Por Marlyn Cruz- Centeno

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

Despertó de golpe en la banca. Sus ojos se tropezaron con la imagen del mar que le pareció más inmenso luego de tanto tiempo de encierro. Miró sus manos, otra vez, por primera vez.  Se sorprendió de tenerlas tan arrugadas. “Así se siente ser viejo”, pensó y se quedó muy quieto tratando de recordar algo. La mente se  volvió bruma de prisa y los pensamientos se escaparon sin dejarse descifrar.

El programa era sencillo, un ciudadano modelo de la tercera edad o sus familiares llenaban la solicitud de intercambio.  Si su revisión de vida salía positiva su nombre se ingresaba en el sorteo.  Luego esperaban un poco más a tener suerte.  El gobierno encontró un alivio fiscal al vaciar las cárceles con el programa de intercambio. A pesar, de que las calles pronto estuvieron llenas de ancianos vagabundos, al gobierno le resultaba  más económico conservar el programa. Siempre es más barato pagar entierros que mantener criminales.

El día que  el preso # 356  fue condenado a intercambio con el cuerpo de Don Gerardo Rodríguez Ortiz, de 85 años de edad, ya la familia de Don Gerardo lo había condenado a muerte o al menos, al abandono.  Según el programa, la familia que  recibía el intercambio debía proveer cuidados para el criminal ahora envejecido. Pero el sistema era poco regulado y cada vez era más común que una familia al recuperar a su familiar  en un cuerpo joven se deshiciera del  anciano.

Había una oficina de querellas en que los presos en los cuerpos ancianos podían entablar quejas contra la familia que era responsable de cuidarlos. Pero como todo proceso gubernamental, era burocrático y lento. Además, en la mayoría de los casos los ahora ancianos se encontraban desorientados y no podían ni siquiera identificarse. El criminal aunque conservaba su memoria, recibía el impacto completo de todos los padecimientos de su “nuevo” cuerpo envejecido y sus condiciones de salud.

El preso # 356, a diferencia de otros, había olvidado que había sido condenado dos veces. Cada vez que abría los ojos,  el mar se le presentaba como una hermosa aparición y el salitre le llenaba los pulmones.  El cuerpo viejo de Don Gerardo se quedó quieto sobre la banca. Mientras, la mente del prisionero # 356 se volvía bruma de prisa y los pensamientos se le volvían a escapar sin dejarse descifrar.

Sobre la autora

Marlyn Cruz-Centeno
Marlyn Cruz-Centeno

Marlyn Cruz-Centeno es poeta y narradora. Administra este blog de escritura. Ha publicado sus trabajos creativos en el semanario Claridad, la Antología de poetas y escritoras puertorriqueñas Cachaperismos 2010 y otros espacios virtuales. Recién fundó junto a los escritores Alexis Pedraza y Julio García la plataforma De Palabras, Inc dedicada a la gestión cultural.

Convoca esta serie 4ta serie de “Intertextuales”.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.