Fotografía de Zayra Taranto 4ta Serie Intertextual Segunda Semana
Fotografía de Zayra Taranto
4ta Serie Intertextual
Segunda Semana

La mirada de don Celestino se pierde en la distancia. Siempre lo observo las veces que me escapo a la playa siendo niño al visitar a mis tíos en Naguabo. Lo veo con su camisa de mangas largas y su sombrero de paja. En casa me decían que no hablara con extraños.  Pero pasaba el tiempo  y las veces que iba a la playa me lo encontraba. Una  vez, me invitó a comer  hicacos que había recogido y los tenía  en una cubeta gris.  Me comentó que las recogía para que su esposa hiciera dulces y los vendiera en la calle.  Odiaba su nombre y prefería que lo llamaran Tino. Don Tino iba a la playa en bicicleta. Muchos de mis  primos  y yo nos sorprendía ver a un doncito  correr bicicleta. Lo veíamos como algo increíble. Nos íbamos a las carreras y nos  dejaba ganar. En mi curiosidad le pregunte una vez por que iba a la playa en bicicleta. Con una sonrisa me respondió que no le gustaba guiar, por una mala experiencia y disfrutaba del aire salado.  Mis primos me decían que era un loquito pero nunca hice caso. De hecho, por comentarios de ellos,  en casa se enteraron que tenía amistad con don Tino y las visitas a la playa me las restringieron aún más.  Me explicaron que no debía unirme a un viejo borrachón y problemático.   Los veranos de Naguabo dejaron de ser divertidos cuando mis primos crecieron y se fueron al ejército o a la universidad en Boston. Yo había también había crecido lo suficiente y quería aprovechar mi último verano antes de irme a estudiar a la UPR. Ese verano lo único que me divertía era ir a caminar por el malecón  y estar horas mirando el mar. Entendí  a don Tino con su mirada perdida. Lo vi por última vez y fue por un accidente.  Un borracho del malecón lo había atropellado  mientras corría bicicleta y se había dado a la fuga. La gente se aglomeró y decidí llamar a emergencias. En desespero monté la bicicleta en mi camión e iba a llevarme al moribundo, pero  la ambulancia llegó en ese instante.  Nadie quería ir a acompañarlo y decidí hacerme responsable. En el Hospital de Humacao preguntaron su información y le dije que solo sabía su nombre y que lo conocía de la playa. Encontraron su billetera y llamaron a los familiares.  Cuatro horas más tarde llegó uno de sus hijos. Me presenté  y le conté lo ocurrido. Me agradeció y me comentó que su padre se había escapado de la casa.

—    El viejo siempre se escapa de la casa y va directo a la playa. Yo creo que buscando a mi madre y  a los hicacos. El quedó mal desde su muerte hace muchos años  por  culpa de un choque.  Dejó de guiar y a todo va en una bicicleta.  Bebe mucho. Mucha gente le rehuye. Vine a vivir con él para atenderlo, pero ya ves…

Sus palabras crearon un nudo en la garganta. Un sentido de culpa me invadió el pecho y un frío sepulcral me erizó los vellos del cuello. Me sentí mal por no haber pasado más tiempo con don Tino. La noche en el hospital fue larga. Los médicos dijeron que no le daban mucho tiempo. Le pedí a su hijo si podía verlo. El accedió y lo vi. Escuche de sus labios un murmullo decir gracias. Le besé sus manos arrugadas y me fui del cuarto. Le comenté  al hijo de Tino sobre la bicicleta y me dijo que la botara. Al otro día fui a visitarlo, pero ya había muerto. Las lágrimas bajaron en cuentagotas.  Intenté buscar información acerca de su entierro, pero nadie sabía. Con el tiempo arreglé la bicicleta. Le di un retoque  de pintura color aguamarina.  Voy en las tardes por  el Condado corriendo en ella. Mientras corro bicicleta el aire de mar me provoca un  sentimiento de libertad. Siento la mirada de la gente invadiendo mi espacio y  les sonrío. Si supieran la historia de esta bicicleta, agarraban las suyas y correrían por amor a la vida.

Sobre el autor:

H Roberto Llanos
H Roberto Llanos

H. Roberto Llanos es  escritor y fotógrafo aficionado. Nació el 2 de mayo de 1978, en San Juan Puerto Rico. Cursó estudios universitarios en la Universidad del Este, obteniendo un bachillerato en gerencia hotelera. Tomó diversos talleres con reconocidos escritores quienes lo impulsaron a continuar con la exposición pública de sus trabajos.  Varios de sus cuentos han sido publicado como Exprimomangó cual apareció en la antología  de Origin EYaoiES ( peruano-españoles) mientras que su cuento Ceviche al Canibal se encuentra en la pagina de Di/verso en Argentina. Actualmente está trabajando en una colección de cuentos.