Un caballo de alas amarillas, por Amárilis Pagán Jiménez

 Por Amárilis Pagán Jiménez

Está agotada.  Los días son lentos y calurosos.  Se mueve por ellos como en un sueño y a veces se desorienta.  Si tiene suerte, logra jugar un rato.  Se entretiene con las hojas secas de los árboles, abre la boca para recibir las lluvias pasajeras del verano y trata de encontrar el sabor de las nubes.  El cielo es intensamente azul entre nube y nube.  Piensa en un caballo con alas amarillas y desearía ver uno atravesando el cielo.  Cabalgaría en él.  De momento se distrae con un recuerdo fugaz.  Recuerda ese mismo caballo volando en un cielo rojo, anclado en un móvil de lunas, gatos amarillos y señoras que tratan de cerrar ventanas imposibles.  Su habitación tenía ese móvil justo en el centro.  Conjura la felicidad, decía su madre.  Un hilo rojo brillante lo unía al techo.

 Mira de nuevo a su alrededor.  El calor la asfixia.  El agua que dejó la lluvia sobre la tierra y el cemento se convierte en un vapor pegajoso.  Siente como si respirara agua y se desespera un poco.  Ya quiere irse.  No hay otras niñas para jugar y su mamá no ha vuelto por ella.  Se sabe sola en medio de este campo.

 Se acomoda a la sombra de lo que parece un banco de cemento.  Siente sueño y, sin querer, se adormila.  Sus manitas están puestas bajo sus mejillas para no sentir las piedras del piso.  Sueña.  Y de momento sale bruscamente de su sueño.  Siente como la levantan en vilo y un punto de terror en el fondo de su conciencia le advierte que algo no anda bien. Decide hacerse la dormida y relaja su cuerpo.  Sabe que ha vivido esto antes.

 Unas manos grandes le quitan su trajecito.  Tocan sus pequeños pechos de niña.  Se estremece con el aliento caliente que siente acercarse a ellos.  Aprieta los ojos y los labios para no gritar.  Está quieta sobre la butaca de vinil en la cual la acostaron.  Siente cómo le suda la espalda y cómo se resbala cuando una mano le abre las piernas y esa cosa de su hermano se le mete justo en medio de su cuerpo.  Resbala con cada embestida.  Siente el ruido del vinil al rozar su piel.  Deja sus piernitas quietas, sueltas.  Todo le duele.  Todo.  Su mamá nunca está cerca en estos momentos.  Piensa en el móvil de su cuarto y quiere un caballo blanco con alas amarillas.  Ya sabe lo que viene.  Las manos de su hermano la tienen agarrada por las caderas.  Una embestida más fuerte, un resoplido y termina.

 No abre los ojos.  Huele a sangre.  Ahora la carga a la bañera.  Agua.  Le teme al agua cuando se le mete por la nariz.  Esta vez su hermano la deja sola y se va a limpiar la butaca.  El agua no para de entrar por la nariz.  Ella no la resiste a pesar del miedo.  El gato amarillo salta por la ventana y una mujer la cierra para que ella no pueda volar tras el caballo con alas amarillas.

 Despierta de nuevo.  El calor.  Un niño juega cerca de donde ella está.  Se sienta y alisa su trajecito blanco de piqué.  El niño, que juega al escondite con alguien más, la mira un poco extrañado pero se acerca cuando ella lo llama.  Trae un juguetito azul.  Un hombrecito azul.  Le dice que es un guardián, un héroe.  Ella sonríe.  Ahora el calor es menos intenso.  Luego de un rato jugando, de mirar las nubes corriendo por el cielo, una voz de mujer llama al niño.

 Ella no quiere que se vaya.  Pero él le deja su hombre azul.  Te cuidará, le dice.  Y se va corriendo.  Se hace de noche y vuelven los terrores.  Se acurruca bajo una tumba de cemento que parece un banquito y deja sobre ella a su guardián.  Tal vez esta noche su hermano no venga por ella.

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextuales Tercera semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextuales
Tercera semana

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Sobre Amárilis Pagán Jiménez:

Amárilis Pagán Jiménez
Amárilis Pagán Jiménez

En 140 caracteres: “Soy mujer y bisexual, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA”.

Más: Cofundadora de Proyecto Matria, integrante de Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad (CABE) y de otras iniciativas de derechos humanos.  Columnista de la Revista Digital Cruce y de 80 Grados, así como de El Nuevo Día.  Últimamente está trabajando en una agenda de destrucción social que publicará en su blog de Brujas y Rebeldes.

Blogs: Diosas en Fuga y Brujas y Rebeldes

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Tercera semana.

