Licántropo Boricua

por Peter M. Shepard

4ta Serie Intertextuales Fotografía de Zayra Taranto 5ta Semana
4ta Serie Intertextuales
Fotografía de Zayra Taranto
5ta Semana

            Aguardo escondido entre las ramas secas a que caiga la noche. Estrujo dentro del bolsillo la nota que me dejaron bajo la puerta, indicándome dónde encontrar al hombre lobo.  Lo he leído tantas veces desde la mañana que tengo memorizadas las instrucciones. Hacía tiempo que se estaba cuajando por internet esta aventura. El sonido de las olas me tranquiliza, aunque tengo que reconocer que cualquier ruido me hace brincar de susto. Primerizo en este tipo de asunto, reconozco que no tengo ni idea de que pasará. Reviso mi mochila asegurándome que tengo todo lo necesario para el encuentro. Con el sol hundiéndose en el horizonte recojo mis cosas y comienzo a caminar en la dirección indicada en la nota. Me detengo y verifico si hay señal en mi móvil en caso de emergencia. Maldigo por lo bajo al comprobar lo que me imaginaba. Las cinco rayas de la señal como que suben y bajan.

            – Espero no perderme – murmuré calladamente.

            Oscureció más a prisa de lo que me esperaba. El hecho de que hay luna llena en nada ayuda entre la maleza y las ramas secas. Al menos las señales escritas en el papel son fáciles de seguir. Aunque la noche es fresca y la brisa del mar muy fuerte siento las gotas de sudor bajando por todas partes del cuerpo. Trato de pisar ligero para que el peso de mi cuerpo no rompa las ramas secas tiradas en el piso y así evitar delatarme. Quiero llegar sigilosamente y tener la ventaja de la sorpresa.

            Por entre algunas palmeras puedo distinguir un claro en medio de uvas playeras. La luna llena me permite verlo inmediatamente. La bestia esta como danzando en el medio del claro. Lleno de pelos en todo su cuerpo. Me parece que está casi desnudo. Enfoco más la visión y creo que lo único que lo cubre es algo parecido a un jockstrap rojo. Decido acercarme más para sorprenderlo y veo que se detiene. Lo veo olfatear el aire y me arrepiento de haberme embadurnado con Off para evitar a los mosquitos. Mientras me aproximo pienso que algo está mal, pero la excitación de finalmente sorprender al hombre lobo hace que pierda toda cautela. Estoy rodeando el claro y decido aparecérmele por un área más poblada de arbustos.

            La luna se esconde detrás de unas nubes dificultando el camino. Piso unas ramas y se escucha un crack solido.  Aguanto la respiración y mi corazón late a millón. Luego de varios segundos continúo aproximándome y llego al borde del claro. Aún con la poca luz me doy cuenta que ya no está. Rápidamente compruebo que me he delatado al sentir su aliento en mi espalda. Me toma de la cintura y me levanta, llevándome con una fuerza increíble hasta donde lo había visto danzar. Ágilmente rasga mi camisa y pantalones. Me arroja sobre una manta tirada en el suelo y se abalanza sobre mí. Trato de combatirlo y me faltan fuerzas. Acerca su cara a la mía y en un nuevo intento de imponerme me sacudo con fuerzas. Un intento inútil. Veo como brillan sus dientes en la escasa luz y siento como acerca su boca a mi cuello expuesto, justo detrás de la oreja. Casi como un vampiro. Reconozco que si me muerde allí todo estará perdido. Es mi punto débil. Todo está pasando rápido, confuso y agitado. Bueno, en realidad no puedo negar que esta rara sensación es placentera y extrañamente excitante. Por fin esta el cazador frente a la bestia que tanto he buscado y lo que fue una fantasía se ha convertido en realidad. Estoy perdiendo todas las fuerzas para luchar, abandonándome a lo que será. Siento que estoy perdiendo la conciencia o el cansancio me está venciendo. Cierro los ojos. Escucho un aullido largo y profundo.

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             El sonido que me avisa que hay un texto entrando fue lo que me despertó. El sol brilla fuertemente. Miro a mi alrededor con los ojos entrecerrados.  Veo que estoy solo y desnudo sobre esta manta sucia y raída que levemente recuerdo. Confundido, de mis cosas regadas por el área, recojo el móvil y leo el mensaje. Desconcertado vuelvo a mirar a mí alrededor. Nuevamente, sin poder creerlo, leo el texto que me reclamaba, con dejo de molestia,  el porqué había faltado a la cita la noche antes y no había llegado al campamento. De repente percibo un agudo dolor y aterrorizado me toco el cuello.

 

Sobre el autor:

Peter M. Shepard
Peter M. Shepard

Peter M. Shepard nació un domingo 14 de septiembre de 1959 y es natural de Juncos, Puerto Rico. Obtiene un Bachillerato en Artes con concentración en turismo de la Universidad del Sagrado Corazón (USC) en Santurce, P.R. donde es reconocido con la Medalla Pórtico de Liderazgo en 1985. Como asistente de vuelo vive y conoce diferentes culturas en seis continentes. Su interés en el desarrollo comunitario, la sociedad civil y la igualdad de derechos de las personas en Puerto Rico lo llevó a terminar en julio 2006 estudios conducentes a una Maestría en Administración de Organizaciones sin Fines de Lucro en la USC. Actualmente es Director Programático de Coaí, Inc. una organización de base comunitaria dedicada a promover la prevención del VIH/SIDA y a educar en el área de sexualidad humana, aportando a erradicar el estigma y el discrimen en las minorías sexuales. Perteneció al Colectivo Literario Homoerótica. Ha publicado cuentos en las antologías Ó: Antología del Colectivo Literario Homoerótica y de pinga[zos] del Editorial La Tuerca. De cuando en vez publica en su blog Quien ríe el último, piensa más lento.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Quinta semana.