era poco regulado y cada vez era más común que una familia al recuperar a su familiar  en un cuerpo joven se deshiciera del  anciano.

Había una oficina de querellas en que los presos en los cuerpos ancianos podían entablar quejas contra la familia que era responsable de cuidarlos. Pero como todo proceso gubernamental, era burocrático y lento. Además, en la mayoría de los casos los ahora ancianos se encontraban desorientados y no podían ni siquiera identificarse. El criminal aunque conservaba su memoria, recibía el impacto completo de todos los padecimientos de su “nuevo” cuerpo envejecido y sus condiciones de salud.

El preso # 356, a diferencia de otros, había olvidado que había sido condenado dos veces. Cada vez que abría los ojos,  el mar se le presentaba como una hermosa aparición y el salitre le llenaba los pulmones.  El cuerpo viejo de Don Gerardo se quedó quieto sobre la banca. Mientras, la mente del prisionero # 356 se volvía bruma de prisa y los pensamientos se le volvían a escapar sin dejarse descifrar.

Sobre la autora

Marlyn Cruz-Centeno
Marlyn Cruz-Centeno

Marlyn Cruz-Centeno es poeta y narradora. Administra este blog de escritura. Ha publicado sus trabajos creativos en el semanario Claridad, la Antología de poetas y escritoras puertorriqueñas Cachaperismos 2010 y otros espacios virtuales. Recién fundó junto a los escritores Alexis Pedraza y Julio García la plataforma De Palabras, Inc dedicada a la gestión cultural.

Convoca esta serie 4ta serie de “Intertextuales”.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.

Paciencia, de Anuchka Ramos

A mi papá

 

Paciencia

Por Anuchka Ramos Ruiz

            Paco odia las luces rojas de los semáforos. El acto de detenerse es mortal para quien huye a las pausas por temor a romperse. Paco no sabe ir despacio ni dejar las manos quietas. A duras penas inhala y exhala.  Paco no separa las letras cuando escribe, no usa comas ni puntos finales. No tuvo tiempo para aprender gramática. A los ocho años vendía El Imparcial en las mañanas, en las tardes rellenaba baldes con agua de ríos que ya no mojan, los fines de semana bajaba al pueblo para vender botellas rescatadas del prostíbulo de María Chicho. A Paco no le gustan las pausas. No las entiende. Detesta las vacaciones. Ese vicio de gastar miles en pasajes a un mundo con ratones mágicos le resulta asqueroso. Paco cierra los puños cuando escucha a sus nietos decir que están aburridos mientras expurgan el plato de arroz con habichuelas y exigen papas de plástico y pollos sintéticos en forma de dinosaurios.

            Lleva 73 años en piloto automático. Amanece a las cuatro, desayuna café negro a las ocho cuando ya ha entregado la mercancía a cinco clientes y tres lo hicieron esperar y le dijeron ‹‹Mala mía, se me pegó la sábana››. A él no se le pega nada. Un genio maldito siempre le invierte los números en la lotería. Paco está cansado. Es un espécimen en peligro de extinción. El último hombre en la tierra que llora cuando escucha el ‹‹Lamento borincano››. Aunque una vez lloró cuando su nieta le preguntó de cuál árbol salían los pasteles.

            Paco odia las luces rojas de los semáforos. Será por eso que le tocan todas. Esa noche esperaba para cruzar la Ponce de León. Sus dedos bailaban foxtrot en el guía cuando centenares de cíclopes brillantes se acercaron por su derecha. El semáforo se vistió de verde. Paco presionó la puntita de sus dedos en el acelerador. Inútil arrancar. Avispas brillantes con cascos y ropa elástica cruzaban sin detenerse. ‹‹Viejo, respeta la libertad del ciclista. Ten paciencia››, le gritó uno.

            Los ojos de Paco siguieron a los cíclopes hasta que desaparecieron en la oscuridad de postes eléctricos fundidos. El semáforo se desangraba otra vez. Sus dedos estrangulaban al guía, ¿o lo abrazaban? Paco cerró los ojos como un niño frustrado por los ejercicios de matemática. Recordaba el rostro arrugado de su padre aquella tarde frente a la playa. Sentado con las manos en la cintura mientras esperaba la misericordia de algún bañista. Tímido no se atrevía a pedir un centavo. Paco que lo veía todo grande desde su mediana perspectiva gritó desesperado: ‹‹Señora, ¿tienes cambio? Señor, ¿me ayuda? Se nos rompió la bicicleta. ¡Ayuda, por favor!››.