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Las Nilitas que aún nos esperan

Tuve la oportunidad de estar en la entrega de la medalla Nilita Vientós Gastón a Amárilis Pagán Jiménez y escuchar su mensaje de aceptación. El mismo se publicó en 80 grados y lo reproduzco para que ustedes  también puedan “escucharlo”.

Ojalá les inspire como a mí,

Marlyn Cruz-Centeno

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Enlace de la publicación original: http://www.80grados.net/las-nilitas-que-aun-nos-esperan/

Por Amárilis Pagán Jiménez

 

Desde mis tiempos de estudiante mi vida se ha regido por tres principios que considero de tal calidad que los califico de virtudes: la inconformidad con todo lo que debe mejorarse, la disidencia con todo lo que ofenda la dignidad humana y deba cambiarse y un entusiasmo sin límites, para luchar por los inconformes y los disidentes”.

-Nilita Vientós Gastón

Nuestra matria necesita hoy en día muchas Nilitas (¡y Nilitos!) inconformes, disidentes y entusiastas.  Gente que no pierda la esperanza y que sea capaz de amar más allá de la razón, del miedo y del pesimismo.

¿Cuántas cosas existen en nuestra matria/patria que deben mejorarse? Nilita tendría muchas razones para estar inconforme. Yo también las tengo. No hay forma de sentirnos conformes cuando en un país el nivel de desigualdad social es similar al de 1950. Menos aún cuando esa desigualdad es más terrible porque es invisibilizada por una clase media que, contra toda lógica, cree que aún tiene oportunidades de ascenso y una clase política y acomodada que solo alude a la pobreza cuando necesita votos o una foto de portada para subir puntos en una encuesta. Mientras la gente privilegiada sigue jugando golf y paseando en sus yates, miles de mujeres viven junto a sus familias con $11 al día y miles de hombres mueren en las calles víctimas de su propio machismo. Mientras la gente blanca, cristiana, heterosexual y profesional tiene abiertas las puertas del éxito, miles de personas de las comunidades LGBTT se esconden del mundo y de sí mismas para protegerse del odio de un dios imaginario que les condena por boca de líderes que probablemente no creen en él, pero viven de su palabra. No hay forma de vivir conformes con esas y otras miles de manifestaciones de desigualdad que no tenemos tiempo de enumerar hoy, pero que ciertamente me pesan en el corazón como sé que le pesan a ustedes.

¡Al igual que en los tiempos de Nilita, hoy estamos obligadas a disentir de los discursos escritos por publicistas y de la palabra fácil que trata de acallar nuestro descontento colectivo! Y es que ser parte de la disidencia ante todo lo que ofende la dignidad humana es una consecuencia natural de la inconformidad. Solo que a veces también tenemos que ser disidentes de nuestras izquierdas o del mundo idealizado de la organizaciones sin fines de lucro. Esa disidencia nos plantea retos adicionales porque es disentir de nuestros pares y de nuestras compañeras de camino. Si bien el discurso oficial y socialmente aceptado ofende la dignidad de mujeres y hombres al presumir que somos corderos arrodillados sobre una biblia, personas cuponeras, torpes y acomodadas a estereotipos de género, raza, religión y colonia, resulta igualmente ofensivo el discurso de la pena, del asistencialismo y del pesimismo que cierra toda posibilidad de cambio porque se niega a la esperanza.

Vivir con esperanza y con amor y mantener los ojos bien abiertos a la realidad, es un acto de revolución. En esa revolución, capaz de destruir aun nuestras propias creencias para crear una nueva matria, espero conocer otras Nilitas.  De hecho, me honro de conocer ya a muchas de ellas y llamarlas las matrias, mis compañeras y mis aliadas amorosas.  De ahí nace mi entusiasmo que a veces puede parecer una locura y que de seguro fue ese tercer valor al cual se refería Nilita. El entusiasmo sin límites para luchar por las personas inconformes y las disidentes… y también por las conformes y las que aún no han encontrado una voz con la cual disentir. No hay forma de luchar por la dignidad humana si no luchamos también por las personas silenciadas en las múltiples intersecciones de la opresión.  Luchadoras como Nilita, y también como otras que admiro, son las que han hecho posible que alguien como yo, nieta de una mujer que fue concubina y luego jefa de familia, biznieta de un esclavo negro, hija de una maestra y un maestro de la zona central de la Isla y estudiante de escuela pública, pueda estar aquí hoy. Estar aquí sin tener que ocultar mi humanidad como persona atea, anticapitalista, no heterosexual y activista.

