Por Edwin Figueroa Acevedo

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextuales Tercera semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextuales
Tercera semana

 

A Charles de Choudens

Sinceramente no sé porque desarrollé esta obsesión de ir a retratar las tumbas. Encuentro belleza, esteticismo, en la muerte. He recorrido unos  100 cementerios en Puerto Rico y 156 alrededores del mundo. En cada visita tomo aproximadamente como 30 fotografías. En época de las brujas hago una pequeña exposición en distintos café, barras y galerías. No sé porque la fijación en las estatuillas, en los epitafios, en los monumentos y en los objetos decorativos que los familiares les llevan y los colocan sobre sus tumbas. Los medios me han bautizado como el fotógrafo oscuro, pero que se puede hacer. Mi última visita fue al Cementerio Viejo de Mayagüez. Por la mañana llamé a las oficinas de las instalaciones para informar  mi visita y conocer el horario.

Claro, puede venir cuando usted quiera. Cuando llegue, pregunte por Carlos Basora, el sepulturero; él puede servirle de guía. ¿Es usted el famoso muchacho que visita los cementerios para tirar fotos?

-Jejeje, el mismo que tira y capta.

La secretaria me explicó cómo llegar, pero nunca lo conseguí. Me detuve, un poco desorientado,  en una ferretería antigua.

-¿Dónde queda el Cementerio Viejo de aquí?

-Justo al lado, lo que pasa que no se ve a simple vista. Los árboles tapan la entrada. Suba las escalera que está aquí al lado y lo tendrás al frente.

El cementerio es uno de los primeros en construirse en la Isla. El lugar le da cabida a próceres y a personas de bolsillos sin fondo. Pero, ya no recibe nuevos miembros porque está repleto. Solo lo utilizan para visitas o algunos herederos que lo apretujan a la fuerza junto con sus ancestros, los demás residentes me imagino que tendrán apariencia de composta o picadillo, metidos en cajitas de madera de bajo del nuevo inquilino. El estar enterrado aquí es un privilegio y una digna muerte con clase. Cuando subí las escaleras me recibió un gatito arisco amarillento con su cola erecta y otros 15 llegaron detrás de él.

-Chuzzzzz sape, cabrones gatos, no sé qué hacer con ellos.

-Déjelos van acorde con el lugar.

-Los dejo porque me hacen compañía.

-¿Se encuentra Carlos Barbosa?

-Basora, soy yo. La gente me conoce por Barborsa porque es más común; Basora suena más a gente muerta  como los que están aquí, ya te darás cuentas con los apellidos grabados en las tumbas.

-¡Ah perdone! Mauricio Pastoriza para servile. Un placer conocerlo entonces.

– Ha de ser usted entonces-dijo mirándome la cámara que tenía en el pecho. Margarita, la secretaria, me habló de un loco que le gusta retratar tumbas.

-Muy acertada con el comentario.

-Pues venga. Chuzzzzzzzzzzzzzzz sapeeeeeee!

El pórtico del cementerio está cubierto completamente de una hierba enredadera que le aporta más a lo tétrico. En ambos extremos de la entrada se encuentran los nichos, unas especies de cubículos donde los muertos se colocan como en las neveras de la morgue. Yo le llamo el panal de abejas. Don Carlos me llevó por el camino izquierdo. Comenzó explicándome un poco de la historia del cementerio  y sus los primeros residentes. Es una pena, las tumbas y el lugar están bien deteriorados

-¿Don Carlos, por qué no le hacen reformas al cementerio?

-Pues mijo, el gobierno no hace nada  y este es uno de los cementerios más visitados de la isla, como el de La Perla. Pero, sinceramente, a mí me gusta así; le da cierto tenebrismo.

-¡Claro, tiene razón!

Nos acercamos a una tumba solitaria que está ubicada en una esquina y nos detuvimos.

-Ese ángel la creó  un escultor francés, es la mejor estatuilla que tenemos aquí. La llamamos el “Ángel de la Congoja”

Nunca había visto una estatuilla labradamente perfecta. Los detalles del vestido están bien marcados, la expresión facial y la posición le da cierto realismo. El cincelado es perfecto, cada fibra de las plumas se pueden apreciar.

-¿Puedo cruzar la rejilla?

-¡Claro!

Programé la cámara para imágenes en blanco y negro, tomé la foto desde un ángulo que parece que el ángel te está suplicando.

Vente que todavía queda mucho por recorrer.

Durante el recorrido me encontré con varios monstruosos mausoleos. Sinceramente, no entiendo esa bichería y comemierdería de construirles casi un hotel 5 estrella, si no lo van a disfrutar

-¿Don Carlos, hay actividad paranormal?

