Por  José E. Muratti Toro

4ta Serie de Intertextuales Fotografía de Zayra Taranto Cuarta Semana
4ta Serie de Intertextuales
Fotografía de Zayra Taranto
Cuarta Semana

“Quiero un lugar”

– Pablo Milanés

[Saamvi = Diosa Lakshmi ; Darsh = Krisna, Luz de luna; Atharv = El primer Veda: Ganesh]

– No sé qué pensar.  Me contesta cuando quiere.  Otras veces me ignora y se trepa en la piedra que da al estanque y se queda mirando al agua hasta que oscurece o el mono-con-ropa toca los metales de la carne.

– Dale tiempo.  Todos necesitamos que nos reclamen para saber dónde nos hallamos.

– Es frustrante Saamvi.  Sabes como son, a veces quieren y te atacan si no las montas.  Otras eres más fo que carroña de hiena… Llevo tres lunas llenas aquí y no me acostumbro.  En el campo-con-malla teníamos un área abierta y un bosque.  Era pequeño pero fresco. Había dos para cuatro de nosotros pero nunca nos peleamos por ellas y ni ellas por nosotros….  Allí me recostaba en la sombra y recordaba cuando era cachorro y nos escurríamos por la selva y mamá cazaba ciervos y antílopes, y dormíamos dos y tres lunas corridas.

– La vida es una eterna búsqueda del espacio al que perteneces.  A veces es donde naciste.  Otras es el que escoges.  Ya no recuerdo cuando llegué ni de dónde.  Solo sé que he aprendido a ocupar el lugar que escogió el gran Cosmos Estriado, entre roca y hierro.  Mientras te exhiban, no ataques a nadie y no llegues a viejo, te alimentan, te duermen con dardos y te dejan en paz.

– La vida… la vida no puede ser pasearse entre la cueva, la piedra y las rejas, Saamvi.  Tiene que haber algo más.  ¿Por qué el Cosmos Estriado nos puso aquí?  ¿Para que los monos-con-ropa nos miren y nos tiren basura y cuando ya no les sirvamos lanzarnos al gran vacío, a veces sin dejar prole, sin haber conocido hembra?

– La vida es una gran incógnita.  Pero hay que saber distinguirla de la existencia, Darsh.  La vida nos regala un motivo, la búsqueda de un lugar propio bajo el gran firmamento del Cosmos Estriado.  La existencia es caminar en el espacio que tienes delante hasta caer rendido por el tiempo.  Hace unos años tuvimos un gran maestro llamado Atharv, que llegó de las tierras del norte, donde los monos-con-ropa se rapan la cabeza y ronronean como nosotros sentados en la nieve.

– Mi madre me habló de él.  ¿Cómo era?

– Grande.  Majestuoso.  Sus rayas parecían flotarle por el pelaje como hojas de caña negra sobre la nieve.  Nunca rugía. Siempre miraba hacia el horizonte con una extraña luz en su mirada.

– ¿Y tuvo hembra?

– Las hormonas te carcomen, Darsh.  Y eso es bueno.  Te hace fluir la sangre y pensar cuando todos duermen.  No sé si tuvo hembra, pero tenía esa mirada lánguida de los que viven satisfechos.

– Satisfechos… no sé lo que significa estar satisfecho.  Cuando no como suficiente me carcome el hambre.  Cuando me harto, me siento como un jabalí cebado y perezoso, y solo quiero dormir.

– Estar satisfecho no es algo de la carne, aunque es en la carne donde se siente.  Es entender que la jaula es una extensión del Cosmos.  Las luces del cielo señalan el camino que escogemos recorrer.  Si las miras por las noches verás que nunca ocupan el mismo lugar. Algo distinto las mueve siempre.

– Cuando me pongo a mirar el Cosmos, me pierdo.  Son tantos los brillos, tan oscuros sus vacíos.  No sabría cómo comenzar y definitivamente no me hace olvidar dónde estoy ni dejar de preguntarme cómo estarán mis hermanos y mi madre…  si lograron escapar y todavía viven en la selva, felices.

– Donde quiera que estén, están incompletos sin ti, pues cuando solo conoces lo que has vivido no sabes lo que no conoces y piensas que lo que ves lo es todo.  En cambio tú, aquí en este pequeño pedazo de tierra, estás completo pues los llevas dentro de ti sin importar donde estén, allá afuera.  Y a medida que te descubras a ti mismo, entenderás que no existe nada si tú no eres parte de ello.

– ¿Sabes lo que pienso, a veces?  Que somos los únicos que quedamos.  Que el mundo allá afuera está cada vez más infectado con los monos-con-ropa que todo lo que no capturan, lo destruyen.  ¿Y si somos los últimos?  Cuando muramos, ¿qué será del Cosmos Estriado?

– Creo que te estás haciendo las preguntas correctas pero que sólo tú puedes contestar.

– Y tú, ¿qué te preguntas?

– Ya no pregunto, Darsh.  Ya sé que soy uno con todo lo que me rodea y todos los días me maravillo con todo lo que a mi alrededor es conmigo y será sin mí.  Lo que hay afuera y lo que soy aquí.

– Ah, entonces piensas que el Cosmos Estriado existe más allá de nosotros.

– El Cosmos Estriado es solo una parte del Gran Cosmos.  Los monos-con-ropa tienen el propio.  Cada criatura con que compartimos esta jaula tiene su Cosmos.

– Tengo hambre.  Creo que voy a dar una vuelta para ver si la veo.  A ver si esta vez no me gruñe o me ignora.

– Ve.  Búscala.  No hay más carne por hoy.  Quizás con ella puedas descifrar por qué estás aquí.

– ¿Por qué con ella?

– ¿Cuántos como tú hay en la gran jaula?

– Más ninguno.  Solo yo.

– Quizás ahí está la respuesta que buscas.

– Umm.  No sé.  Ser distinto no contesta preguntas.  Si acaso crea más preguntas.

– Y quizás en esas preguntas, te espera la respuesta que estás buscando.

– No sé, Saamvi.  No sé si podré contestar todas las preguntas.  En este momento sólo sé que quiero estar con ella.

– Y donde escojas estar allí serás lo que viniste a ser.

 

 

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Sobre el autor:

José E. Muratti
José E. Muratti

José E. Muratti-Toro nació en Mayagüez, Puerto Rico. Posee un Bachillerato de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras; una Maestría en Educación de City University of New York en Staten Island; y cursos conducentes al doctorado en Sociología en State University of New York en Stonybrook. Actualmente cursa estudios conducentes al doctorado en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

En el campo de las artes, trabajó en teatro y representaciones musicales en la UPR en la década de los 70, con Teatro del Sesenta en los 80, y publicó poesía en la Revista Cupey de la Universidad Metropolitana, así como en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Su cuento “La víbora del desierto de Kavir” recibió el Premio de Escritor Inédito en el Certamen de Cuento de El Nuevo Día del 2012. El mismo forma parte del libro de cuentos del mismo nombre publicado por Isla Negra en 2012.

José trabaja actualmente en dos poemarios: “Morada de Miradas” y “Utopías descifradas”.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Cuarta semana.