Hoy recibo esta medalla con un agradecimiento profundo, con una alegría que se mece en mi corazón, con un algo de nostalgia que aún miro para entender, pero sobre todo con un gran amor y un gran deseo de hacerme merecedora del abrazo permanente que me ha acompañado todos estos días. Quiero pensar que mis palabras y mis acciones serán dignas y valiosas para nuestra matria, pero en particular para adelantar la equidad de la mano de mis compañeras de Matria, de CABE (Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad), de las comunidades LGBTT, de las mujeres, de las comunidades marginadas, de las personas inmigrantes, de mi familia (que tanto sacrifica desde la entrega amorosa al trabajo solidario), de tanta gente que ama como yo y que merece ser reconocida como parte de un colectivo que no se rinde ante el discrimen, el odio o la desigualdad.  Yo soy apenas un soplo de vida que pasa por aquí. Lo que me da valor, es el colectivo y el tener el privilegio de servir a las causas y personas que amo.

¿Quién sustituirá a Nilita? Nos preguntamos y se han preguntado otras personas. Pero como bien dijo en un momento dado Graciela Rodríguez Martinó: “Nadie la tenía que haber sustituido sino nosotrxs mismos. Con nuestras acciones y con nuestro recuerdo”. Gran tarea esa. No la dejemos inconclusa.

Mensaje de aceptación de la Medalla Nilita Vientós Gastón otorgada por el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico el viernes, 16 de agosto de 2013. Le hice algunas modificaciones al original para incorporar algunas reflexiones nacidas esa misma noche.

La bicicleta azul, de Amárilis Pagán Jiménez

 Por Amárilis Pagán Jiménez

bicleta azul

El fantasma de mi papá me persigue en una bicicleta azul.  No sé por qué.  Nunca lo vi corriendo bicicleta.  ¿Serán hipsters al lado de allá?

Lo veo en los sitios más inesperados.  A veces escucho el rechinar de la cadena mohosa de la bicicleta antes de verle a él pedaleando con dificultad.  Tenía más de 90 años al morir.  Ese rechinar me pone los pelos de punta.  Nadie más le escucha.  Nadie más le ve.  Solamente yo.

La primera vez que lo vi, no podía creerlo.  Hacía un calor tremendo y yo caminaba por una acera desnivelada y agrietada haciendo balance con mis zapatos de tacón alto.  Iba de camino a un pequeño bar cerca de mi trabajo y de repente, aparece este señor por el medio de la acera en esa destartalada bicicleta azul.  Me detuve molesta y preguntándome en voz alta cómo era que este señor se metía por la acera teniendo una calle para transitar.

Mis amigas me miraron extrañadas y me preguntaron que de qué señor les hablaba.  De ese señor, les dije.  Y entonces lo miré bien y me encontré con la mirada sonriente de mi papá.  La misma que usaba con la gente del barrio antes de entrar a nuestra casa a gritar y pelear.  Tropecé por la impresión.  Ellas se quedaron calladas y, luego de una pausa, una de ellas se atrevió a preguntarme si era una broma.  No había nadie allí, dijeron. Mi papá me hizo una guiñada y yo sentí cómo se me erizaba toda la piel.  Se me pegó un frío húmedo, vinieron las náuseas y hasta me desmayé.  Allí.  En una acera sucia por la que sabe dios quién pasaba y hasta escupía.  Mientras me hundía en el desmayo alcancé a preguntarme si alguien me aguantaría.  No les dio tiempo.  Caí al piso cuan larga soy… bueno, o corta.

A partir de ese día, no tuve paz.  Lo extraño es que Papi nunca intentó hablarme.  Me sonreía.  Me guiñaba un ojo.  A veces hasta se quitaba el sombrero en señal de saludo.  Llegué al punto en que se me hacía difícil entrar y salir de los sitios.  Salía del trabajo y lo veía.  Iba de fiesta al Viejo San Juan y allí, en una esquina, me esperaba.  A veces miraba de arriba a abajo a mis compañeras y compañeros de juerga. Cuando salía del cine, me velaba a la sombra nocturna de los árboles mustios que intentan adornar el estacionamiento del centro comercial.  Los cafés en la plaza ya no eran lo mismo para mí.  Hasta se detenía a ver los juegos de dominó de otros viejitos de la ciudad.  Hubo días en que pensé que todo viejo o vieja de la calle era también un fantasma que perseguía a alguien.

Con cada avistamiento mi miedo y mi ira crecían.  Cualquiera que viera a ese viejo sonriente pensaría que era de lo más adorable.  Esas cosas las hace la vejez.  Suaviza la violencia concentrada que alguna gente carga en sus años más tempranos.  El hombre imponente que nos golpeaba, vigilaba, gritaba y dominaba tenía que luchar bastante para abrirse paso en el cuerpo deteriorado de mi papá.  Aun así, su prepotencia nos hacía visitas frecuentes.  Había que cuidarlo a él y a la retahíla de animales que se empeñaba en tener en la casa.  Repetía, repetía y repetía sus insultos y acusaciones.  Sólo que con una boca desdentada y miles de arrugas alrededor de sus ojos.  Con las visitas, con las visitas, era otra cosa.  Sacaba su mejor sonrisa y hasta rezaba mansamente con sus hermanitos de la iglesia.  El día que amaneció muerto, mi madre lloró como una loca.  No sé si por dolor o alegría.  Espero que haya sido por lo segundo.  La noche antes, el viejo había estado especialmente insultante.  Por primera vez me pasó por la cabeza la idea de ahogarlo con una almohada para que se callara.  Ahogarlo mientras le decía unas cuantas verdades sobre lo repulsivo y perverso que en realidad era y sobre el infierno que debía estar esperándolo al otro lado.

