El viernes comenzó mi agenda para asistir al Festival de la Palabra en Puerto Rico. El festival se lleva a cabo en el Viejo San Juan, sus actividades se esparcen en los espacios de El Paseo La Princesa, el Arsenal de la Puntilla y el Teatro Tapia durante este año. Hay autores internacionales y nacionales participando de diálogos,debates, charlas, presentaciones de libros, carpas de editoriales con distintos ofrecimientos, música y otras tantas cosas libres de costo.

Mi amor a la palabra hace que esta sea una actividad que espero con anticipación. Aparte de que da espacio a reencontrarme con amigos con pasiones comunes y conocer gente nueva.

No les será difícil imaginar lo contenta que estaba de que fuera viernes, finalmente viernes. Después de dejar a mi chico en la escuela y atender unos asuntos temprano, comencé mi esfuerzo para llegar al Viejo San Juan. El sistema de tren de mi país es uno muy mal planificado, el ciudadano de a pie no tiene fácil acceso al mismo si no tiene auto para llegar a la estación.

Así que comencé mis treinta minutos de caminata hasta la estación de San Francisco, el sol estaba de playa y de seguro tengo las mejillas bronceadas.Tomé el tren de allí hasta la estación de Sagrado Corazón donde debo hacer un trasbordo para llegar al Viejo San Juan. La estación de Sagrado Corazón tiene dos salidas y dudo. Pregunto en voz alta cual salida debo usar y un joven de edad universitaria me dice que él va al Viejo San Juan y se ofrece a mostrarme donde tomar la guagua después de salir del área del tren. Le agradezco y le sigo. ¡Qué suerte!

Digo que es una suerte porque hay paradas alrededor de toda la estación y ninguna está identificada. Prácticamente si no tienes a alguien que sepa, tendrás que adivinar o esperar que pase un chofer para preguntarle donde debes esperar la guagua que necesitas en un proceso “trial and error”.

Le pregunto al joven cómo está identificada la guagua que debemos tomar a Viejo San Juan, tarda un poco en contestar y un señor de unos 50 años (que podría ser mi papá)  interviene muy animado. Nos dice cuál y procede a hacer conversación de la nada. Eso es algo muy normal en las paradas de la guagua, cháchara espontánea durante la espera, solicitada o no. El señor se mueve a un lado y me cede asiento en una banca en la que caben como cuatro personas y estaba ocupando mucho espacio. Le agradezco y me siento. El muchacho hace un agradecimiento a mi nombre. “Gracias por dejar que se siente.” Así como si fuera mi jevo, marido o manager. El señor le dice que no es nada.

-¿A donde va con su esposo? -me pregunta el don.
-Vamos a Viejo San Juan -contesta el joven.

-El joven no es mi esposo-intervengo.

-¡Ah bueno! Van de paseo.-continúa el señor.

-No vamos. No andamos juntos.-aclaro finalmente.

El joven me mira sorprendido, su cara muestra real consternación. Se pone unos audífonos y se mueve a otra parada. Estoy un poco confundida con esa actitud. ¿Por qué ese joven está sorprendido de que aclare que no somos pareja?

El señor no ha parado de hablar. Al final me pregunta que hay en San Juan.

-Hay un festival. Un festival de literatura y otras actividades hasta el domingo.

-¡Con lo mucho que me gustan los festivales, qué bien!

Llega la guagua y tomo mi asiento en ella. El señor se sienta en la silla junto a mí. Sigue hablando casi solo, de lo mucho que le gustan los libros, que toma una clase de redacción en la universidad… Le contesto en monosílabos. Realmente apreciaría algo de silencio.

-Bueno, pero primero vamos a almorzar y luego vemos el festival.-Escucho decir al señor.

-¿Cómo dice?

-Ya es casi mediodía, almorzamos primero y luego nos vamos a ver el festival.

Mi cara de sorpresa…

-No te preocupes que te estoy invitando, yo conozco un sitio bueno allí.

-No, gracias. Le digo.

-Pues entonces nos vamos directo, pero te digo que el sitio es bueno.

¡No me puedo creer a este hombre!

-Usted puede ir al festival si gusta. El festival es gratuito y abierto al público, pero no conmigo.

-Pero, ¿una mujer sola por ahí? Deja que te acompañe. ¿Tienes esposo?

-No se preocupe por mí, que ya tengo planes hechos. Váyase a almorzar tranquilo.

El silencio cae sobre el señor por primera vez en todo el camino. En las guaguas públicas no hay manera de tener una conversación así sin que la escuche el área de pasajeros inmediata. El señor se ve visiblemente ofendido, presiona el aviso de parada. Me desea buenas tardes, para mi alivio se baja en la siguiente parada. La señora del asiento de al frente se voltea y me dice “mija hay hombres así, no se les puede dar mucha conversación”.

Las mujeres deberíamos poder viajar solas y tranquilas.  Esa señora ha dicho en entre línea que, quizás, yo he provocado la actitud de este señor ¡por hablarle! El señor seguro pensó que sola es igual, en su cabeza, a mujer disponible para él. El joven quizás pensó algo similar.

Vivo en un país que pide a gritos la educación con perspectiva de género a todos los niveles.

Foto tomada de la Web
Foto tomada de la Web

La guagua llega a la parada del Viejo San Juan, mi destino. Bajo de la guagua y hay una línea de hombres taxistas que debo cruzar para pasar. Uno de ellos se coloca en la acera interviniendo mi paso. “Buenos díasssss” dice arrastrando la s. “Permiso” digo…sin poderme creer que este día no avanza.

Mis pies siguen los adoquines hasta el Paseo La Princesa,en la primera mesa que me encuentro me entregan el programa del Festival.  Miro un debate que hay a las 3:00 pm. El título del debate dice: “La libertad tiene cuerpo de mujer: Literatura  y miradas políticas sobre el cuerpo femenino.” Estoy de acuerdo, hay mucho por debatir y mucho, pero mucho por hacer…

[Anotaciones de festival. Viernes. La experiencia pa’ llegar.]

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Centeno