-¿Qué es eso muchacho de Dios?

-Que si hay fantasmas o sucesos extraños dentro del cementerio

-¡Ah ahora sí!

-Bueno llevo 29 años trabajando aquí y no he encontrado nada A veces se escuchan ruidos y voces, probablemente sean los mismos gatos o las personas que brincan la verja para realizar trabajos, ya tu sabes de qué. Varias personas se han acercado a mí y me comentan que escuchan una canción de cuna entre estas dos tumbas al medio día. Esta de aquí pertenece a una madre y un bebé que se ahogaron cuando la madre intentaba cruzar un río en una inundación.

-Uy se me paran los vellos

El atmósfera que circunda la tumba está bien recargada.

-¡Ok, ahora vamos a la última y la más importante!

Llegamos al mismo centro del cementerio donde se unen todas las calles. En medio hay una colosal estatua de una niña vestida con un traje de dormir mientras mira la palma de la mano. La figura de la niña está colocada en lo que parece un monumento griego. A sus alrededores había un montón de fósforos quemados y sin usar esparcidos alrededor de monumento-tumba.

-¿Qué mira en su mano?

-Una caja de fósforo

-Ésta  es la más famosa del cementerio y tiene muchas historias interesantes. Se le conoce como “Charles de Choudens, la niña de los cerillos”. La envió a construir su padre, un comerciante adinerado del siglo 19. Solo tiene su nombre, no hay fecha  de la muerte. Los registros apuntan a finales del siglo. La historia que más se comenta es que la niña acostumbraba a comerse  a escondidas las cabecillas de los fósforos que vendía su padre. Se percataron del comportamiento de su hija y le escondieron las cajitas. Un día encontró 3 cajitas, se las comió todas y murió envenenada. Pero existe otra versión que es un poco absurda y casi maravillosa, pero muy interesante, es que Charles se comió las tres cajas antes de acostarse a dormir, al amanecer sus padres fueron a su cuarto encontraron las tres cajas tiradas en el piso con los palillos sin cabezas y sobre la cama un montón de cenizas tibias que simulaban el cuerpo de la niña, supuestamente murió quemada, consumiéndose por dentro lentamente.

-¡Qué bárbaro!  ni las historias de García-Márquez son tan fantásticas como ésta. Probablemente Laura Esquivel se inspiro en esta historia para escribir la suya. ¿Ha leído “Como agua para chocolate?”

-No mijo, no se me da eso de leer, pero la he escuchado.

-¿Y todos estos fósforos tirados aquí?

-Ya es tiempo de recogerlos, pues, tu sabe como es la gente de supersticiosa. Vienen a tirar los cerillos frente ella, dizque para la suerte y el amor.  Los que están sin encender son para la suerte y dinero, los quemados para el amor y conseguir pareja. Cosas de la gente. Dos veces al año los recojo porque son miles los que se acumulan.

La conversación fue interrumpida por el grito tarzánico de la secretaria.

-Pues ya terminamos aquí amigo fotógrafo. Lo dejo por si quiere seguir tomando fotos.

Se despidió y en seguida corrió hacia la oficina para atender una llamada. Me quedé un ratito para tomar las imágenes que había dejado pasar por la prisa del sepulturero. De todos los camposanto que he visitado éste ha sido el más que me cautivó. Antes de salir  me dirigí nuevamente a la tumba de Charles de Choudens, saque la cajita de fósforos para mis cigarrillos y lancé el último que me quedaba, pero encendido.

Sobre el autor:

Escritor Edwin Figueroa Acevedo Edwin Elmer Figueroa Acevedo

 Joven nacido en 1990 y radicado en Aguada, Puerto Rico. Es poeta, cuentista, microrrelatista y  cuentista infantil, Además en menor grado es fotógrafo, ilustrador y vitralista aficionado. Estudió un Bachillerato en Artes en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez. Recientemente, ganó el primer lugar en poesía y el segundo lugar en cuento del I Certamen Literario 2013 de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Mayagüez. No ha publicado libros pero se ha dado a conocer con sus escritos en revistas electrónicas y blogs como Colectivo Literario Ó y en revistas impresas y virtuales como Prosofagia, Groenlandia, Traspatio, Letras Salvajes, [Id]entidad; An Collaborative Non-fiction Journal y en la Revista Cultural y Literaria El Relicario. Además, fue seleccionado para participar en dos antologías: Cuentos del sótano IV (México) y Voces sin fronteras II (Canadá). Página de escritor: http://fascinologia.blogspot.com

Nota. Este texto es una colaboración para la 4ta serie de “Intertextuales- escribir desde la imagen”. Tercera semana.