Cuando mi papá decidió comenzar sus visitas por el mundo de los vivos, en mi vida ocurrían otras cosas que me hacían suponer que ya había superado su paso por ella.  No sé cómo me encontró porque acababa de mudarme a una nueva ciudad.  Atrás había dejado la casa familiar en la cual crecí y a la cual me sentía atada por su enfermedad.  No quería saber de casas grandes o llenas de cosas.  Buscaba un lugar simple en el cual no tuviera que pensar en más cosa que el mero trabajo y la diversión.  Ni siquiera quería mascotas de las cuales tener que encargarme.  Eché a volar sus pájaros enjaulados.  Regalé perras.  Busqué hogar para una gata.  Dejé a mi madre instalada en una cómoda soledad.  Es cierto que aún arrastraba algunas ideas vagas que me torturaban en cuanto a lo que debe ser el orden de las cosas, pero estaba haciendo mi mejor esfuerzo.  Hacía más de un año que Papi había muerto y con él se habían ido unas cuantas pesadillas cristianas de unidad familiar.  Ya no sería necesario quedarme en aquel pueblo pequeño ni sonreír a la gente de su iglesia.  Por años fue una tarea difícil ir a los servicios religiosos y hacerlo quedar bien a pesar de las tundas que todavía de adulta me daba.

El día que murió yo supe que ahora él sólo sería gusanos y polvo.  Nada de ser un ángel que toca arpa y cuida a la gente que se queda viva.  No lo hizo en vida.  No imagino por qué querría hacerlo una vez muerto.  Además, no hay cielo al cual volar y no hay espíritu que vuele.  Si existe algo será su infierno.  Pero él, con su terquedad, decidió demostrarme lo contrario.  Es la única razón por la cual puede estar pasándome algo así.  Por eso siempre anda tan sonriente y confiado.  Por eso su fantasma se especializa en aparecerse justo cuando estoy en medio de una buena pachanga o comienzo a moverle las pestañas a una buena y potencial amante.  Sí.  También era homofóbico mi papá.  No sé qué es peor: bregar con un viejo inválido y quejoso que se esforzaba para alcanzarme la cara con un buen pescozón o bregar con un fantasma con capacidad de omnipresencia.

No le he contado a más nadie sobre este fantasma.  Creerán que estoy loca.  Me tranquiliza un poco la idea de que parece estar atado a su bicicleta azul y que nunca me lo encuentro en espacios cerrados.  Eso me facilita un poco la cosa.  Basta con entrar y salir velozmente de los sitios.  Si escucho el rechinar de la bicicleta, acelero el paso.  Si veo el celaje azul de la bici, busco en qué entretener la mirada.  Así evito el contacto visual.

Esta mañana, sin embargo, algo pasó.  Salí muy temprano para visitar una amiga.  Sabía que Papi no la aprobaría, así que me deslizaba por una de las paredes laterales de mi edificio de camino a mi auto y miraba a lado y lado para ver si estaba por ahí.  El asunto es que al llegar a la esquina del edificio, y de sopetón, me encontré frente a frente con él. Papi trató de hablarme.  Cuando abrió la boca corrí despavorida escaleras arriba.  ¿Qué tendría que decirme?  No quiero saber.  Tal vez viene a recriminarme algo.  ¡A estas alturas!  Pero si soy una adulta.  Bastante vieja además.  Lo dejé con la palabra en la boca.

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

Cuando llegué al apartamento gateé hasta la ventana, me asomé y allí estaba.  Sentado en un banco cogiendo fresco. Esta vez miró directamente a mi ventana y se sonrió malévolamente.  Me dijo adiós con la mano y se montó en su bicicleta azul.  ¡Se fue!  ¡Por fin se fue!  ¿Se iría para siempre?  Comencé a llorar de felicidad.  Era libre.  Luego, cuando pude tranquilizarme, fui a mirarme al espejo para tratar de arreglarme un poco.  Tal vez estaba a tiempo de ver a mi amiga.  Iba de lo más sonreída hacia el espejo… hasta que me miré en él y lo reconocí.  Allí estaba yo, con su misma expresión.  Al fondo de mi habitación también estaba mi bicicleta azul.

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Sobre Amárilis Pagán Jiménez:

Amárilis Pagán Jiménez
Amárilis Pagán Jiménez

En 140 caracteres: “Soy mujer y bisexual, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA”.

Más: Cofundadora de Proyecto Matria, integrante de Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad (CABE) y de otras iniciativas de derechos humanos.  Columnista de la Revista Digital Cruce y de 80 Grados, así como de El Nuevo Día.  Últimamente está trabajando en una agenda de destrucción social que publicará en su blog de Brujas y Rebeldes.

Blogs: Diosas en Fuga y Brujas y Rebeldes

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.

Carta a una amante vampira, de Amárilis Pagán Jiménez

 Por Amárilis Pagán Jiménez

“I close my eyes

Only for a moment and the moment’s gone

All my dreams

Pass before my eyes with curiosity

 

Dust in the wind

All they are is dust in the wind…”

KANSAS – DUST IN THE WIND

Imagen 1 Intertextuales Serie 4 Fotografía: Zayra Taranto
Imagen 1
Intertextuales Serie 4
Fotografía: Zayra Taranto

Te escribo esta carta sentada a la orilla del mundo y meciéndome suavemente entre suspiro y suspiro. Estoy bañándome de sol.  Cierro los ojos y las hojas de los árboles se escuchan como un mar.  Un mar verde y dorado que se balancea con la respiración del bosque.  Respiro yo también.  Aguzo mis oídos y escucho cómo mi sangre late en una carrera desbocada por mi cuerpo.

Llevo días y días en silencio.  Pero hoy te escribo.  Solté el bolígrafo un momento para estirar mis brazos y mirar mis manos.  Llevo las uñas azules.  Mi hermana bromeó cuando me vio pintándomelas: “¿Uñas de verano?”  “Uñas de muerta que camina”, pensé yo.  Pero sé que no estoy muerta.  Recuperé el calor de mi piel y puedo sentir cada parte de mi cuerpo agradeciendo el sol.  Siento la brisa que mueve el polvo de algún camino en la lejanía…

Esta mañana me atreví a mirarme en el espejo.  El espejo ése del que te hablé y que lleva años en mi familia.  Su marco está teñido de rojo y dorado.  Un rojo sospechoso, ahora que lo pienso.  Demasiado parecido a la sangre.  Demasiado intenso.  Con la extraña cualidad de cambiar su tono según quién se mira en él.

Por eso te escribo.  Me vi y me reconocí. Y cuando me reconocí, recordé lo que es pasar de largo frente a hileras de espejos incapaces de reflejarme.  Recordé cómo me obligaba a pasar frente a ellos en los extraños bares que frecuentaba contigo y me estremecí.  El rojo del espejo se hizo casi negro.  Me mordí los labios hasta hacerlos sangrar porque quería ver mi sangre casi negra.  Quería saber que la tenía.  También la quería saborear.

Mi hermana mayor es paciente.  La segunda, no tanto.  Aun así, ambas me alimentan, me bañan y me peinan todos los días desde que llegué acá.  Una de ellas, tararea canciones que sabe que me gustan.  Dejaron de hacerme preguntas casi desde el primer día que me trajeron.  No fui muy cooperadora.  Quería morderlas.  No por hambre.  Por rabia.  Porque me separaron de ti.  Porque sabía que, para colmo, muy probablemente tenían razón en todo lo que decían.

¿Recuerdas cómo me gustaba “Dust in the Wind”?  ¡Cómo amaba hacer el amor contigo escuchando el violín nostálgico de esa canción!  Imaginar el paso del tiempo, y sentir que era imposible convertirnos en polvo efímero porque éramos eternas!  Las noches eran largas, pero los días a la sombra de la vida lo eran más…  Días tan largos que hicieron venir del otro lado del mundo a mis hermanas para ver qué era de mí en medio de un silencio ciego y espeso que me ocultaba a su vista.

Yo me reí como una loca la primera vez que las escuché decir que eres una vampira.  Les pregunté si ese era su último recurso para traerme a casa.  Si me creían tan idiota como para tratar de venderme una historia imposible.  ¡Vampira!

Pero a pesar de mi risa, algo de mi fe en ti se resquebrajó.  Como cuando ya una copa está rota y la grieta que comenzó como una fina línea que podemos pasar por alto de momento se transforma en la grieta que amenaza con partir todo a la mitad y derramar el vino.  Por esa grieta se colaron los recuerdos de tus deslealtades.  Las pequeñas y las grandes.  Las que una insiste en no mirar.  Recordé las cartas que enviabas a tu amante y que firmabas como “Vampira Fugitiva”.  Así las firmabas, claro que sí.  Sólo que la firma no me había importado.  El helado con Baileys y las narraciones de encuentros furtivos en días lluviosos me impactaron más que esa firma ridícula y oscuramente kitsch.

