“Y vira
que queriendo como bien te quise yo,
quien se viene hoy a marchar,
pero cierto es que decir ya no te amo,
prolongó una despedida
que emprendiste tiempo atrás,
y con ella me encamino
en esta noche sin luciérnagas
que se abre con las llaves de tu nombre”

– Fernando Delgadillo

 

 

Desde el día que te fuiste
olvidé contar las fechas;
Una manada de cucubanos
hizo un vuelo de honor a nuestro nombre;
El sol comenzó a desnudarse con otra desnudez
y acariciar este ausente cuerpo con sus uñas;
La luna abandonó su órbita para sobrevolar mi locura
con un nuevo ciclo de marejadas clandestinas en mi lengua;
Las palabras se cubrieron de un nuevo alfabeto
en vértices de conjugaciones inverosímiles e infinitas;
La soledad de mi sombra tuvo un cambio de imagen
al imaginarme tan poblado luces a medio fundir;
Mi nave metálica se envició de nostalgias
en cada cabello que dejaste abandonado en las alfombras;
Mi carne aprendió el sabor de mis gloriosas manos
al propiciar caídas mortales de soles y estrellas indiscretas;
La música despidió nuestro vacío entre acordes y poemas
cavando un hueco para nuestra expirada historia.

Es que desde el día que te fuiste
me di cuenta que dejaste un adiós espía
en un susurro constante en mi oído
de Verbos que no habré de develar;
Porque desde el día que te fuiste
¿sabes qué?
Ya hace mucho te habías ido y yo también.