El 23 de diciembre de 2012, justo en la pre noche buena, la poeta sacerdotisa Mairym Cruz-Bernal  nos otorgó a un selecto grupo de escritores y a mí un hermoso lienzo en blanco para seguir pecando, creando y viviendo. Una bendición astral para que continuáramos en este camino de letras luego de seis meses de amores, aceites, velas, versos y otras intimidades. Fue en ese templo/taller  donde conocí a los invitados de esta serie en tres partes. Un regalo de letras en año nuevo.

Equilibrista

Por: Noel Ernesto

Saludo Inicial:
Ovación al público.
¿Por qué hago esto?
Siempre me lo pregunto
antes de dar los primeros pasos.

¿Quién es toda esa gente?
Sé que aplaudirán cuando
complete el acto.

¿Valdrá la pena?
Este vestuario
no me define.
Son un montón de lentejuelas
que me hacen parecer
un súper humano.

Hay veces que me dan ganas
de dejarlo todo,
soltar la vara,
dejarme caer
creando un suspiro masivo
en la audiencia.

Todo me parece tan simple
desde esta cuerda floja.
El punto de salida
nunca es el primero,
y el de llegada
nunca será el último.

Tengo que concentrarme,
estoy en desbalanceo.

Que profundo silencio…
los redobles de los tambores,
son más que exagerados
comparados con mi pecho.

¿Me pedirán autógrafos?
¿Se tomaran fotos conmigo?
¿Me cuidaran de anciano,
o terminare solo
y arrepentido
por haber entregado mi vida
a una vocación de gitanos?

¡Ups! Muy a la izquierda.

Instantáneamente llega la imagen,
del maestro a mi cerebro.
“Nunca muy a la izquierda,
Si la izquierda fuera la correcta
la mayoría seriamos zurdos.”

Dios quiera y me lleve
en medio del espectáculo.
Hay hombres que no nacimos
para ser ciudadanos,
la muerte en el momento perfecto,
nos hace eternos,
una muerte gloriosa.

No es glorioso
salir de una ovación
para llegar a una casa triste
sin consuelo.

Un salto con vueltas
para llegar al extremo,
el pueblo ama
los grandes finales.

Ya esta,
hoy no me caí…
Saludo final:
“¡Gracias! ¡Gracias!”
podre darle
comida al perro.

Noel Ernesto
Noel Ernesto
Teatrero y poeta. Criado en el pueblo de Vega Baja. Rebelde con y sin causa. Padre de una Luna.

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La mitad de un par

Por: Dina de Pablos

       Oigo sus pasos por el corredor. No quiero que me encuentre.  No quiero que me vea viejo y maloliente. Seguro que al instante vienen las comparaciones con mi aburrido contraparte.  El perfecto y bien cuidado compañero de batallas no peleadas, el que nunca se mojó las suela por miedo a mancharlas. ¿Para qué le ha servido tantos mimos si su vida terminó con mi huida? Todo pasa, le dije, pero no me hizo caso. Se quedó creyendo que nuestra época de gloria volvería. Yo también caí en la trampa del recuerdo por un tiempo…complicidades en sábados de fiesta, la cadencia sensual de los boleros, el sabroso ritmo de las puntas en clave, cajas de cartón con su efímero olor a estreno. Despierta tonto, no te puedes quejar, tú sí has vivido: esquivando perros, guareciendo tempestades debajo de las piedras, volando por los aires con los chicos del barrio…Ha llegado la hora, quiero descansar y que nadie me moleste. Regreso al viejo armario a arrinconarme contigo.  Uno sobre el otro como el bello par de zapatos que fuimos. Hagamos un réquiem a los tiempos vividos.
 

 

Dina de Pablos

Dina de Pablos

Educadora de profesión, escritora por afición. Nacida en Hato Rey para la década de los 50s. Sazonada por una infancia en el casco de un Rio Piedras que se negaba a ser un barrio de San Juan. Adepta a los zapatos de la vida y los rastros que van dejando.

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Nana para seducirte

Por: Laura Retas

Te miro

Te miras

Me miro

Me miras

Te quiero

No te quiero

Soy tus ojos

Mi mirada sobre tu papel

Tras mis labios, los tuyos

Inclino el rostro

Imagino que me miras

Imagino que te miras

Si me acerco a mí misma

Me acaloro

Te acaloro

Más aún si dejo que mis ojos y los tuyos

Se miren largamente

Como se miran los amantes

Cuando una mujer que ama

Se mira a sí misma en un espejo

Puede verse amando a todas las mujeres

Que, como ella

Se han dejado seducir

Por un par de ojos oscuros

¿Será que me acerco y te toco?

A Marlyn Cruz Centeno

Laura RentasLaura Rentas

Laura Rentas nació en San Juan, hizo escala en Nueva York y, de joven, interpretó a la Guaynabita perfecta.  Hoy es feliz en la urbe junto a su esposo e hija, de quienes recibe amor y tormentos en partes casi iguales. Casi siempre le gustan el arte y la gente, aunque a veces los odia a todos. Piensa que el mundo sería mejor si se leyera más.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz Centeno