Yo debí reconocerte y reconocerme desde el principio.  Tu insistencia en la oscuridad, tus desapariciones diurnas, tu hambre insaciable de todo lo que representara vida y vuelos de libélulas apalabradas…

No me asustaba saber que el mundo entero volaba a una velocidad vertiginosa fuera de nuestra ventana.  La luz te daba dolor de cabeza. I'm Fine. Te asustaba la gente que me rodeaba.  Eran demonios, decías. Pasabas de la fragilidad que rayaba en la inutilidad a la violencia de quien se impone a como dé lugar. Llegué a creer que sin mí perecerías, que ambas pereceríamos y, de momento, todo en mi mundo eras tú.  Todo fue noche.  Todo fue canción… “Dust in the wind… all we are is dust in the wind…”, un violín que se repetía, el hambre insaciable, el cansancio de la vida de afuera, la mente confusa, el deambular en multitudes como si no estuviera en mi cuerpo, evadir los espejos, evadir el sol, huir de mis hermanas, poner el teléfono en silencio, dejar de comer, dejar de reír, sentir una amargura culpable por querer abandonarte, sentir una ternura infinita al abrazarte, querer protegerte, tenerte miedo, pedirte que no me dejaras cada vez que amenazabas con irte como un aleteo de mariposa nocturna, jadear que te amaba cuando me devorabas, querer devorarte, querer rasgarme en dos para huir de ti y a la vez querer fundirme en ti, querer poseerte, torturarme con dudas, torturarte con dudas, el olor a mirra, tu lengua lamiendo mis muñecas sangrientas, la somnolencia, la fiebre, las pesadillas contigo sentada a la cabecera de la cama de manera imposible mientras me mirabas dormir.  ¡Estaba muriendo!  Estaba muriendo y tú lo sabías.  No te importaba, ¿verdad?

Mis hermanas creyeron que me estaba automutilando.  Que me estaba volviendo loca.  Hasta que te conocieron.  Te estuvieron observando un tiempo.  Ya no eras tan encantadora cuando te miraron de cerca.  Reconocieron tu rostro porque es el rostro del hambre de energía que no se sacia.  Ya te habían conocido ellas mismas.  Todas te conocían menos yo.  Me visitaban en tus ausencias.  No sé cómo logré guardar sus consejos en el fondo de mi mente.  Ni siquiera quería creerles.  Sólo sé que yo era tu prisionera y que era incapaz de abandonarte.  Hasta que poco a poco se fue formando en mi mente la idea, la convicción, de que serías tú quien me abandonaría.  Esa era mi puerta de escape.  Mis hermanas lo sabían.  Y estaban esperando el momento.  Mientras, yo comencé a desaparecer.  Aunque me mirara en los espejos no me veía.  Esperaba, esperaba y rezaba para que estuviera equivocada, para que mis hermanas estuvieran equivocadas, para no tener que escuchar tus palabras de adiós.

espejoLos días se fueron haciendo más cortos y las noches más largas.  Ya apenas tenía con qué alimentarte.  Tú me recriminabas.  La culpa fue mía.  Y dijiste que te ibas.  No te detuve.  Todo fue oscuridad por días y días.  Cuando mis hermanas llegaron a buscarme, grité, pateé, escupí como una loca.  Mi hermana mayor me dejó gritar y retorcerme hasta dormirme tirada por el piso.  Me bañó, me vistió, me peinó y me alimentó mientras me cantaba canciones de Los Beatles.  Esas también nos gustaban.  Bueno, no sé si te gustaban de verdad porque en esas cosas como en otras, parecías ser mi espejo y borrar tus propios gustos.  Encendió velas y esperó al solsticio de verano.

Y ya.  Hoy pude mirarme en el espejo.  Escucho mi corazón latiendo, miro el sol esparcir sombras y luces sobre mi piel mientras me baña y te escribo esta carta que será polvo al viento porque nunca te la enviaré.

Sobre Amárilis Pagán Jiménez:

Amárilis Pagán Jiménez
Amárilis Pagán Jiménez
En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.
Es cofundadora de Proyecto Matria.

Blog: Brujas y Rebeldes

 

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Primera semana.

