Chica Fácil

tomada de la web

Por fin la recogió en la calle Santa Marta y esquina del Tren. Siempre tuvo la idea, pero el miedo al que dirán lo detenía. La persistente soledad y el eterno auto-sacrificio de la carne lo obligaron a desalentar la turbación. Al montarla en el auto le habló como si la conociera de toda la vida, como si necesitarla fuera la excusa perfecta para amarla. A eso se disponía. La amaría, y esperaba lograrlo en más de una ocasión, aquel mismo día.

Llegó a la habitación de una pequeña casa recogida con pulcritud extrema. Su hogar contenía lo necesario para un hombre modesto y tímido. Al no tener experiencia en esas cosas del amor sólo había logrado sueños y fantasías creadas en una mente acostumbrada a vivir en el destierro obligado. Aún así abrigaba esperanzas de romanticismo. Por eso, lo primero que hizo después de recostarla en la cama, fue prender la radio y asegurarse de escoger una emisora que presentara música romántica.

 — Ciento veinte dólares por tu amor es un justo precio — dijo como si a ella le interesaran los sentimientos.

Acarició sus muslos y no obtuvo la respuesta que buscaba, pero si la señal de que debía comenzar a poseerla. Le fue quitando sus ropas al ritmo de música suave mientras le besaba sus inflados pechos y la piel del cuello que brillaba gracias a la bombilla de cien voltios que estaba muy cerca y que lanzaba más calor del que ella emanaba. El olor que ella despedía en nada se comparaba a una buena fragancia de mujer distinguida. A él no le importaba mucho ese detalle pues pensaba en esa filosofía pueblerina que dicta que “en tiempos de guerra cualquier roto es trinchera”. Inició por hablarle suave al oído las palabras que en su diario vivir hubiese querido decirle a más de una. De hecho para sacarle provecho a su inversión fue viendo en el perfil de ella los rostros de las mujeres a las que deseaba; comenzando por compañeras de trabajo y terminando por artistas de televisión. Cada vez que cerraba los ojos y los volvía a abrir veía en aquel moldeado cuerpo a los miles de cuerpos que a través de los años había ansiado poseer.

Estaba extasiado en el quehacer amatorio, pero el nerviosismo logró que todo se le hiciera más difícil. Al fin consiguió perder la castidad y en su oscilación amatoria sudaba. Aquel cuerpo era divino para su interés erótico.  Siendo su primera vez  carecía con quien compararla. Sólo atinaba a gemir de delectación y babearse como un bebé crecido. Despejó toda duda sobre la calidad carnal de aquella mujer que era un exclusivo instrumento de placer cuando pensó en la eyaculación que estaba a punto de sufrir prematuramente.

Por inexperiencia o porque eran tantas las ganas retenidas en su ser comenzó a apretar el cuello de la infortunada que no pudo soportar tanta fuerza. Tampoco toleró la cortada en el muslo que le infirió el broche del pantalón. Mismo que él no alcanzó a quitarse en el loco desdén de poseerla inmediatamente la vio desnuda; ella se vació en el improperio de no darle más placer, ni siquiera lo dejó completar la carrera de llegar a la gloria.

Se puso de tan mal humor por los ciento veinte dólares gastados en unos minutos incompletos de lujuria que decidió regresar de inmediato a la calle Tren esquina Santa Marta a devolver a la culpable del dolor reciente de testículos. Comenzó a gritar palabras malsonantes al vendedor de lascivia. Este trató de explicarle las palabras leídas en el rotulo que especificaba  no se devolvía dinero ni se permitían cambios. Apretó sus puños, dio golpes encima del mostrador y sólo redujo su mal temperamento cuando recibió la amenaza de una llamada a la policía.

Se mordía los labios por la furia  mientras escuchaba hablar al empresario y es que la recomendación de comprar parches para gomas de bicicleta o para piscinas no le pareció la mejor forma de lograr inflar de nuevo a la chica de plástico que le podía prometer placeres sin lamentos… lujuria sin preguntas… lascivia sin exigencias…

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El autor participa por primera vez en esta serie, a través de la convocatoria abierta. Envió su escrito a:  marlyncruzcenteno@gmail.com.  Angelo Negrón, bienvenido a mi casa virtual.

Sobre el autor:

(New Jersey: Junio 15 1969 a Enero 1970 – Puerto Rico: enero 1970 al presente). Definitivamente puertorriqueño. Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Purpura. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Montaña Recuerdo, Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela de proxima publicación titulada: Ojos furtivos.
Pueden pasar a visitarle en su blog:

Confesiones: Fantasías, realidades y otros sarcasmos

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En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

No se pierda ninguno de los escritos de esta o de semanas futuras. Únase al grupo en facebook: Marlyn Cé: Apuesta literaria.

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno