Tuve la oportunidad de estar en la entrega de la medalla Nilita Vientós Gastón a Amárilis Pagán Jiménez y escuchar su mensaje de aceptación. El mismo se publicó en 80 grados y lo reproduzco para que ustedes  también puedan “escucharlo”.

Ojalá les inspire como a mí,

Marlyn Cruz-Centeno

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Enlace de la publicación original: http://www.80grados.net/las-nilitas-que-aun-nos-esperan/

Por Amárilis Pagán Jiménez

 

Desde mis tiempos de estudiante mi vida se ha regido por tres principios que considero de tal calidad que los califico de virtudes: la inconformidad con todo lo que debe mejorarse, la disidencia con todo lo que ofenda la dignidad humana y deba cambiarse y un entusiasmo sin límites, para luchar por los inconformes y los disidentes”.

-Nilita Vientós Gastón

Nuestra matria necesita hoy en día muchas Nilitas (¡y Nilitos!) inconformes, disidentes y entusiastas.  Gente que no pierda la esperanza y que sea capaz de amar más allá de la razón, del miedo y del pesimismo.

¿Cuántas cosas existen en nuestra matria/patria que deben mejorarse? Nilita tendría muchas razones para estar inconforme. Yo también las tengo. No hay forma de sentirnos conformes cuando en un país el nivel de desigualdad social es similar al de 1950. Menos aún cuando esa desigualdad es más terrible porque es invisibilizada por una clase media que, contra toda lógica, cree que aún tiene oportunidades de ascenso y una clase política y acomodada que solo alude a la pobreza cuando necesita votos o una foto de portada para subir puntos en una encuesta. Mientras la gente privilegiada sigue jugando golf y paseando en sus yates, miles de mujeres viven junto a sus familias con $11 al día y miles de hombres mueren en las calles víctimas de su propio machismo. Mientras la gente blanca, cristiana, heterosexual y profesional tiene abiertas las puertas del éxito, miles de personas de las comunidades LGBTT se esconden del mundo y de sí mismas para protegerse del odio de un dios imaginario que les condena por boca de líderes que probablemente no creen en él, pero viven de su palabra. No hay forma de vivir conformes con esas y otras miles de manifestaciones de desigualdad que no tenemos tiempo de enumerar hoy, pero que ciertamente me pesan en el corazón como sé que le pesan a ustedes.

¡Al igual que en los tiempos de Nilita, hoy estamos obligadas a disentir de los discursos escritos por publicistas y de la palabra fácil que trata de acallar nuestro descontento colectivo! Y es que ser parte de la disidencia ante todo lo que ofende la dignidad humana es una consecuencia natural de la inconformidad. Solo que a veces también tenemos que ser disidentes de nuestras izquierdas o del mundo idealizado de la organizaciones sin fines de lucro. Esa disidencia nos plantea retos adicionales porque es disentir de nuestros pares y de nuestras compañeras de camino. Si bien el discurso oficial y socialmente aceptado ofende la dignidad de mujeres y hombres al presumir que somos corderos arrodillados sobre una biblia, personas cuponeras, torpes y acomodadas a estereotipos de género, raza, religión y colonia, resulta igualmente ofensivo el discurso de la pena, del asistencialismo y del pesimismo que cierra toda posibilidad de cambio porque se niega a la esperanza.

Vivir con esperanza y con amor y mantener los ojos bien abiertos a la realidad, es un acto de revolución. En esa revolución, capaz de destruir aun nuestras propias creencias para crear una nueva matria, espero conocer otras Nilitas.  De hecho, me honro de conocer ya a muchas de ellas y llamarlas las matrias, mis compañeras y mis aliadas amorosas.  De ahí nace mi entusiasmo que a veces puede parecer una locura y que de seguro fue ese tercer valor al cual se refería Nilita. El entusiasmo sin límites para luchar por las personas inconformes y las disidentes… y también por las conformes y las que aún no han encontrado una voz con la cual disentir. No hay forma de luchar por la dignidad humana si no luchamos también por las personas silenciadas en las múltiples intersecciones de la opresión.  Luchadoras como Nilita, y también como otras que admiro, son las que han hecho posible que alguien como yo, nieta de una mujer que fue concubina y luego jefa de familia, biznieta de un esclavo negro, hija de una maestra y un maestro de la zona central de la Isla y estudiante de escuela pública, pueda estar aquí hoy. Estar aquí sin tener que ocultar mi humanidad como persona atea, anticapitalista, no heterosexual y activista.

Hoy recibo esta medalla con un agradecimiento profundo, con una alegría que se mece en mi corazón, con un algo de nostalgia que aún miro para entender, pero sobre todo con un gran amor y un gran deseo de hacerme merecedora del abrazo permanente que me ha acompañado todos estos días. Quiero pensar que mis palabras y mis acciones serán dignas y valiosas para nuestra matria, pero en particular para adelantar la equidad de la mano de mis compañeras de Matria, de CABE (Comité Amplio para la Búsqueda de Equidad), de las comunidades LGBTT, de las mujeres, de las comunidades marginadas, de las personas inmigrantes, de mi familia (que tanto sacrifica desde la entrega amorosa al trabajo solidario), de tanta gente que ama como yo y que merece ser reconocida como parte de un colectivo que no se rinde ante el discrimen, el odio o la desigualdad.  Yo soy apenas un soplo de vida que pasa por aquí. Lo que me da valor, es el colectivo y el tener el privilegio de servir a las causas y personas que amo.

¿Quién sustituirá a Nilita? Nos preguntamos y se han preguntado otras personas. Pero como bien dijo en un momento dado Graciela Rodríguez Martinó: “Nadie la tenía que haber sustituido sino nosotrxs mismos. Con nuestras acciones y con nuestro recuerdo”. Gran tarea esa. No la dejemos inconclusa.

Mensaje de aceptación de la Medalla Nilita Vientós Gastón otorgada por el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico el viernes, 16 de agosto de 2013. Le hice algunas modificaciones al original para incorporar algunas reflexiones nacidas esa misma noche.