            Su padre lo mandó a callar. ‹‹Ten paciencia››, le dijo. Nadie los ayudó. Caminaron silenciosamente de la costa al monte con la bicicleta en las espaldas. Pacientemente. Pies encarnizados. El crescendo de sudores aplacaba la sed. Había que cruzar el pueblo para llegar al río. El progreso del país se traducía en ventanas cerradas, vecinos desconfiados. Pacientemente. Paco había conocido el mar. Pacientemente. Regresaron a la casa con la miseria encapsulada en un triste caracol que Paco llevaba en el bolsillo. Caracol que ahora colgaba del cristal retrovisor por donde Paco miraba avergonzado al conductor que le avisaba iracundo que la luz había cambiado, que tenía que moverse.

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

 

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Sobre la autora: 

Anuchka Ramos Ruiz (1989). Escritora, periodista y bloguera. Es autora del libro Secretos contados al viento (2007), una recopilación de monólogos. Ha colaborado como periodista en publicaciones nacionales e internacionales, como: Revista Balance, Agrochic, Universia Puerto Rico, El Vocero, El Nuevo Día, Arouse, entre otros. Posee una máster en Edición y estudio de textos españoles y latinoamericanos de la Universidad de Santiago de Compostela, España. Actualmente trabaja como investigadora literaria con énfasis en los últimos cuentos de Julio Cortázar, edita contenido para OSFL y prepara su próximo texto de escritura creativa. Pueden leerla en su blog http://www.anuramos.blogspot.com.

pd: Y a quien pueda interesar, le gusta que le regalen libros usados, le acompañen durante la hora del café y la del vino tinto. No se peina.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.

 

Maraña, de Miranda Merced

Por Miranda Merced

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

Se enreda el hilo entre la arena y las astillas de madera desprendidas con la erosión, como se enredan los pensamientos con los recuerdos pulverizados por los años, no fue siempre así, hubo un tiempo en que los dedos estaban ágiles y lanzar una línea al agua era tan sencillo como levantar la mano para saludar, y mi Sara se reía de mis ocurrencias, me acariciaba la mejilla con sus pestañas largas cuando yo la abrazaba, y entornaba los ojos cada vez que la besaba, me da vergüenza, con aquella risita nerviosa y su piel erizada, me hacía sentir como un toro aquella fragilidad aparente, porque en realidad no era frágil, la vi parir cinco hijos, todos sin anestesia ni otra ayuda que mis dedos apretados con fuerza por su mano, ni un grito, ni una maldición en la desesperación del dolor, y tomar la criatura, con la delicadeza de una diosa, para llevarla a aquel pecho grueso, lleno del rocío blanco del cielo, rebosante, en espera de la boquita tierna que le brindaría alivio a su inflamación, nunca vi un pecho más lleno de tanto amor que el de Sara amamantando a mis hijos ni una mirada más agradecida que la suya al acariciar el cabello de su cría, crespo o lacio, dependiendo de cuál de los cinco fuera, y sus palabras tiernas calmando mi desespero en los momentos de carestía, cuando ni la pesca alcanzaba para comprar la leche, y entonces ella se iba por el vecindario a buscar la chamba, a ver si alguien necesitaba ayuda para lavar la ropa, o limpiar la casa, o planchar su ropa, con un bebé en la grupa, nene o nena, dependiendo de cuál fuera (y comenzaron a enredarse mis pensamientos) y Sara cruzaba la calle con los cinco, uno en cada brazo y los otros agarrados de manitas, esperando con calma para cruzar, y el carro que se le atraviesa al camión, y el camión que pierde el control, da tumbos  a un lado y al otro, y Sara se aprieta contra los niños, contra los cinco niños, y ahora este cordel que se enreda y no logro conseguir la punta para poder atar el anzuelo y así poder saber dónde está Sara, y los niños, los cinco niños…

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Sobre la autora:

Miranda Merced

Escritora y profesora nacida en San Juan, Puerto Rico. Se graduó de Bachillerato en Artes y Educación de la Universidad de Puerto Rico y de las Maestrías en Administración Comercial y Creación Literaria.  Obtuvo el Premio Pórtico, de la Universidad del Sagrado Corazón.  Sus cuentos han obtenido premios en los siguientes certámenes literarios:

Decimosexto Certamen Literario Universidad Politécnica de Puerto Rico

Certamen de Microcuento Revista Cultural En Rojo, 2010, Puerto Rico

Tercer Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral Universidad del Sagrado  Corazón, Puerto Rico

Cuarto Certamen Literario Pepe Fuera de Borda, Argentina

La mayoría de sus temas los toma de lo fantástico y de lo extraño. Ha sido publicada en revistas y periódicos impresos y digitales en Puerto Rico y Argentina.  Es una de las escritoras de la Antología de cuentos Vivir del cuento (2009) antóloga, editora y escritora de la Antología Fantasía Circense (2011) y co-editora del libro Genéstica, de Antonino Geovanni (2011). Pertenece al Colectivo Literario Vivir del cuento, donde trabaja la segunda edición del primer libro y un segundo libro del colectivo.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.

