Diario de una isla: Amar Poemas

 

Estoy rodeada de poemas que respiran,
de poemas con latidos,
estoy rodeada de tanta poesía
que algunos días me pongo a escribir.

¿Has visto un poema de once años
jugar en el parque?
¿Has despertado junto a un poema
que te mira, te habla y te besa?

Yo vivo en un campo de versos
y a veces, de tanta poesía, sin remedio,
me pongo a escribir, a cantar, a vivir…

#marlyncenteno
21 de febrero de 2016

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¡¡ 100+ escritores y escritoras repudian la violencia hacia la mujer en Puerto Rico!!

Tomada del muro de Shariana Ferrer
Tomada del muro de Shariana Ferrer

San Juan, Puerto Rico, 10 de septiembre de 2014 — Nosotros, escritores y  escritoras del país, expresamos nuestra indignación y repudio ante la violencia contra la mujer en Puerto Rico, consternados particularmente por la rebaja de cargos en el veredicto del juicio al asesino de Ivonne Negrón Cintrón. Como escritores y escritoras, no estaríamos haciendo uso útil de la palabra en su razón más básica si no nos expresamos ante este caso.

En una argumentación que promueve la desvalorización y menosprecio a la vida de las mujeres, la defensa en este caso propuso como razonable la idea, tantas veces perpetuada, de que un hombre se “ciegue” ante la negativa de una mujer de darle sexo. Un jurado encontró razonable el planteamiento de que un hombre “ciego” apuñalase 26 veces a una mujer y la cortara en trozos luego de matarla. No vio premeditación, justificó al hombre. Si perpetuamos este mensaje como aceptable y correcto, tenemos un pueblo en peligro.

El mensaje implícito de que los hombres pueden “apasionarse” ante la negativa de las mujeres a acceder a sus avances sexuales, o cualquier avance,  es un mensaje licencioso a la continuidad de la violencia que impera en la Isla en contra de la mujer. Cada vez que asentimos al mensaje de que los excesos de “amor o pasión” llevan a un hombre a asesinar, apuñalar, disparar, violar o golpear a la mujer dejamos indefensas a nuestras madres, hermanas, hijas y amigas que caminan junto a nosotros día a día.

Tenemos una gran responsabilidad de indignarnos y manifestarnos. Tenemos la obligación de reeducarnos. Debemos establecer claramente que el amor y la pasión no han estado nunca ni estarán relacionados con ningún acto violencia. Tenemos urgencia de incluir en la educación la valoración de la vida de nuestros hombres y mujeres por igual. Exigimos que se incluya la educación con perspectiva de género en nuestras escuelas. Ante los hechos, exigimos educación urgente al país.

Este comunicado es un repudio a la violencia a la mujer, pero no resulta una defensa a la mujer solamente sino una defensa a nuestra sociedad puertorriqueña y una defensa a la humanidad.
Firman este comunicado:

  1. Marlyn Cruz-Centeno
  2. Anuchka Ramos Ruiz
  3. Miranda Merced
  4. Alexis Pedraza
  5. Africa Clivillés
  6. Aida Guzmán
  7. Alejandro Álvarez Nieves
  8. Alexandra Pagán
  9. Amárilis Pagán Jiménez
  10. Ana María Fuster Lavín
  11. Ana Marina Rúa
  12. Andrés Candelario
  13. Andrés O’neill Jr.
  14. Ángel Antonio Ruiz Laboy
  15. Ángel Isian
  16. Ángel L. Matos
  17. Ángel M. Agosto
  18. Angelo Negrón
  19. Arnaldo A. Alicea Vega
  20. Bárbara González Camacho
  21. Beatriz Ramírez Betances
  22. Benito (Benny) Massó
  23. Bethzabeth W. Pagán
  24. Camille Harris
  25. Carlos Esteban Cana
  26. Carlos Vázquez Cruz
  27. Carmen Marín
  28. Christian Manuel Marrero
  29. Cindy Jiménez Vera
  30. Cynthia Montalvo
  31. Damaris Suarez Lugo
  32. Daniel Márquez
  33. David Caleb Acevedo
  34. Dinorah Cortés Velez
  35. Ricardo Rodríguez Santos
  36. Eduardo Brobén
  37. Edwin Figueroa Acevedo
  38. Elidio La Torre Lagares
  39. Emilio del Carril
  40. Gaddiel Ruiz Rivera
  41. Giselle Mena
  42. H Roberto Llanos
  43. Héctor Morales Rosado
  44. Héctor Rincón Zanuit
  45. Iris Alejandra Maldonado
  46. Iris Miranda
  47. Isabel Batteria
  48. Jessika Reyes-Serrano
  49. Jesús Manuel Santiago
  50. Johanny Vázquez Paz
  51. Jorge Eugene López-Rivera
  52. José E. Muratti-Toro
  53. José Ernesto Delgado
  54. José H. Cáez Romero
  55. José Manuel Solá Gómez
  56. José Rafael Solís
  57. José Raúl Ubieta
  58. Juan Carlos Rodríguez
  59. Juan Félix Algarín
  60. Karina Gómez
  61. Kisha A. Ayala-Álvarez
  62. Laura Rentas Giusti
  63. Lilliana Ramos-Collado
  64. Lorna Polo
  65. Luis Francisco Cintrón Morales
  66. Luis Negrón
  67. Lynette Mabel Pérez
  68. Magaly Quiñones
  69. Mairym Cruz Bernal
  70. Manolo Coss
  71. Manuel Martínez Maldonado
  72. Mara Clemente
  73. María Zamparelli
  74. Marta Emmanueli
  75. Mary Ely Marrero-Pérez
  76. Max Chárriez, Editorial La Tuerca
  77. Mayda Colón
  78. Mayra Santos Febres
  79. Melany Minnete Rivera
  80. Miriam Montes Mock
  81. Moisés Agosto Rosario
  82. Mónica Celeste Lladó Ortega
  83. Nancy Debs
  84. Natalia Ortiz-Cotto
  85. Norman Joel
  86. Orlando Planchart
  87. Peter M. Shepard Rivas
  88. Profesora Nina Torres Vidal
  89. Ricardo Santana Ortiz
  90. Roberto Ramos Perea, dramaturgo
  91. Rodolfo Lugo Ferrer
  92. Rosa Margarita Hernández
  93. Rosangela Méndez
  94. Ruben Rolando Solla
  95. Rubis Marilia Camacho
  96. Sandra Santana
  97. Stefan Antonmattei
  98. Teresa Tió
  99. Tina Casanova
  100. Walberto Vázquez
  101. Wenceslao Serra Deliz
  102. Wilfredo Robles
  103. William Pérez Vega
  104. Xavier Valcárcel
  105. Yara Liceaga
  106. Yolanda Arroyo Pizarro
  107. Yvonne Dennis
  108. Zayra Taranto
  109. Zulma Oliveras Vega
  110. Zulma Quiñones

 

Firmas hasta el momento.

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Entrevista con la escritora Yolanda Arroyo Pizarro

Yolanda Arroyo Pizarro es una escritora puertorriqueña que se toma muy en serio el acto de escribir. El blog Afrofeminas le ha hecho la entrevista que aquí les comparto. ¡Buena lectura!

Afroféminas


yolabwDSCF1955“He sentido el racismo. Me han dicho abiertamente que ser negra, y escribir de negras y negros, no hace literatura, no hace cultura”.

Hablamos con Yolanda Arroyo Pizarro, ensayista, novelista y cuentista portorriqueña. Es una de las escritoras latinoamericanas más comprometidas de la actualidad. Sus trabajos abordan tanto temas raciales y de género como de identidad sexual.

Combativa, inconformista y creativa, Yolanda se sale de los conceptos simples que cosifican a la mujer negra. Lesbiana comprometida con el colectivo LGTB, es una luchadora nata que lleva en su piel nuestro orgullo.

Yolanda ha publicado entre otros Origami de letras (2004), Los Documentados, (2005), Ojos de luna (2007), Historias para morderte los labios (2009), Avalancha (2010), Caparazones (2010), Saeta Poemas (2012), Las Negras (2012), Antes y después de suspirar (2013), y Violeta (2014).

Afroféminas: Primero nos gustaría saber más que porqué escribes, para quien escribes. ¿Te diriges a alguien en concreto o tienes…

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Curvatura del espacio-tiempo

“La «curvatura del espacio-tiempo», provoca una singularidad envuelta por una superficie cerrada, llamada horizonte de sucesos. Esto es previsto por las ecuaciones de campo de Einstein. El horizonte de sucesos separa la región del agujero negro del resto del universo y es la superficie límite del espacio a partir de la cual ninguna partícula puede salir, incluyendo los fotones. Dicha curvatura es estudiada por la relatividad general, la que predijo la existencia de los agujeros negros y fue su primer indicio.”

Eso explica perfectamente lo que pasó entre agosto del 2013 y el presente. Fue precisamente por eso que en medio de una exitosa serie de Intertextuales, justo en la 5ta semana, todo se detuvo. Las fotografías, los colaboradores, los textos, todo se cumplió hasta la semana siete aunque ustedes no lo vieron. Ciertos eventos me hicieron caer como a una Alicia en el hueco del árbol, quedé tras ese horizonte de sucesos en la región del agujero negro que me separaba del resto del universo, sin acceso a esta voz tan necesaria. Es muy probable que luego le devele los por menores de cómo se transita por un agujero negro, ida y vuelta, pero en este post quería rememorar las cinco imágenes de la fotógrafa Zayra Taranto utilizadas en la serie  creativa y celebrar el proceso de rescate de los textos faltantes y las fotos que daban cierre a la serie. Todo lo bueno merece un rescate, un regreso y una continuidad.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Centeno

Licántropo Boricua, por Peter M. Shepard

 Licántropo Boricua

por Peter M. Shepard

4ta Serie Intertextuales Fotografía de Zayra Taranto 5ta Semana
4ta Serie Intertextuales
Fotografía de Zayra Taranto
5ta Semana

            Aguardo escondido entre las ramas secas a que caiga la noche. Estrujo dentro del bolsillo la nota que me dejaron bajo la puerta, indicándome dónde encontrar al hombre lobo.  Lo he leído tantas veces desde la mañana que tengo memorizadas las instrucciones. Hacía tiempo que se estaba cuajando por internet esta aventura. El sonido de las olas me tranquiliza, aunque tengo que reconocer que cualquier ruido me hace brincar de susto. Primerizo en este tipo de asunto, reconozco que no tengo ni idea de que pasará. Reviso mi mochila asegurándome que tengo todo lo necesario para el encuentro. Con el sol hundiéndose en el horizonte recojo mis cosas y comienzo a caminar en la dirección indicada en la nota. Me detengo y verifico si hay señal en mi móvil en caso de emergencia. Maldigo por lo bajo al comprobar lo que me imaginaba. Las cinco rayas de la señal como que suben y bajan.

            – Espero no perderme – murmuré calladamente.

            Oscureció más a prisa de lo que me esperaba. El hecho de que hay luna llena en nada ayuda entre la maleza y las ramas secas. Al menos las señales escritas en el papel son fáciles de seguir. Aunque la noche es fresca y la brisa del mar muy fuerte siento las gotas de sudor bajando por todas partes del cuerpo. Trato de pisar ligero para que el peso de mi cuerpo no rompa las ramas secas tiradas en el piso y así evitar delatarme. Quiero llegar sigilosamente y tener la ventaja de la sorpresa.

            Por entre algunas palmeras puedo distinguir un claro en medio de uvas playeras. La luna llena me permite verlo inmediatamente. La bestia esta como danzando en el medio del claro. Lleno de pelos en todo su cuerpo. Me parece que está casi desnudo. Enfoco más la visión y creo que lo único que lo cubre es algo parecido a un jockstrap rojo. Decido acercarme más para sorprenderlo y veo que se detiene. Lo veo olfatear el aire y me arrepiento de haberme embadurnado con Off para evitar a los mosquitos. Mientras me aproximo pienso que algo está mal, pero la excitación de finalmente sorprender al hombre lobo hace que pierda toda cautela. Estoy rodeando el claro y decido aparecérmele por un área más poblada de arbustos.

            La luna se esconde detrás de unas nubes dificultando el camino. Piso unas ramas y se escucha un crack solido.  Aguanto la respiración y mi corazón late a millón. Luego de varios segundos continúo aproximándome y llego al borde del claro. Aún con la poca luz me doy cuenta que ya no está. Rápidamente compruebo que me he delatado al sentir su aliento en mi espalda. Me toma de la cintura y me levanta, llevándome con una fuerza increíble hasta donde lo había visto danzar. Ágilmente rasga mi camisa y pantalones. Me arroja sobre una manta tirada en el suelo y se abalanza sobre mí. Trato de combatirlo y me faltan fuerzas. Acerca su cara a la mía y en un nuevo intento de imponerme me sacudo con fuerzas. Un intento inútil. Veo como brillan sus dientes en la escasa luz y siento como acerca su boca a mi cuello expuesto, justo detrás de la oreja. Casi como un vampiro. Reconozco que si me muerde allí todo estará perdido. Es mi punto débil. Todo está pasando rápido, confuso y agitado. Bueno, en realidad no puedo negar que esta rara sensación es placentera y extrañamente excitante. Por fin esta el cazador frente a la bestia que tanto he buscado y lo que fue una fantasía se ha convertido en realidad. Estoy perdiendo todas las fuerzas para luchar, abandonándome a lo que será. Siento que estoy perdiendo la conciencia o el cansancio me está venciendo. Cierro los ojos. Escucho un aullido largo y profundo.

********

             El sonido que me avisa que hay un texto entrando fue lo que me despertó. El sol brilla fuertemente. Miro a mi alrededor con los ojos entrecerrados.  Veo que estoy solo y desnudo sobre esta manta sucia y raída que levemente recuerdo. Confundido, de mis cosas regadas por el área, recojo el móvil y leo el mensaje. Desconcertado vuelvo a mirar a mí alrededor. Nuevamente, sin poder creerlo, leo el texto que me reclamaba, con dejo de molestia,  el porqué había faltado a la cita la noche antes y no había llegado al campamento. De repente percibo un agudo dolor y aterrorizado me toco el cuello.

 

Sobre el autor:

Peter M. Shepard
Peter M. Shepard

Peter M. Shepard nació un domingo 14 de septiembre de 1959 y es natural de Juncos, Puerto Rico. Obtiene un Bachillerato en Artes con concentración en turismo de la Universidad del Sagrado Corazón (USC) en Santurce, P.R. donde es reconocido con la Medalla Pórtico de Liderazgo en 1985. Como asistente de vuelo vive y conoce diferentes culturas en seis continentes. Su interés en el desarrollo comunitario, la sociedad civil y la igualdad de derechos de las personas en Puerto Rico lo llevó a terminar en julio 2006 estudios conducentes a una Maestría en Administración de Organizaciones sin Fines de Lucro en la USC. Actualmente es Director Programático de Coaí, Inc. una organización de base comunitaria dedicada a promover la prevención del VIH/SIDA y a educar en el área de sexualidad humana, aportando a erradicar el estigma y el discrimen en las minorías sexuales. Perteneció al Colectivo Literario Homoerótica. Ha publicado cuentos en las antologías Ó: Antología del Colectivo Literario Homoerótica y de pinga[zos] del Editorial La Tuerca. De cuando en vez publica en su blog Quien ríe el último, piensa más lento.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Quinta semana.

Sekai Maru II, por Antonio Miranda

Sekai Maru II

por Antonio Miranda

4ta Serie Intertextuales Fotografía de Zayra Taranto 5ta Semana
4ta Serie Intertextuales
Fotografía de Zayra Taranto
5ta Semana

Ella bailaba desenfrenadamente. Saltaba meciendo los brazos. Sonreía, o más bien gritaba con los ojos cerrados. Lucía feliz y yo quería ser feliz con ella. Creo que dejé mi bebida a un lado porque ya no la tenía en mis manos cuando comencé a dirigirme hacia la pista de baile. Tropecé varias veces y, sin embargo, sentía que iba flotando hacia ella. Mi corazón se había acelerado. Mi pecho era un amplificador y la música vibraba dentro de mi cuerpo. Esperé a que se diera la vuelta, asintió al seguirme el paso, le tomé la mano y vi explotar el caza número treinta cuatro de nuestro escuadrón. El sonido no puede atravesar el vacío del espacio, pero el destello abrumó por un segundo el brillo de todas las constelaciones. Estábamos bajo ataque enemigo. Por supuesto, no nos llamaban la tormenta de Júpiter por sucumbir ante la primera emboscada. Nuestro escuadrón era el mejor del crucero Sekai Maru II. El contraataque fue inmediato.

Solo uno de ellos logró escapar de nuestra furia. El superviviente se ocultó entre los asteroides del anillo interno de Júpiter, pero Segen lo persiguió hasta deshabilitarlo con una descarga electromagnética. Entonces pudimos arrastrar el caza enemigo y anclarlo al hangar del crucero. El plan era interrogarlo para saber si planeaban volver a atacarnos. Sin embargo, no contábamos con que las granadas análogas no son afectadas por las descargas electromagnéticas. Apenas arrancamos la escotilla del caza, el desgraciado haló del seguro de una granada que llevaba consigo y comenzó a llover agua sucia. Uno esperaría que un hidrante del acueducto viniera repleto de agua potable, pero aquella tarde de verano llovió lodo de la tubería. Por supuesto, como niño, ignoré la rareza y me zambullí de inmediato bajo el chorro. Sin embargo, al rato comencé a razonar que ese era el misma agua que tomábamos en casa. ¿Cómo se podía ver tan amarillo y oler a tierra revolcada? Le hice la pregunta a una de las señoras que nos velaba. Ella nos dijo que las plantas de tratamiento limpian el agua de los inodoros y la envían de vuelta por esas tuberías para que nosotros la podamos tomar.

La terriblemente equivocada revelación me inhibió de tomar agua del lavamanos durante toda una semana. Gasté la mesada en jugos y gaseosas, que son más baratos que una botella de agua destilada. Sin embargo, la necesidad de tomar agua fresca pronto me llevó a odiar la aversión que desarrollé. Me convencí de lo ridículo de mi obstinación al ver que todo el mundo en casa tomaba del agua que unos días antes habíamos visto venir sucia. El agua ya estaba limpia. Nadie se enfermaba ni se quejaba por el sabor o el olor o la apariencia.

Una noche, sin que nadie me viera, agarré un vaso limpio del fregadero, abrí la llave y salió el agua amarilla nuevamente. Lucía desagradable, tampoco olía bien; sin embargo, estaba decidido a dejar atrás el asco y la sed. Asomé los labios al borde del cristal y bebí. Mi boca se retorció. El sabor era ligeramente ácido, como el de una gaseosa, aunque sin la dulzura. El agua se derramó alrededor de mi boca y mojé todo mi cuello. Terminé escupiendo los cabellos.

Supongo que fue mala suerte, pero no volví a acostarme con un desconocido. Lo que hice aquella noche bajo la oscuridad de una habitación de crucero no lo quise hacer con mi novio cuando me lo pidió. Me sentí mal por negarle lo que ya le había dado a alguien que ni siquiera amaba. Por otro lado, ya sabía que no me iba a gustar hacerlo otra vez. ¿Para qué intentarlo de nuevo?

Al principio me dijo que estaba bien, que también prefería tomar las cosas poco a poco. Nuestra relación no se vio afectada por eso, pero eventualmente el asunto resurgió como un fenómeno inevitable de la naturaleza humana. No fue una majadería pues ambos nos habíamos entregado al frenesí de la pasión. Olvidamos nuestros votos y prohibiciones y perdimos el sentido de la consciencia. Comencé a complacerlo sin evocar el repudio que me había marcado hace tiempo, en la habitación oscura del crucero. Aguardé el chorro con los ojos cerrados. La espuma y el calor se besaron sobre mi rostro. El leve olor del cloro me reconfortó. Durante muchas semanas calientes de verano tuve que observar a mis vecinos desde el balcón de mi casa mientras ellos corrían alrededor del hidrante abierto como si se tratara de la atracción principal en un parque de diversiones. La imagen se relacionaba de inmediato con el desagradable recuerdo del agua sucia. A su vez, la inescapable memoria se convertía en una sensación fantasmagórica que invadía mi olfato y gusto. Todo esto provocó que sintiera repugnancia por el agua fresca.

El verano se había acabado y la ola de calor ya no era tan intensa. Los bomberos abrieron por última vez el hidrante de nuestra calle. Mis vecinos, que aguardaban en los balcones, salieron corriendo tan pronto el oficial dio la señal de que era seguro acercarse. Todos se metieron debajo del chorro cristalino. De inmediato me invadió el asco. Incluso, comencé a sentir un odio inexplicable por mis propios amigos de la calle. En ese punto decidí que no me podía dejar consumir por aquella ridícula aversión.

Me concentré en el calor y en la sed inmensa que no podía saciar con jugos ni gaseosas. Me convencí, como por fe, de que el agua fresca no es igual que el agua sucia de los inodoros. La sonrisa de todos los niños me ayudó a lograr la reconquista de mis temores.  Después de todo, nadie podía ser tan feliz bajo un chorro de inmundicias. Finalmente me decidí. Esa tarde salté alrededor del hidrante con la misma emoción del que toma agua fresca luego de un largo viaje.

Terminé con la ropa empapada. Su hemorragia fue tan extensa que murió desangrada antes de que el equipo de respuesta médica la pudiera ayudar. En los últimos momentos de su vida sollozó mientras la sostuve entre mis brazos. Fue la única vez que la vi llorar. Probablemente sintió mucho miedo o dolor, pero yo prefiero recordarla como la mujer valiente que era, una piloto intrépida, obstinada, una supernova de incandescente energía y determinación a la defensa del Sekai Maru II. Aguardé hasta que su mirada perdió el brillo. No lloré hasta que supe que ella había exhalado su último aliento. Entonces cerré sus ojos y acerqué mis labios a los suyos para despedirme. Fue un beso simple y gentil, pero completo. Fue suficientemente largo como para que mi primera lágrima alcanzara su rostro. En el último momento ella me empujó y exclamó:

–¡Qué te pasa!

No fue una pregunta. Se apartó de mí con una expresión que no he vuelto a ver desde entonces. Era una amalgama entre perplejidad, asco y lástima. Actuó como si todo el universo nos hubiese sorprendido en aquél justo instante en que nos besamos. La verdad es que ni una sola persona se dio cuenta. Nadie vio lo que hicimos en la pista de baile. Sin embargo, ella no volvió a hablarme desde aquél entonces.

Salí del bullicio y busqué mi bebida en la mesa. Sabía que la había dejado cerca, pero alguien la tuvo que haber desechado porque ya no estaba allí. No insistí. Ni siquiera miré alrededor. Tampoco busqué una bebida nueva. Regresé a la pared del fondo, me encogí de hombros y oculté mi rostro de la luz.

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Sobre el autor:

Antonio Miranda
Antonio Miranda

Antonio Miranda nace en Jayuya, Puerto Rico, 1988. Es químico licenciado y estudiante de Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico. Ha ganado tres primeros lugares en cuento de varios certámenes literarios locales y universitarios, además de algunas menciones honoríficas. Publicó su primer libro de cuentos, Queridos hermanos…, en Puerto Rico, 2012, como una edición de autor. Su primer cuento antologado, ‘Ecos en el anfiteatro’, formará parte de la Antología MetaLenguaje —Literatura y escena metalera— (Santiago de Chile, 2013). También es moderador del blog de discusión literaria ‘De cuentos (vivo) queriendo ser escritor’ bajo el infame seudónimo de Rey Brujo.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Quinta Semana.