Dos cuentos del Sr. Peter M. Shepard para dar cierre a su participación de Intertextuales por Invitación.

Innegable

Él perdía noción del tiempo cuando se miraba en el espejo. Siempre era igual después de un episodio traumático. Llegaba muy agitado a la casa, llorando de rabia. Cómo la gente podía ser tan cruel. El rechazo lo había sentido desde que muy pequeño. Aún de sus padres lo percibió. Se miró de nuevo al espejo. Tanto sacrificio que había hecho para pertenecer, para aparentar. La imagen reflejada no era distinta de las de los hombres que veía en las calles. La ropa perfecta. El recorte de moda. Le actitud esperada, la postura, los gestos…

Nada había tenido éxito. A través del internet surfeó cientos de páginas, abrió un grupo cibernético (que nunca pasó de un miembro) y posteó en centenas de lugares de encuentro. Dejó escritos en los cubículos de la clínica donde donaba semen. Todo muy discreto, por cierto. Todas las contestaciones que recibió fueron de burlas, de censuras. Busco respuestas en la historia. Leyó tantos libros. Investigó el curso de los movimientos de derechos de las personas negras, homosexuales, de las mujeres; y nada parecía tener relevancia a su realidad. Se preguntaba cómo había pasado, como había llegado a esta situación.

Los ojos que le miraban desde el espejo reflejaban una mirada triste. La soledad lo hacía sentirse muy débil y cansado. Había intentado tener parejas. Es más, se había obligado. Claro, la oferta de parejas disponibles para él era aquellas aceptadas por su cultura. En una que otra ocasión intentó tener sexo. Busco ese placer excitante que tanto le hablaban sus pocos amigos. Pretendió replicar los actos y movimientos que se había grabado de esas conversaciones en la mente. Luego de la euforia atropellada del orgasmo se reafirmaba en que no eres lo suyo. Era innegable. Y volvía a archivar sus sentimientos y afloraban sus inseguridades. Las personas, sin comprenderlo, terminaban abandonándolo. Si tan solo pudiera sobrevivir con la compañía de otro ser humano. Pero sabía que lo que necesitaba estaba prohibido. Más que prohibido, se le podía ir la vida en ello.

Se fue desvistiendo poco a poco frente al espejo. Admiró sus firmes pectorales, su bien definido abdomen, su acicalado pene y sus firmes piernas. Caminó hasta la cama, de debajo de ella sacó un cajón de metal con dos candados. Busco en la gaveta de su mesa de noche las llaves que siempre mantenía envueltas en unos calcetines. Abrió el cajón y saco tres revistas, ya maltratadas con el uso, de mujeres desnudas. Con las fotos de estas hermosas mujeres, mostrando toda su intimidad, era que podía escapar y vivir sus deseos. Sacó del fondo una nota también maltrecha y sucia. Fue la nota que acompaño las revistas cuando se las regaló antes de morir la única persona que lo había comprendido. Aquel que siempre le había dicho que solo quedaban ellos dos. La leyó en voz alta, como siempre hacia antes de masturbarse.

– Aquí tienes para que te acompañen como me acompañaron a mí. Disfrútalas, depravado hetero… y no pierdas la esperanza.

Para: Intertextuales por invitación
Octavo tema: El último heterosexual del planeta.
Autor: Peter M. Shepard-Rivas

El Machote

 

          Al escuchar el sonido de la campana de la puerta volteé a ver quien entraba. Desde la caja registradora mantenía vigilado todo el Sex Shop. Ya era casi las dos de la mañana, hora de cerrar, y lo menos que quería era un cliente que viniera a novelerear. A veces los sábados de madrugada, los que no habían conseguido nada para chingar en otros sitios, venían a buscar películas porno o a ver si se les daba algo con las sobras que entraban a la tienda. Quien entro fue una chica alta, elegante que nunca había visto. Me pareció raro porque casi nunca llegaban muchas mujeres al Sex Shop, y menos a esa hora. Volvió a sonar la campana y entraron dos twinkas regulares del negocio. Me sentí desilusionado porque llevaba todo el turno esperando al machote de los ojos negros, pelo ondeado y de los que tienen esa sombra permanente de la barba que tanto me gusta.