La Casa de las Flores, de Marlyn Cruz-Centeno

Por Marlyn Cruz- Centeno

En el pueblo le dicen “la casa de las flores”. Los árboles forman un túnel desde el cual da la impresión que alguien te observa. Sin embargo, al llegar al claro, la casa está rodeada de un jardín que pareciera cantar. Todo lo que allí se siembra florece.

***

Un pequeño cuerpo veloz y una cabecita llena de rizos corre de la terraza hacia dentro pasando muy cerquita de doña Azucena. Doña Azucena sale con sus pasos lentos hasta la terraza. Se seca las manos húmedas del fregado en la falda floreada y las coloca en su cintura. Después de  asegurarse que la chiquita se ha perdido en algún cuarto le habla muy seria al sillón de mecer que está  vacío: <<Deja de estar asustando a la nena. >>

****

La denuncia informal la hizo Dolores unas semanas después que Gaspar no llegara más a verla. Dolores pensó al principio que la había dejado plantada. Fue a confrontarlo  al trabajo y no lo encontró. En la noche esperó a que llegara al bar y tampoco apareció. Pasaron días y ni seña de Gaspar. Entonces, se asustó y pensó que le había pasado algo. Fue directo a la casa del oficial Ramos. A Ramos no le sentó bien que Dolores lo molestara para que le investigara donde estaba el amante, pero era cierto que el hombre no había vuelto al trabajo ni se le había visto más en el pueblo. Así que fue con muy pocas ganas a la casa de Azucena a investigar que todo estuviera en orden.

La patrulla patinó en un lodazal justo antes de salir del claro. “Extraño” pensó Ramos que  vivía en el pueblo para no tener que bregar con los humores del campo en que se formaban lodazales sin lluvia. Al llegar salió de la patrulla y se quedó recostado de la puerta del vehículo. En la terraza la joven Azucena con el vientre abultado se levantaba de la mecedora y se acercaba a la baranda.

<< Susie, buenos días. Pasaba a ver si todo estaba bien por acá y a ver si Gaspar estaba por acá. >>

<<Pues las cosas están como pueden estar. Aquí ese no está, el agarró las cosas y se fue hace unas semanas. Búscalo en casa de Dolores. Allá debe estar de la luna de miel.>>

<<Dolores no lo ha visto, dice que teme que le haya pasado algo malo acá arriba.>>

<<¿Qué le va a pasar acá? Si a un hombre casa’o no le pasa ná malo cuando se desaparece de su casa. Le debe pasar menos si no llega donde la corteja. ¿Tú ves esta barriga que cargo?  >>

Ramos no supo que decir, ni preguntó nada más. Se subió a la patrulla y regresó al pueblo. Le dijo a Dolores que al fin y al cabo Gaspar no estaba allá donde Azucena y que parecía que no volvía porque se llevó sus cosas. Dolores se volvió a su casa  aliviada. No hay mayor humillación para una amante que la planten para quedarse con la esposa. Nadie abrió una querella, era normal que los hombres fueran y vinieran en ese pueblo.

****

Rosa llegó con la canasta vacía. Las flores se vendían bien en el pueblo donde casi nada florecía y dependían casi exclusivamente de ella para llenar las flores de cualquier evento, bodas, funerales, enamorados.

<<Mamá, ¿en qué  piensas?>> preguntó, plantándole un beso en la frente a doña Azucena.

<<Tu padre se la ha pasado asustando a Lily.>>

<<A ti que se te ocurrió hacer un sillón de mecer -dijo divertida- Pablo, por lo menos, no puede asustar a nadie.>>

<<Acuérdate que cuando llegó el momento yo estuve sola y en cambio tú me tenías a mí. >>

<<Eso sí es verdad, mama, tú sabes que estoy jugando>> le dijo Rosi con afecto.

****

<<Me voy pa’l carajo, eso es lo único que te digo .>> Dijo Gaspar dándole un empujón a Azucena.

Azucena se levantó y fue a la cocina. Recogió el libro y un cuchillo. Corrió por el camino de los árboles. Se detuvo ante el más grande y empezó a leer.

<<Que no lo dejen salir, les suplico, que nada bueno hará este hombre en el mundo aparte del bien que llevo en el vientre. Seré guarda de su espíritu para que no dañe a otra mujer. Seré guarda de los árboles de este camino. Les ofrendo mi vida al servicio del jardín y de sus flores.  Aliméntense del hombre y les daré flores. >> Acto seguido clavó el cuchillo  en el árbol hasta que brotó salvia y la salvia siguió manando del árbol como un río.