Amárilis Pagán Jiménez para el tema: El amor en tiempos de guerra (Intertextuales por invitación)

Demencia

 

Y heme aquí

como una loca

escribiendo del amor en tiempos de guerra

como una mujer desnuda que avanza entre dos fila de enemigos

como un alarido que apaga los rugidos de los cañones

como un beso que se estrella contra una nube de perdigones que zumban contra el alma

 

Heme aquí

boquiabierta

ante el campo devastado de los sueños felices

levantando cadáveres

amputando abrazos

surciendo corazones abiertos

y deseando convertirme en el polvillo cenizo que da vida a los rayos de sol

que se dejan caer entre las nubes grises de los tal vez y los mañanas

 

Heme aquí

resistiendo las ganas de bailar

al son de los tambores negros de la guerra

y tapándome los oídos en un girar de columnas que se quiebran

mientras mi cabeza busca el norte y mi cuerpo el sur

 

Heme aquí

deseando alas

tocándome la espalda

para ver si el dolor que me atraviesa

es el preludio de un vuelo feliz a la vida que soñaba

 

Luego

dejo caer las manos

recojo mi ropa

enhebro mis lágrimas en un collar de luchas

me pinto los labios de rojo

en un espejo de luna rota

y tomo nota del día de guerra

 

Escribo presurosa las coordenadas de mi cuerpo

mientras abarroto mi bitácora con hechos memorables

que necesitaré para guiarme

por un mapa de realidades distorsionadas

 

Tomo nota

tomo nota

 

tomo nota

del amor

de las sonrisas

de los besos

 

y hago lo que me toca

para ganar la guerra

 

 

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Sobre la invitada:
En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.  Ese mismo nombre lleva uno de sus blogs.  Es confundadora de Proyecto Matria.
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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
No deje de leer  los escritos para los temas de las semanas anteriores en el  área de archivo bajo los meses de agosto, septiembre y octubre.

Escriban a: marlyncruzcenteno@gmail.com
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Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Intertextuales por invitación tema #9

Intertextual Invitada: Amárilis Pagán Jiménez

Temática para la semana del 1 de octubre al 7 de octubre de 2012

El amor en los tiempos de guerra

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Sobre la invitada:
En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.  Ese mismo nombre lleva uno de sus blogs.  Es confundadora de Proyecto Matria.
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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
No deje de leer  los escritos para los temas de las semanas anteriores: Obsesión, Cosas encontradas en los bolsillos, Evocar desde el gusto, (Re) escribir el cuerpo y La changuería. Los puede encontrar en el  área de archivo bajo los meses de agosto y septiembre.

Puede escribir a: marlyncruzcenteno@gmail.com
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Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Amárilis Pagán para el tema: El último heterosexual del planeta (Intertextuales por invitación)

El carnicero feliz

Microhistorias retorcidas hechas a la parrilla

(A veces sólo tenemos tiempo para crear universos que viven por cinco segundos)

 

1.  Colocó la carne sobre la mesa de “stainless steel”.  Roja.  Con unas venas blancas que centelleaban bajo la luz fosforescente… Y cuidadosamente, con su mejor cuchillo fue abriéndola desde el centro.  Como si esculpiera una flor.  Capa a capa, labio a labio… Hasta tener sobre su mesa a la mujer de sus sueños.

2.  “Dos libras de carne molida, por favor.  Empacadas separadas”, dijo una voz de mujer desde el otro lado del mostrador.  Alzó la vista de los perniles traseros que estaba empacando y se encontró con una mirada maquillada de kohl.  La mujer le sonrió nerviosa.  Acababa de darse cuenta de que el carnicero tenía una erección.

3.  Llegaron los cerdos que estaba esperando para las navidades.  El muchacho que los trajo le ayudó a meterlos en el almacén refrigado y allí, cuidadosamente, los fueron enganchando en los garfios de metal de los cuales colgarían por un tiempo.  El olor de carne cruda le hizo expandir las fosas nasales con placer.  Al despedirse del muchacho, no pudo evitar sentir el olor que se le había impregando en la ropa.  Le dió un apretón de manos mientras pensaba con disgusto cómo se vería este chamaco colgado en uno de sus garfios.

4. Una bandada de adolescentes inundó la carnicería.  Mascaban chicle, se reían, algunos venían tomados de la mano.  Alguno que otra se besaron frente a él.  Tenían un “pool party” al día siguiente y vinieron a comprar costillas para un “barbiquiú”.  “¿Pero ya no queda gente normal en este planeta?”, se preguntó mientras miraba a unas nenas dándose un chupete monumental.  Les vendió las costillas.  Puso el rótulo de “Regreso en 10 minutos” y se fue a la trastienda a masturbarse.

5.  La carne de cabro era difícil de manejar.  Si al animal no lo supieron escoger y matar, la carne llegaba con un olor fuerte y penetrante.  Insoportable.  Invendible.  Miró el cabro que tenía hecho pedazos sobre mesa.  Miró el dron de deperdicios.  Miró el reloj en la pared.  Casi sintió las moscas de la podredumbre zumbar a su alrededor y decidió refrigerar el cadáver para luego bregar con él.  Se le hacía tarde para llegar al Condado.

