Todo parece estar perfectamente conectado. Escribí recientemente sobre la incitación a la memoria, a propósito del libro Ars Memoriae y confieso que no he podido despegarme del tema.  Me pregunto, ¿qué recuerdos tenemos accesibles con mayor facilidad? Algunos podrán decir que los eventos recientes se recuerdan con más claridad, pero me atrevo a apostar que un buen grupo dirá que tiene memorias intactas, completas y lúcidas de su niñez. Esa época poblada de colores, aromas, sabores y vivencias exploradas por primera vez, es la etapa en que aprendemos a nombrar las cosas, de maravillarnos ante el mundo.

Recordé, entonces, el espacio virtual “El sabor de mi niñez: textos estudiantiles”. Un proyecto virtual que ‘recogía las mejores redacciones de los estudiantes del curso Español 106 que impartió la profesora Anuchka Ramos Ruiz, en la Universidad del Sagrado Corazón (USC) –en San Juan, Puerto Rico–. Los textos respondían a una tarea de reflexión sobre la niñez a través de la evocación sensorial del recuerdo. Los estudiantes redactaron respondiendo a la pregunta: ¿A qué huele/sabe tu niñez?’

Me entusiasmó leer a jóvenes que se apoderaban de la palabra. 

imagen tomada de la web
imagen tomada de la web

“Hay muchas cosas que hacía con mi abuelo cuando era niño, pero todo gira en torno al aroma de la rica avena. Recuerdo que mi abuelo después de sacar el plato del microonda se colocaba debajo del abanico, para que la avena se enfriara un poco y así no me quemara. Era chistoso por la forma en que alzaba el plato hacia el abanico, parecía que estaba bendiciendo mi cremita. Quizá sí estaba bendecida…”  Lee un fragmento de La avena bendecida, de Enio Suasnavar

Vale la pena leer a cada uno de estos jóvenes, quien sabe si de aquí saldrá la nueva generación de escritores de nuestro país. 

¿Cuál es tu memoria de infancia favorita, a qué sabe tu niñez?

Gracias por pasar a leer, 
Marlyn Cruz-Centeno