El viejo carro no encendió cuando Gaspar intentó arrancar. Gaspar agarró la maleta y decidió caminar. La discusión con Azucena le había provocado una erección y tenía ganas de desahogarla con Dolores. “Otra pendeja más”-  pensó y se sonrió. “A ver si esa me pare un macho”.

Imagen 1 Intertextuales Serie 4 Fotografía: Zayra Taranto
Imagen 1
Intertextuales Serie 4
Fotografía: Zayra Taranto

Gaspar entró al sendero de los árboles y pisó lo que pensó era un charco. Le estuvo raro porque no había llovido, pero en aquella oscuridad no se veía bien. Dio otro paso y sintió la tierra blanda. Debajo de los pies sintió que algo se movía, las raíces del árbol le agarraron los tobillos y le halaron fuerte hacia adentro.  Todo fue rápido.

Azucena volvió al túnel en la mañana del día siguiente escogió uno de los árboles y luego de reverenciarlo, obtuvo la madera necesaria para construir el sillón de mecer. Descubrió que conocía como trabajar la madera como conocía la tierra y la lluvia, por instinto.

***

Rosa fue distinta porque supo las cosas sin que nadie se las contara, sin leer siquiera del libro. Tenía revelaciones desde muy chica. A los 10 años le dijo a la Azucena: <<Me gusta que papá esté aquí, pero me gustaría más si dejara de mecerse por las noches. No deja dormir.>> Antes de que Pablo apareciera por “la casa de las flores” pidiendo trabajo, ya Rosa le había pedido a Azucena que le ayudara a hacer el diseño para construir una mesa. Una vez Pablo llegó no tuvo oportunidad. La Rosa lo envolvió en su aroma y en menos de un mes ya se había impregnado con su semilla. A la primera ausencia de sangre mensual Rosa salió al camino de los árboles. Ni siquiera se llevó el libro. Ya había  soñado con la llegada de su Lily.

Trabajó la madera con menos habilidad que Azucena, pero cuando  la mesa estuvo lista miró a su madre con orgullo y dijo:

<<Mamá este no se va a mover de ahí. >>

Sobre la autora

Marlyn Cruz-Centeno
Marlyn Cruz-Centeno

Marlyn Cruz-Centeno es poeta y narradora. Administra este blog de escritura. Ha publicado sus trabajos creativos en el semanario Claridad, la Antología de poetas y escritoras puertorriqueñas Cachaperismos 2010 y otros espacios virtuales. Recién fundó junto a los escritores Alexis Pedraza y Julio García la plataforma De Palabras, Inc dedicada a la gestión cultural.

Convoca esta serie 4ta serie de “Intertextuales”.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Primera semana.

Anarú, de Miranda Merced

Por Miranda Merced

Me enamoré de la vieja casona, tan pronto vi las fotos que el vendedor me mostró en la oficina. No podía creer el precio que me ofrecían y me apresuré a pagar un depósito no reembolsable, aún antes de visitarla. Fui a conocerla solo, y así me quedé, tras atender la historia contada por la esposa del hombre que reparaba el portón de entrada. Escéptico desde niño, acepté escuchar el cuento de la mujer; un poco por aburrimiento y otro poco por mera cortesía.

No se sabe con exactitud la fecha, pero sí que era otoño. El calor cedía su azote despiadado, dejando atrás esa humedad eterna que alimenta el musgo en las raíces expuestas.  La solitaria casa se medio asomaba a través de la arboleda. Parecía querer invitar a alguien más, que el médico o el sacerdote que al principio la frecuentaban, pero que dejaron de llegar desde hacía mucho tiempo. Ningún vecino se aventuró a cruzar la alambrada desde la desaparición de Jerónimo, el hijo del capataz. Ninguno de los pocos obreros que quedaban en la hacienda salía a la intemperie tras la puesta del sol. Si algún mandado llegaba, se recibía por el portón trasero de la casa, el que daba acceso directo a la cocina y al dormitorio del servicio. No se recibían visitas.