          Lo vi entrar por primera vez tres sábados atrás.  Esa primera vez que vino solo caminó y le echó un vistazo la mercancía. Le pregunté si buscaba algo en particular, por aquello de montarle conversación, y me contestó que solo estaba mirando. Luego de un rato se marchó sin comprar nada. Al salir por la puerta me tiró una guiñada y se sonrió. Me fui flotando y regresé a la Tierra cuando el cliente que estaba esperando por que le cobrara me preguntó si me pasaba algo.

          El segundo sábado me saludo al llegar. Luego de dar vueltas por la tienda juntó algunos artículos. Después vino a la registradora a pagar. Llevaba una caja de condones large, lubricante, unos aceites de aromas y unos polvos de Kama Sutra. Las rodillas me temblaban. Le cobré la mercancía y le di un descuentito. Me pregunté con quien usaría todo eso. Le comenté que no lo había visto por allí anteriormente y me contestó que se acababa de mudar hacía pocas semanas. Me preguntó cuál era el horario de la tienda, de mi turno y cuando era la hora en que menos personas venían. Me tenía tonto con sus ojos y sus labios. Me hablaba muy sensual y yo sentía que me estaba coqueteando.

          El siguiente sábado llegó como a la media noche. Estaba solo en la tienda y vino directo a saludarme. Me estrechó la mano firmemente y yo casi eyaculo. Le miré los dedos y pensé en los condones large que había comprado la semana anterior. Llegaron unos clientes y él se fue a mirar las cosas por la tienda. Cuando la tienda volvió a vaciarse se acercó con una mercancía y la puso sobre el mostrador. Comencé a cobrarle la mercancía y algunos artículos me dejaron confundido. Me pagó y mientras empacaba su otra caja de condones miraba extrañado unos pantis de seda y unas medias de liguillas con encajes que había comprado. Mi corazón se paró al darme cuenta que este machote compraba estas cosas para alguna chica con suerte. Pensé rápidamente sobre mi mala estrella de no poder conseguir un hombre así de masculino y sensual. No sé si fue por mi cara de confusión pero él me dijo algo que no le entendí. Como soy medio sordo acerqué mi cara pidiéndole que me repitiera nuevamente lo que me dijo. Por desgracia me pegó su boca a mi oído malo y lo repitió. Se me remeneó el cuerpo por dentro y me dio una cosa mala. No sé si fue por el roce de su barba en mi piel o el olor de su colonia que no entendí un carajo sus palabras. Al verle su sonrisa picara no me atreví a preguntarle de nuevo. Tomo su paquete y en la puerta me preguntó si estábamos para el próximo sábado. Asentí con la cabeza sin saber a que me comprometía.

          Ya el próximo sábado estaba terminando y pensé que nunca me enteraría de a que había quedado. Las twinkas llegaron con dos películas de otras twinkas para rentarlas. Les llené la tarjeta de alquiler, pagaron y se marcharon. Ya solo quedaba la chica en la tienda y cinco minutos para salir. Fui a cerrar la puerta para que no entrara nadie a última hora. De regreso a la caja me esperaba la chica. Al acercármele me doy cuenta que es  una mujer, aunque elegante, algo hombruna. Me agarra por los hombros y me besa fuertemente. Su lengua intenta meterse en mi boca. Logro despegarme y le advierto que a mí lo que me gustan son los hombres. La mujer se sonríe y me parece algo conocida. Entonces se levanta su falda negra de tubo y me enseña unos pantis de seda y unas medias de liguillas con encajes muy familiares.

 

Para: Intertextuales por invitación
Séptimo tema: Historias desde el Sex Shop.
Autor: Peter M. Shepard-Rivas

 

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Sobre el autor:

Peter M. Shepard- Rivasde Juncos, Puerto Rico nació un 14 de septiembre de 1959. Posee un Bachillerato en Turismo y una Maestría en Administración de Organizaciones sin Fines de Lucro, ambos obtenidos en la Universidad del Sagrado Corazón. En 1985 fue premiado con la Medalla Pórtico de Liderazgo de la USC. Trabajo por muchos años como asistente de vuelo y actualmente labora en el área de desarrollo organizacional y programático de una organización de base comunitaria. Algunas de sus narrativas han sido publicadas en el blog del Colectivo Literario Homoerótica y tiene dos cuentos que serán publicados próximamente en dos antologías de cuentos. En su blog, que visita de vez en cuando, Quien ríe el último, piensa más lento… publica algo de inspiración, algo de indignación, algo de cordura y de locura.

Su blog:

Quién ríe el último, piensa más lento…

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema.

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Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno