como seres primitivos seguimos maravillándonos ante un aguacero y temiendo a la inundación. el agua sigue siendo diosa destilada del cielo y nos sumergimos en ella para dejarnos lamer el cuerpo por sus mil lenguas.

a veces, tratamos de desviar su cauce, de hacerla llover a nuestro antojo, de hacerle pronósticos y doblegarla. como si desconociéramos que las diosas no son contenibles por esfuerzo mortal alguno.

nos queda amar lo primitivo, no como rendición sino como fuerza. sabernos agua que nos navega el cuerpo. cual aguacero dejar de contenernos. dejar de tratar de obviar a lo que fuimos llamados.

¿de qué cause intentamos desviarnos? ¿porqué nos doblegamos? Deberíamos primitivos llover con fuerza y olvidarnos de ser mortales.

sábado, 30 de abril de 2016
llueve en la isla

#marlyncenteno