Para entonces, Anarú tendría unos dieciséis años y sus formas se podían adivinar a través de una vestimenta de amplios faldones, como de chiquilla. La belleza se convirtió en su maldición, según repitiera una y otra vez Don Gonzalo, su padre, dueño de la hacienda y último en conocer la turbulenta pasión que se adueñaba del pecho de los dos jóvenes. Cuentan, y no se sabe de seguro su certeza, que cada atardecer Jerónimo salía a hurtadillas de la casucha del servicio, cruzaba los jardines y se escondía entre los arbustos en espera del talar de la noche.  Aseguran también que la niña acostumbraba a reposar la cena, sentada en la mecedora que miraba al río, cuando no había nada más que ver que el sol mientras escapaba al otro lado del planeta.  La servidumbre escuchaba el chirriar de la madera del suelo, cada vez que el sillón, cual péndulo del tiempo, se mecía. No se explicaban el porqué, pero aquel sonido les erizaba la piel desde el principio, y sus miradas se encontraban y escondían en concierto, sin que mediara palabra. Hay quien dice que les asustaba el chillar de los gatos en celo, justo después que se detenía el sonido de la mecedora. No hay un alma que lo jure, pero murmuraban cosas acerca del vientre de la niña y cómo día a día, sus vestidos parecían ajustarse demasiado sobre su pecho. Muchos hablaban, con terror, de los cambios de humor del padre de Anarú quien, como ánima en pena, se movía atormentado por las noches, azotando con el machete las paredes de la casa, rompiendo y lanzando contra el suelo todo lo que encontrara a su paso. Hasta la noche en que salió a cazar los gatos, que con sus quejidos espantaban los únicos momentos de sueño que lograba conseguir.

Ya después no se supo de Jerónimo. El capataz se limitaba a bajar la cabeza cuando le preguntaban por su hijo y a morder sus propios labios en silencio, tratando de impedir que le llovieran los ojos.

Ni Don Gonzalo ni el sacerdote pudieron, no hubo quien lograra despegar a la niña de su punto de vigía, en el balcón de la casa. Anarú continuó, meciendo su espera en el sillón de madera, sin probar alimento desde la misma noche en que los gatos dejaron de maullar su amor, detrás de los arbustos. 

Las criadas se cansaban de limpiar los desechos que la joven dejaba escapar sin inmutarse, y fueron abandonando la hacienda una a una sin dar explicaciones. Las que se quedaron en la casa, fuera por fidelidad, fuera por necesidad, juran que se escuchaba el balancear de la mecedora contra el suelo de madera, días después de que encontraron a la niña sin vida en el balcón.

Una vez muerta su razón de vivir, Don Gonzalo cayó en cama sin poder levantarse nunca más, hasta una noche en que ya cesó de respirar.

Con los ojos húmedos y la mirada perdida me contó la mujer, hija de una de las criadas a cargo, que todas salieron dando gritos al escuchar cuando la mecedora se detuvo, tras los espeluznantes chillidos de los gatos en la maleza.

El esposo terminó su trabajo. Saludó con un leve movimiento de cabeza, tomó sus herramientas y la mano de su esposa, y caminó hacia su auto en silencio.

Dudé un poco al entrar a la casa. No era realmente miedo lo que sentía, pero un sonido extraño, desde el balcón, llamó mi atención. Un rítmico chirriar de la madera. Como si una mecedora se moviera con la brisa.

Imagen 1 Intertextuales Serie 4 Fotografía: Zayra Taranto
Imagen 1
Intertextuales Serie 4
Fotografía: Zayra Taranto

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Sobre la autora:

 

 

 

 

 

Miranda Merced

Escritora y profesora nacida en San Juan, Puerto Rico. Se graduó de Bachillerato en Artes y Educación de la Universidad de Puerto Rico y de las Maestrías en Administración Comercial y Creación Literaria.  Obtuvo el Premio Pórtico, de la Universidad del Sagrado Corazón.  Sus cuentos han obtenido premios en los siguientes certámenes literarios:

Decimosexto Certamen Literario Universidad Politécnica de Puerto Rico

Certamen de Microcuento Revista Cultural En Rojo, 2010, Puerto Rico

Tercer Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral Universidad del Sagrado  Corazón, Puerto Rico

Cuarto Certamen Literario Pepe Fuera de Borda, Argentina

La mayoría de sus temas los toma de lo fantástico y de lo extraño. Ha sido publicada en revistas y periódicos impresos y digitales en Puerto Rico y Argentina.  Es una de las escritoras de la Antología de cuentos Vivir del cuento (2009) antóloga, editora y escritora de la Antología Fantasía Circense (2011) y co-editora del libro Genéstica, de Antonino Geovanni (2011). Pertenece al Colectivo Literario Vivir del cuento, donde trabaja la segunda edición del primer libro y un segundo libro del colectivo.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Primera semana.

Lynette Mabel Pérez para la serie: Intertextuales por invitación (Convocatoria abierta -tres propuestas)

Lynette Mabel Pérez nos regala tres propuestas creativas: I-Kid, Carnívora y Muñeca de trapo para cerrar su ciclo de escritos para la serie: Intertextuales por invitación.

Colaboración para el tema: La changuería.

I-Kid, de Lynette Mabel Pérez
Los niños de hoy maman ritalín
son adictos al “marketing”
tienen un control remoto integrado
– léase videojuego de moda-
los bebés ya no lloran
nacen vacunados
contra la sensibilidad.