 

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Sobre la autora:

En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.  Ese mismo nombre lleva uno de sus blogs.  Es confundadora de Proyecto Matria.
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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
Puede escribir a: marlyncruzcenteno@gmail.com

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Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno

Amárilis Pagán para el tema: Desde el día que te fuiste (Intertextuales por invitación)

Micro-historias retorcidas

Adioses

1.  El día que te fuiste, recorrí toda la casa.  Busqué las ausencias de los muebles que migraron contigo y te maldije por no haber limpiado el rastro de polvo que dejaron en nuestra casa.

2. El día que te fuiste, me quedé sentada en mi mecedora, mirando la puerta, sonreída.  Al fin era libre.

3.  El día que te fuiste, todas nos miramos y nos dimos cuenta de que no te extrañaríamos.  Luego volvimos a nuestras computadoras y te borramos de Facebook.

4.  El día que te fuiste, fue como si nacieran las flores de los sueños sembrados desde que naciste.

5.  El día que te fuiste, dejaste de existir en mi realidad cotidiana y ya no hubo tiempo de extrañarte.

6.  El día que te fuiste finalmente ya no importó.  Te habías ido hace años y tu cuerpo doliente nos había secado las lágrimas.

7.  El día que te fuiste, sin avisar, a escondidas, huyendo de tu dolor y del nuestro, celebré tu muerte, lloré los días en que te extrañaría, pretendí grabar tu cara en mi memoria y te dejé encargada en los ritos de costumbre mientras yo partía a trabajar.  A fin de cuentas ya no estabas y lo que yo hiciera no haría diferencia.

8.  El día que te fuiste, te llevaste una mochila cargada de ira y de miedo a mirarte.  En la mesa de las solidaridades se quedaron las cuentas de un collar de olvidos y de promesas que no cumpliste.

9.  El día que te fuiste me di cuenta que quien debió irse fui yo.  Solo que nunca me he ido.  Tal vez ya sea hora de considerar la idea.

10.  El día que te fuiste, el día que me fui de mi vida, apenas me di cuenta de lo que hacía.  Me desperté años después en otra isla, hambrienta y alucinada, buscando el camino para regresar.

11.  ¿Pero no te habías ido?  Así que seguías ahí.  ¿Escuchaste lo que hablaba sola?

 

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Sobre la autora:

En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.  Ese mismo nombre lleva uno de sus blogs.  Es confundadora de Proyecto Matria.
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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
No deje de leer  los escritos para los temas de las semanas anteriores: Obsesión, Cosas encontradas en los bolsillos, Evocar desde el gusto, (Re) escribir el cuerpo y La changuería. Los puede encontrar en el  área de archivo bajo los meses de agosto y septiembre.

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Marlyn Cruz-Centeno

Amárilis Pagán para el tema: La changuería (Intertextuales por invitación)

Ñe, ñe, ñé

 

Ñe, ñe, ñé…

Así con ñé,

así

una lágrima aquí,

una trompita allá,

un gesto de esos que pretende ocultar dolor

pero así con ñé lo resalta

para el público obligado

para la madre

para el padre

para la hija

para la amante

y hasta para las jefas

Ñé con ñé

que te duele acá

que esparabas zá

que tu querías yé

que sacrificaste acuyá

que bueno

que eres ñé

Ñé, ñé, ñé

lo que se espera de cada cual

de la madre

de la hija

de la feminista

de la solidaria

y así

tiranía de la changuería

de la incapacidad de hacer lo correcto

por la changuería propia

y la ajena

Ñé con ñé

que ya te enseñé

que la changuería no me manda

que me mando yo

y lo que ya sé de tus ñés

porque para hacer patria

hay que ignorar los ñé, ñé, ñés

y hacer lo que hay que hacer.

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Sobre la autora:

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Marlyn Cruz-Centeno

Amárilis Pagán para el tema: Evocando desde el gusto (Intertextuales por invitación)

tomada de la web

(Sin título)

El sabor de tu carne

el sabor de tus ojos

el sabor de tu corazón

el sabor de tu sexo

el sabor de tus sueños

el sabor de tu coraje

el sabor de tus lágrimas

el sabor de tu sonrisa

el sabor de tu miedo

el sabor de tu vientre

el sabor de tu seriedad

el sabor de tus dedos

el sabor de tus ilusiones

el sabor de tu pecho

el sabor de tus desencantos

el sabor de tus muslos

el sabor de tu risa

el sabor de tus brazos

el sabor de tu ausencia

el sabor tu cuello

el sabor de tu boca

de tus besos

de tu deseo y el mío

 

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Puede leer otros escritos de la autora en :

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No deje de leer el cuento de H Roberto Llanos para el tema de esta semana en la entrada previa.  O los escritos para los temas de las semanas anteriores: Obsesión y Cosas encontradas en los bolsillos. Los puede encontrar en el  área de archivo bajo el mes de agosto.
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