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—Llegó la Bengala del exilio… gran novedad- dijo el  Aurelio.

Así le decían en el vecindario a Wilfredo.  De niño se la pasaba  trepado en los árboles y corriendo por el vecindario.  Le pusieron así ya que de niño le gustaba ver los Thundercats con  sus hermanos mayores. Ellos siempre jugaban a los personajes  y le asignaban el tigre. Por más protestas que hiciera no le dejaban ser otro personaje. Esto provocó entrar en rebeldía desde muy joven.  Sus hermanos lo echaron a un lado y no le gustaba jugar con él.  En la escuela se metió en muchos peleas. No soportaba las burlas de sus compañeros. Se refugiaba del mundo  en su cuarto viendo películas extranjeras, en particular las chinas. Empezó una idolatría a Bruce Lee, de la cual comenzó su adicción a las películas. Sus padres encontraron la solución.  Lo matricularon en la escuela de kung fu para canalizar sus energías. Con las artes marciales aprendió el concepto de disciplina, esfuerzo y valentía. Su coraje fue enfocado en sus adversarios. Aprendió diversas técnicas como la grulla, el mono, mantis religioso, pero su favorita era la del tigre. Sus manos actuaban con rapidez convirtiéndolas en garras humanas.  Sensei Matías lo acogió como uno de sus estudiantes predilectos.  Bajo su mano, lo preparó para ganar diversas cintas.  Los cambios se dieron también en la escuela, sus notas comenzaron a mejorar.  Las burlas en la escuela disminuyeron. Nadie se atrevía a burlarse de frente, pero lanzaban trapos traicioneros a sus espaldas.  Guillermo Gómez era su único amigo en la escuela. Wilfredo lo admiraba pues era brillante en todas las materias escolares. Él fue quien lo sacaba de apuros en las asignaciones. Se volvieron inseparables. Gustaban de estar todo el tiempo junto incluso los fines de semana. Guillo lo ayuda con las tareas escolares y Wilfredo lo defendía y le enseñaba diversas técnicas de kung fu. Las  habladurías de la escuela no le molestaban a Guillermo, pero Wilfredo no podía tranquilizar el coraje. La gira de Mayagüez  matizó su coraje. Quedó impresionado con los tigres del zoológico y también con los comentarios de sus compañeros en el trayecto.

—     La gente siempre habla de más- le dijo una vez Guillermo- Yo aprendí a ignorarlos. Me dicen estofón pero no me molesta

—     No me refiero a eso- le dijo Wilfredo- Me molestan que digan que somos…

—     ¿Patos?- le respondió-  Los patos son animales… a ti te dicen Bengala y no te molesta.

—     Sí, pero tú sabes lo que dicen…

—     Con tal que estés seguro de lo que eres lo demás no importa.

Wilfredo tenía sus dudas. Su atracción por su amigo crecía con el tiempo. Descubrieron la masturbación mutua. El día en que la mezclaron con besarse, Wilfredo sintió una quemazón en su cuerpo que no podía describir. Su primer beso llegó de forma inesperada. Guillo lo tomó de su mano y le indico que era normal.  Fueron muchas noches en que ambos exploraron su sexualidad al unísono. La juntilla de ambos comenzó a preocupar a los padres de Wilfredo, quienes le habían escuchado los rumores por medio de Aurelio, el vecino. El alegaba que debía cuidar de la Esto hizo retomar la oferta laborar en Holanda, ofrecida al patriarca de la familia. Sus hermanos mayores estaban gustosos con la idea de vivir en Europa. Wilfredo no dijo nada y volvió a encerrarse en su vida. El no salía de su cuarto, excepto para ir a la escuela y a las clases de karate.  Guillo  notó un cambio en la conducta de Wilfredo.  Después de insistir, él le confesó de su posible mudanza a finales de curso escolar. Guillo lloró en silencio. Wilfredo lo abrazó y le dijo que la distancia no separaría sus sentimientos.  Guillo le dio una foto especial. Había dos tigres jugando y a la parte de atrás decía “No importa dónde te lleven, siempre serás mi bengala”.  Se despidieron con un abrazo y un tímido beso.  En Holanda la situación familiar tomo diversos rumbos. Sus padres disfrutaron viajar por Europa en tren. Sus hermanos descubrieron la Zona Roja y encontraron el paraíso terrenal. Wilfredo enfocó sus energías en los deportes. La disciplina aprendida del Sensei hizo descubrir otros tipos de artes marciales y ganar cintas negras en ellas. Las comunicaciones con Guillo lo hacían por medio de email y fue evolucionando hasta el uso de Skype. La foto de los tigres estaba al lado de su tigre inspirador, Bruce Lee. Cumplido los 18  obtuvo el sueño de participar en unas competencias mundiales, a celebrarse en San Juan. Decidió dar una sorpresa a Guillo visitándolo a su casa. Este quedó emocionado y no contuvo las ganas de besarlo y abrazarlo en público. Aurelio los vio y empezó a mofarse. Wilfredo recordó que había sido el responsable del éxodo forzado y todas las habladurías. Aquella risa colmó su paciencia. Guillo trató de tranquilizar pero se le hizo en vano. Wilfredo decidió confrontar al chismoso. La mirada amenazante de Aurelio no le intimido.  Le estrecho la mano. Aurelio al acercar la tuya, le aplicó una especie de llave marcial cual lo lanzo a la brea caliente. Guillo no oculto la risa y muchos del vecindario se asomaron.  También se sumaron  a las burlas.  No sabía dónde esconderse. Miro a Wilfredo de frente buscando refugio.  El solo se limitó a decirle

—     A los tigres se les respeta, bocón.

 

 

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Sobre el autor:

H Roberto Llanos
H Roberto Llanos

H. Roberto Llanos es  escritor y fotógrafo aficionado. Nació el 2 de mayo de 1978, en San Juan Puerto Rico. Cursó estudios universitarios en la Universidad del Este, obteniendo un bachillerato en gerencia hotelera. Tomó diversos talleres con reconocidos escritores quienes lo impulsaron a continuar con la exposición pública de sus trabajos.  Varios de sus cuentos han sido publicado como Exprimomangó cual apareció en la antología  de Origin EYaoiES ( peruano-españoles) mientras que su cuento Ceviche al Canibal se encuentra en la pagina de Di/verso en Argentina. Actualmente está trabajando en una colección de cuentos.

Nota. Este texto es una colaboración para la serie de escritura creativa “Intertextuales”. Cuarta semana.