El carnicero feliz

Microhistorias retorcidas hechas a la parrilla

(A veces sólo tenemos tiempo para crear universos que viven por cinco segundos)

 

1.  Colocó la carne sobre la mesa de “stainless steel”.  Roja.  Con unas venas blancas que centelleaban bajo la luz fosforescente… Y cuidadosamente, con su mejor cuchillo fue abriéndola desde el centro.  Como si esculpiera una flor.  Capa a capa, labio a labio… Hasta tener sobre su mesa a la mujer de sus sueños.

2.  “Dos libras de carne molida, por favor.  Empacadas separadas”, dijo una voz de mujer desde el otro lado del mostrador.  Alzó la vista de los perniles traseros que estaba empacando y se encontró con una mirada maquillada de kohl.  La mujer le sonrió nerviosa.  Acababa de darse cuenta de que el carnicero tenía una erección.

3.  Llegaron los cerdos que estaba esperando para las navidades.  El muchacho que los trajo le ayudó a meterlos en el almacén refrigado y allí, cuidadosamente, los fueron enganchando en los garfios de metal de los cuales colgarían por un tiempo.  El olor de carne cruda le hizo expandir las fosas nasales con placer.  Al despedirse del muchacho, no pudo evitar sentir el olor que se le había impregando en la ropa.  Le dió un apretón de manos mientras pensaba con disgusto cómo se vería este chamaco colgado en uno de sus garfios.

4. Una bandada de adolescentes inundó la carnicería.  Mascaban chicle, se reían, algunos venían tomados de la mano.  Alguno que otra se besaron frente a él.  Tenían un “pool party” al día siguiente y vinieron a comprar costillas para un “barbiquiú”.  “¿Pero ya no queda gente normal en este planeta?”, se preguntó mientras miraba a unas nenas dándose un chupete monumental.  Les vendió las costillas.  Puso el rótulo de “Regreso en 10 minutos” y se fue a la trastienda a masturbarse.

5.  La carne de cabro era difícil de manejar.  Si al animal no lo supieron escoger y matar, la carne llegaba con un olor fuerte y penetrante.  Insoportable.  Invendible.  Miró el cabro que tenía hecho pedazos sobre mesa.  Miró el dron de deperdicios.  Miró el reloj en la pared.  Casi sintió las moscas de la podredumbre zumbar a su alrededor y decidió refrigerar el cadáver para luego bregar con él.  Se le hacía tarde para llegar al Condado.

 

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Sobre la autora:

En 140 caracteres: Soy mujer y lesbiana, abogada, activista, escritora, pintora, mamá, compañera (¡amante!), hija, hermana, bruja y rebelde. Soy mil cosas, pero en esencia: HUMANA.  Si le sumo algo le sumo lo siguiente: Autora de columnas de opinión que recientemente han sido publicadas en una selección que abarca algunas los años 2006 al 2011 bajo el título: Brujas y Rebeldes.  Ese mismo nombre lleva uno de sus blogs.  Es confundadora de Proyecto Matria.
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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta.
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Marlyn Cruz-Centeno