Vivimos en la era de la changuería,
estudiamos para conseguir
post-grado en capricho
máster en Prozac y psicotrópicos.

Los niños de hoy vienen en serie
– con sus debidas excepciones-
se saben cuidar muy bien
solos
el futuro no es un misterio
(para ellos)
lo conocen desde antes de nacer
algunos son duros,
otros caprichosos
hasta decir basta
y todos pertenecen
a una misma tribu.

Cuidado con los niños,
toque de queda,
peligro
no natural
-artificial-
creado
por nosotros.
Bauticemos
al nuevo niño:
niño-X-Box,
niño Gameboy,
no play yard,
niña-mercancía
vendiéndose por unos cuantos pesos
en el Japón,
niño-nómada
surfeando sobre los trenes
en el Brasil,
niño sin fe,
niño-circuito.

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Colaboración para el tema: Evocar desde el gusto
Carnívora, de Lynette Mabel Pérez

Me gusta mucho tu carne.
Introduzco grandes pedazos de ella en mi boca.
Succiono con placer cada pliegue de tu glande.
No hay que ser muy inteligente para ello.
Hay que ser animal.
Tener instinto minimalista.
Olvidar el eterno ondular entre carne y espíritu.
Vivir para lamer tu carne.
Morder el espíritu hasta hacerlo desaparecer.
Pintar en tus ojos esa mirada.
La que dice: tormenta.
Montar la bestia hasta que pida descanso.
Soy carnívora.
Me lo dice cada neurona de mi cerebro.
Bueno, eso cuando pienso.
Carne mía, no te preocupes por nada.
Ya te enseñare yo a ser intensamente carnívora

 

 

Colaboración para el tema: Cosas encontradas en los bolsillos

MUÑECA DE TRAPO

a mi abuela, que descanse en paz.

Siempre guardamos algo: una moneda que ya no sirve al cambio, un pañuelo de nuestra madre o una canica con la que jugábamos de niños. Yo guardo la foto de mi abuela en el bolsillo. Una india hermosa de piel de bronce y trenzas apretadas. Ojalá ella hubiese tenido un recuerdo que guardar, pero con sólo trece años abandonó todo. A esa edad había algo que deseaba más que cualquier cosa en el mundo, una muñeca sonrosada de lindas mejillas, igual a la de su hermanastra. Por eso le pidió a su padre que le comprara esa muñeca. Una semana después tuvo entre sus manos una muñeca marrón de ojitos mustios, una muñeca usada. Aquella misma tarde se fue de la casa, y dejó su muñeca colgando del balcón. Suelo pensar que esa muñeca sigue allí, colgada del balcón, en espera. Deseando ser esa moneda que no sirve al cambio, pero que aún así guardamos.

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Querida Lynette:

Ha sido un placer contar con tus letras a través de la serie.

Un abrazo enorme,

Marlyn Cruz Centeno

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Sobre la autora:

Nació en Mayagüez, Puerto Rico, en el año 1976, pero se crió en el pueblo de Moca. Obtuvo su bachillerato en Educación Secundaria con una concentración en español de la Universidad Interamericana, Recinto de Aguadilla y su Maestría en Artes del lenguaje, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico y una sub-especialidad en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Pertenece a REMES. Ha sido premiada en los certámenes de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, el Certamen Nacional José Gautier Benítez y el Certamen de Cuento Corto de la Latin Heritage Foundation. Es miembro de la junta del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico. Ha publicado en las revistas literarias Zurde, Paxtiche, Cinosargo, Delirium Tremens, Palabras Diversas, Traspatio, Absenta, En la Orilla y Monolito. Fue incluida en las antologías Reflexiones literarias: De la creación al estudio (2005), Piernas Cruzadas (2010), Ejército de Rosas (2011) y Plomos (2012). Ha publicado el libro Imaginería (2010) y Fantasía Circense: antología de literatura contemporánea junto a Miranda Merced (2011). Ha sido poeta invitada en tres ocasiones al Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico y en dos ocasiones al Festival de la Palabra de Puerto Rico-New York. Trabaja su blog “Los rostros de Jano” (http://rostrosdejano.blogspot.com///).

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Miranda Merced-Invitada Especial para Intertextuales por Invitación

La partícula

Al llegar al monasterio, la Hermana Luisa se fijó en el pobre barbudo sentado en la banqueta que enfrentaba la abadía. No pudo evitar un gesto de asco, provocado por el hedor que se adueñaba de la atmósfera. La visión molestaba por su disonancia. De un lado de la calle, la majestuosa tapia del blanco más puro, asegurada con la antigua puerta de roble tallado, dominaba toda una cuadra. Hasta la pétrea acera relucía de limpio.  Del otro lado de la calle, muy cerca de un oscuro callejón, el hombre de edad indefinida y vestido de harapos, espantaba sin mucho apuro las moscas que se posaban en los envases con restos de comida, en sus pies llagosos, en su boca, en el cuchillo que mondaba la naranja.  Fueron tantas las interrogantes que se aglutinaron en la mente de la Hermana, que solo pudo sacudir la cabeza de un lado a otro, sin decir palabra.

La nueva religiosa no tuvo problemas en adaptarse a la rígida rutina del convento. Disfrutaba tanto de la lectura, que se sumergía en los libros hasta perder todo contacto con el mundo de la materia. Le daba lo mismo si lo hacía en la voluminosa biblioteca que hacía famoso al antiguo edificio, o en la reducida celda que le servía de aposento. Leía de todo: religión, historia, astronomía, física. Uno de esos libros inició su obsesión. Buscó en muchos otros toda la información disponible sobre el asunto. Consiguió permiso para utilizar la única computadora del convento, celosamente custodiada por la Hermana Superiora. Cada dato que encontraba solo servía de alimento al fuego generado en sus entrañas por aquella duda que podría parecer superflua a las demás novicias. ¿Dónde estaba esa partícula? ¿Se trataba realmente de un concepto de la física o era algo más profundo e intangible y por eso era tan fuertemente criticado por la religión?

Su sed de conocimiento se convirtió en una obsesión. No deseaba perder tiempo en otras cosas. No podía concentrarse en los rezos, realizaba sus tareas de limpieza concentrada en lo que había leído, hasta el hambre le resultaba ajena. Cuando no pudo esconder más la comida, se le ocurrió una forma de disponer de ella. Así fue que, diariamente, cruzaba la calle frente a la abadía para ofrecer parte de sus alimentos al sucio vagabundo que la esperaba desde el primer día. Las otras religiosas la miraban embelesadas. No estaban acostumbradas a tan extraño comportamiento: la Hermana Luisa no hablaba. Cuando no estaba en meditación, leía o trabajaba, y renunciaba a sus alimentos para donarlos a aquel muerto de hambre, que besaba las frágiles manos en agradecimiento. La escena era un extasío propio de la beatitud. Estaban convencidas de que se encontraban frente a una santa.

La madre superiora la observaba preocupada. Por excepcional que pareciera a los otros miembros de la congregación, no era la primera vez que se encontraba ante un ser así de virtuoso. Sabía del Padre Eduardo y años más tardes acerca de la anterior abadesa, pero estos seres estaban muy adelantados en la vida espiritual, era la primera vez que observaba un comportamiento así de piadoso en una novicia. No pudo evitar que asomara en su cerebro la angustia incisiva de la envidia, y tal vez la amenaza de ser sustituida por la devota. Resolvió prohibir sus incursiones en la computadora mientras estudiaba con más detenimiento tan peculiar asunto. La restricción resultó ser devastadora. La desesperación se adueñó de la joven religiosa, quien se sintió prisionera por primera vez en su vida. Llegar al núcleo de la verdad era su meta. Encontrar el significado de esa partícula, tan esquiva para la ciencia y extrañamente amenazadora para la religión, resultó ser lo único importante en su existencia.

Una noche, mientras la comunidad se congregaba para la misa de Resurrección, la Hermana Luisa se escurrió por los pasillos hacia las puertas talladas que daban a la calle. Llevaba, entre los pliegues del hábito, la ración completa de su cena. A diferencia de los demás días, el vagabundo se levantó de su puesto, sin esperar la comida. Algo extrañada, ella le extendió el plato. El hombre sujetó con fuerza la mano de la joven a la vez que murmuraba, ronco, en su oído: Yo sé dónde encontrarla.  Ni el agarre áspero de la callosa mano, ni la fetidez de aquella boca desdentada, causaron tan terrible impresión sobre la joven, como aquellas palabras sin aparente significado. ¿Dónde encontrar qué? Se preguntaba, aunque en el fondo conocía la respuesta. El escalofrío se apoderó del cuerpo de la novicia. Estuvo a punto de caer por el golpetazo de sangre que dio su corazón. Tragó grueso antes de preguntar: ¿Dónde? ¿Cómo puede usted saber? El hombre llevó su mano libre hasta el virginal pecho de su bienhechora: Aquí. Una fiera batalla de temores se desató en la mente de la mujer, el saber, el no saber, la fe o la ausencia de ella, la integridad del alma, la del cuerpo, las mismas contradicciones la confundieron y cedió a los requerimientos del hombre, quien la llevó hasta el oscuro pasillo cerca de la esquina.

¿Cuán importante es ese conocimiento para ti? Preguntó la voz cavernosa. Totalmente, fue la contestación. El hombre murmuraba mientras sacaba el reluciente cuchillo del bolsillo engrasado: Lo mismo que para la abadesa, antes que tú (desgarraba la túnica de la religiosa) y para el padrecito Eduardo, antes que ella, (perforaba la piel del pecho)  y para todos los demás que les precedieron (con un movimiento circular del cuchillo, separaba los huesos que protegían al corazón).  No había dolor en el rostro de la delicada muchacha, una mirada de asombro parecía escindir un cielo oculto por la noche.  Sus ojos, terriblemente abiertos, parecían haber encontrado una respuesta. El hombre acercó su boca a la de la ella, que arrebatada en místico arrobamiento no opuso resistencia. Cuando la punta del acero interrumpió los latidos de la niña, una leve nubecilla, un imperceptible vapor cruzó de una boca a la otra.  Después de aspirarlo con placer, el hombre sentenció:

Ahora sabes qué sostiene la materia… Solo la verdad, os hará libres…

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Sobre la autora:

Miranda Merced

Escritora y profesora nacida en San Juan, Puerto Rico. Se graduó de Bachillerato en Artes y Educación de la Universidad de Puerto Rico y de las Maestrías en Administración Comercial y Creación Literaria.  Obtuvo el Premio Pórtico, de la Universidad del Sagrado Corazón.  Sus cuentos han obtenido premios en los siguientes certámenes literarios:

Decimosexto Certamen Literario Universidad Politécnica de Puerto Rico

Certamen de Microcuento Revista Cultural En Rojo, 2010, Puerto Rico

Tercer Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral Universidad del Sagrado  Corazón, Puerto Rico

Cuarto Certamen Literario Pepe Fuera de Borda, Argentina

La mayoría de sus temas los toma de lo fantástico y de lo extraño. Ha sido publicada en revistas y periódicos impresos y digitales en Puerto Rico y Argentina.  Es una de las escritoras de la Antología de cuentos Vivir del cuento (2009) antóloga, editora y escritora de la Antología Fantasía Circense (2011) y co-editora del libro Genéstica, de Antonino Geovanni (2011). Pertenece al Colectivo Literario Vivir del cuento, donde trabaja la segunda edición del primer libro y un segundo libro del colectivo.

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Nota:  Agradezco muchísimo a Miranda Merced por haber aceptado mi invitación para colaborar en este periodo de cierre de la serie: “Intertextuales por invitación”.

En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”, en su última semana. Un grupo de escritores invitados se reúne a crear. Un tema semanal escogido por cada invitado impondrá el marco para escribir durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto, en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, puede enviar su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Lynette Mabel Pérez para el tema: La partícula de dios o Higgs boson (Convocatoria)

él

… antes no existían

preguntas

dudas

incertidumbres

todo

estaba

calculado

mis manos sujetan

algo

una inagotable esencia

un vapor extraño

que atrae al mismísimo

polvo

a las nebulosas frías

a las enanas blancas

a los astros tibios

a las gigantes rojas
el caos nació en sus ojos

partículas subatómicas

entes proteicos

colapsan

abrazan su límite

si existe

besos satelitales
rastros de fuegos
la cópula

el universo

él

trato de asimilarlo

asirme

giro

fluidos

partículas

Dios.

 

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Esta colaboración ser recibe a través de la convocatoria abierta. ¡Enhorabuena!

Sobre la autora:

Nació en Mayagüez, Puerto Rico, en el año 1976, pero se crió en el pueblo de Moca. Obtuvo su bachillerato en Educación Secundaria con una concentración en español de la Universidad Interamericana, Recinto de Aguadilla y su Maestría en Artes del lenguaje, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico y una sub-especialidad en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Pertenece a REMES. Ha sido premiada en los certámenes de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, el Certamen Nacional José Gautier Benítez y el Certamen de Cuento Corto de la Latin Heritage Foundation. Es miembro de la junta del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico. Ha publicado en las revistas literarias Zurde, Paxtiche, Cinosargo, Delirium Tremens, Palabras Diversas, Traspatio, Absenta, En la Orilla y Monolito. Fue incluida en las antologías Reflexiones literarias: De la creación al estudio (2005), Piernas Cruzadas (2010), Ejército de Rosas (2011) y Plomos (2012). Ha publicado el libro Imaginería (2010) y Fantasía Circense: antología de literatura contemporánea junto a Miranda Merced (2011). Ha sido poeta invitada en tres ocasiones al Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico y en dos ocasiones al Festival de la Palabra de Puerto Rico-New York. Trabaja su blog “Los rostros de Jano” (http://rostrosdejano.blogspot.com///).

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno