A Oscar López Rivera, el prisionero político más antiguo del hemisferio:

A mis 6 meses de nacida, abrazada al calor del pecho materno, sin todavía  dar los primeros pasos ni saber pronunciar palabras, ya habías, Oscar, descubierto la palabra libertad y la palabra lucha. Mucho antes de que pudiera llevar lazos en los cabellos, atarme los zapatos o asistir a la escuela ya habías pensado en la toma de un país, el propio. Antes de que viera bien las cosas y aprendiera a nombrarlas, ya habías asumido la fuerza y la disposición de prescindir de tu libertad a cambio de mi libertad.

A cambio de esto Óscar, estas líneas en la esperanza de tu regreso, al reclamo de tu tan merecida libertad… resultan tan pocas…

Libertad. Soy libre. ¿Soy libre?

Libertad tan mal usada palabra, tan distorsionada, tan promiscua. Caminar hasta la esquina del miedo y doblar a la izquierda.  O a la derecha, porque las izquierdas son peligrosas.

Libertad de expresión, todos los días y a todas horas. Hablar de la novela y de farándula, hablar de la ropa de moda, hablar del clima y del amor. ¡Ah! Tan bonito el amor… Hablar de la muerte de las 16 mujeres a manos de la violencia machista, a martillazos, desmembradas, a machetes. Mejor de eso no…

Hablar del amor al otro, del servicio, de la entrega, hablar de dios. Hablar de los sacerdotes que abusan sexualmente de los niños. Mejor de eso no…

Abrir la boca en libertad  y escuchar el timbre de la voz por encima del latido del corazón. Señalar la corrupción del gobierno, el cierre de escuelas, reclamar la separación de iglesia y estado, hablar de la libertad sobre el cuerpo. Supongo, que mejor de eso no…

¿Cuán libre es mi país? ¿Cuán libre soy, dónde y para qué empeño la libertad de palabra, de movimiento, de existencia?

Oscar, no sé cuan pronto pueda leer en la prensa  que estás en suelo boricua. Quién sabe si alguna vez  lleguemos entonces a cruzarnos  en alguna una plaza y  te estés tomando un café. La libertad de lo simple, que damos por sentado a cada rato.  Pero quisiera dejarte saber que las niñas que recién llegábamos al mundo cuando perdías tu posibilidad de tránsito, en una jaula inhumana para los espíritus libres, pensamos en la libertad, la cuestionamos, que intentamos descifrarla y que sobre todo te nombramos, Oscar López Rivera y te reconocemos.

¡Porque tu libertad esté próxima!

Oscar López 1

[Escrito para mi participación en la manifestación “33 Horas de Poesía por Oscar” que se llevó a cabo al frente del Tribunal Federal en la Ave. Chardón del 14 a 15 de noviembre del 2014]