Ataviada de reina mágica me fui de visita a los centros comerciales.

La misión constaba de dos partes: adquirir los regalos del 6 de enero para mi hijo y redimir unas tarjetas de regalo que recibí en diciembre [las reinas mágicas reciben regalitos también, ¿qué se creían?]. La primera parte de la misión fue fácil, entré a la tienda, localicé los regalos y pagué. [Tan fácil que pensé, por un momento, que me podía dedicar a ser una reina mágica profesional.] Para la segunda parte, por otro lado, ni mis poderes de reina mágica ayudaron. Las tiendas de ropa conspiraron y tenían en todas sus vitrinas ropa deportiva; vaticinio fatídico de lo que había adentro. Ropa para hacer ejercicios, zapatos deportivos, más ropa deportiva. Entonces, me elevé en los aires justo en medio del pasillo de los “sport bra” y los pantalones de yoga, en una revelación vi pasar frente a mí todos los anuncios comerciales de los días recientes: dietas de año nuevo, pastillas para adelgazar, culpas de consumo, membresías de gimnasio con descuento, ofertas de entrenadores personales… La voz de una mujer, en la cercana sección de los pantalones cortos, indicando que este año iba a bajar los “chichos” [mientras se agarraba las carnes encima de la cadera] me sacó del trance y casi pierdo el equilibrio al salir de la levitación.

Me niego a aceptar la idea de que en mí hay algo defectuoso porque el mercado así lo exige: ni gorda, ni fea, ni chichúa, ni enferma. Ni mucho menos, iba a redimir mis tarjetas de regalo en ropa de deporte solo porque las tiendas de ropa dejaban poca opción. Así que salí muy digna de la tienda y del centro comercial con mi “flow” de reina maga. Resistí mirarme en el reflejo al pasar por las vitrinas no fuera a ser que terminaran por convencerme de que, en efecto, ando medio defectuosa. “Reina. Reina Maga.” Así me fui repitiendo mientras salía a son de mantra.

Foto de la Web. Todas somos reinas mágicas.
Foto de la Web.
Todas somos reinas mágicas.

Mi resolución de año nuevo es que no iré al gimnasio en enero. De hecho, de tan inspirada que salí, yo que no acostumbro a hacer resoluciones, escribí un plan hasta el 31 de enero de 2015.

Todos los días hasta el 31 de enero de 2015 escribiré algo bueno sobre mí. [Fortaleciendo la autoestima]
En cada semana, al menos uno de esos días en que hubiese ido al gym llamaré a un amigo o amiga [de esos que digo que me encantaría encontrarme, pero nunca tengo tiempo] para conversar o tomar café. [Reconectando en amor]
En el resto de los días que hubiese ido al gimnasio, dedicaré esa hora a hacer algo que de verdad me guste, escuchar un cd de música, leerme un libro o matricularme para una clase de baile…en fin, algo que me haga feliz. [Construyendo la felicidad]

Ya si en febrero quiero irme al gimnasio, veré que hago…