A mi papá

 

Paciencia

Por Anuchka Ramos Ruiz

            Paco odia las luces rojas de los semáforos. El acto de detenerse es mortal para quien huye a las pausas por temor a romperse. Paco no sabe ir despacio ni dejar las manos quietas. A duras penas inhala y exhala.  Paco no separa las letras cuando escribe, no usa comas ni puntos finales. No tuvo tiempo para aprender gramática. A los ocho años vendía El Imparcial en las mañanas, en las tardes rellenaba baldes con agua de ríos que ya no mojan, los fines de semana bajaba al pueblo para vender botellas rescatadas del prostíbulo de María Chicho. A Paco no le gustan las pausas. No las entiende. Detesta las vacaciones. Ese vicio de gastar miles en pasajes a un mundo con ratones mágicos le resulta asqueroso. Paco cierra los puños cuando escucha a sus nietos decir que están aburridos mientras expurgan el plato de arroz con habichuelas y exigen papas de plástico y pollos sintéticos en forma de dinosaurios.

            Lleva 73 años en piloto automático. Amanece a las cuatro, desayuna café negro a las ocho cuando ya ha entregado la mercancía a cinco clientes y tres lo hicieron esperar y le dijeron ‹‹Mala mía, se me pegó la sábana››. A él no se le pega nada. Un genio maldito siempre le invierte los números en la lotería. Paco está cansado. Es un espécimen en peligro de extinción. El último hombre en la tierra que llora cuando escucha el ‹‹Lamento borincano››. Aunque una vez lloró cuando su nieta le preguntó de cuál árbol salían los pasteles.

            Paco odia las luces rojas de los semáforos. Será por eso que le tocan todas. Esa noche esperaba para cruzar la Ponce de León. Sus dedos bailaban foxtrot en el guía cuando centenares de cíclopes brillantes se acercaron por su derecha. El semáforo se vistió de verde. Paco presionó la puntita de sus dedos en el acelerador. Inútil arrancar. Avispas brillantes con cascos y ropa elástica cruzaban sin detenerse. ‹‹Viejo, respeta la libertad del ciclista. Ten paciencia››, le gritó uno.

            Los ojos de Paco siguieron a los cíclopes hasta que desaparecieron en la oscuridad de postes eléctricos fundidos. El semáforo se desangraba otra vez. Sus dedos estrangulaban al guía, ¿o lo abrazaban? Paco cerró los ojos como un niño frustrado por los ejercicios de matemática. Recordaba el rostro arrugado de su padre aquella tarde frente a la playa. Sentado con las manos en la cintura mientras esperaba la misericordia de algún bañista. Tímido no se atrevía a pedir un centavo. Paco que lo veía todo grande desde su mediana perspectiva gritó desesperado: ‹‹Señora, ¿tienes cambio? Señor, ¿me ayuda? Se nos rompió la bicicleta. ¡Ayuda, por favor!››.

            Su padre lo mandó a callar. ‹‹Ten paciencia››, le dijo. Nadie los ayudó. Caminaron silenciosamente de la costa al monte con la bicicleta en las espaldas. Pacientemente. Pies encarnizados. El crescendo de sudores aplacaba la sed. Había que cruzar el pueblo para llegar al río. El progreso del país se traducía en ventanas cerradas, vecinos desconfiados. Pacientemente. Paco había conocido el mar. Pacientemente. Regresaron a la casa con la miseria encapsulada en un triste caracol que Paco llevaba en el bolsillo. Caracol que ahora colgaba del cristal retrovisor por donde Paco miraba avergonzado al conductor que le avisaba iracundo que la luz había cambiado, que tenía que moverse.

Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

 

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Sobre la autora: 

Anuchka Ramos Ruiz (1989). Escritora, periodista y bloguera. Es autora del libro Secretos contados al viento (2007), una recopilación de monólogos. Ha colaborado como periodista en publicaciones nacionales e internacionales, como: Revista Balance, Agrochic, Universia Puerto Rico, El Vocero, El Nuevo Día, Arouse, entre otros. Posee una máster en Edición y estudio de textos españoles y latinoamericanos de la Universidad de Santiago de Compostela, España. Actualmente trabaja como investigadora literaria con énfasis en los últimos cuentos de Julio Cortázar, edita contenido para OSFL y prepara su próximo texto de escritura creativa. Pueden leerla en su blog http://www.anuramos.blogspot.com.

pd: Y a quien pueda interesar, le gusta que le regalen libros usados, le acompañen durante la hora del café y la del vino tinto. No se peina.

Nota. Este texto es una colaboración a la serie “Intertextuales”. Siete semanas de escritura creativa a partir de la imagen. Segunda semana.