Por Peter M. Shepard


Transfor[mándo]mer

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextuales Tercera semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextuales
Tercera semana

Marcos estaba sentado frente al psicólogo. Tenía un gran sentido de frustración.  Presentía que el doctor seguía insinuando que su alegría era una negación de la muerte de su hijo. Su querido Marquitos, ya de salida de este mundo a los seis años y medio, como le decía a todo el mundo antes del accidente. Llevaba dos semanas contándole la historia repetidas veces y no le tomaba en serio lo que le decía.

— Si doctor, la primera vez que Marquitos vio esa tumba fue en el entierro de su madre. Le llamó la atención por su forma. A mí también debo reconocer. Como era muy pequeño le había dicho que la tumba de su mamá era un transporte para el cielo. Así que cuando  se fijó en la tumba de ese bebe me comentó que el transporte de ese niño era un cohete potente. Después de ese día siempre que íbamos al cementerio se acercaba a esa tumba a jugar mientras yo arreglaba las flores de mi esposa. Durante esos minutos pareciera que se comunicaba con alguien. —

Ahora llevaba dos meses visitando semanalmente a este idiota que pareciera no creerme. Dos meses desde que mi jefe me envió a buscar ayuda. Ocho semanas luego de que Marquitos encontró mi revólver y se disparó en la cabeza. Alrededor de sesenta días desde que lo vestí con su traje de graduación de primer grado y le coloqué su juguete favorito dentro de un bolsillo de su chaqueta. Un centinela como le decía mi hombrecito. Un muñeco sellado para siempre en el ataúd. Como a los caciques o los faraones que los enterraban con sus cosas más preciadas. Preparándolos para su viaje al más allá. Así fue.

— No necesito que me hipnotice. Estoy seguro de lo que vi al visitar la tumba. Fue la contestación a una señal que le pedí para saber que me perdonaba por mi estupidez — le aseguraba al psicólogo mientras cerraba los ojos fuertemente y volvía a ver la imagen grabada de ese día al observar la tumba extraña del cementerio a donde su hijo se iba a jugar.

Sobre el autor:

Peter M. Shepard
Peter M. Shepard

Peter M. Shepard nació un domingo 14 de septiembre de 1959 y es natural de Juncos, Puerto Rico. Obtiene un Bachillerato en Artes con concentración en turismo de la Universidad del Sagrado Corazón (USC) en Santurce, P.R. donde es reconocido con la Medalla Pórtico de Liderazgo en 1985. Como asistente de vuelo vive y conoce diferentes culturas en seis continentes. Su interés en el desarrollo comunitario, la sociedad civil y la igualdad de derechos de las personas en Puerto Rico lo llevó a terminar en julio 2006 estudios conducentes a una Maestría en Administración de Organizaciones sin Fines de Lucro en la USC. Actualmente es Director Programático de Coaí, Inc. una organización de base comunitaria dedicada a promover la prevención del VIH/SIDA y a educar en el área de sexualidad humana, aportando a erradicar el estigma y el discrimen en las minorías sexuales. Perteneció al Colectivo Literario Homoerótica. Ha publicado cuentos en las antologías Ó: Antología del Colectivo Literario Homoerótica y de pinga[zos] del Editorial La Tuerca. De cuando en vez publica en su blog Quien ríe el último, piensa más lento.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Tercera semana.