Changueo

     Yo no sabía que ser tan  apasionado con las mujeres  feas era una changuería  hasta que visité a la psicóloga. Sé que esto  parece un chiste, pero no lo es.  La changuería es una enfermedad que se le pega a uno por los testículos como si fuera garrapata y que a las veinticuatro horas, después de haber madurado como guanimos, va chupándonos la sangre hasta convertirnos en changos. No logro entender todavía si era como efecto o como causa de las feas que se me pegaban como chinchas en el ruedo de mi pantalón deportivo. Porque debo decir, sin que esto suene a changuería, que yo era buen mozo hasta  que sufrí aquel fatal accidente donde perdí el ojo del huracán  por estar privando en el rey mono.  Aunque aquí  tengo que decir que era muy malo con las monerías, es decir, en otra palabra: tirando changadas.

     Tampoco quiero dar la impresión de que a esta altura del juego, donde todo el mundo me ve la cara de chango, pretenda ser poco chango, porque hay que saber que el destino sin changuerías es un camino oscuro que hay que caminar con los dientes afuera como los simios; mientras  el corazón es un ciego despistado que anda a tientas para ver si encuentra alguna changa.

     No tengo nada en contra de los changueristas que tienen cuarto, porque se lo han ganado changueando. Además, no es cosa buena andar con los bolsillos como dos changuetas. Pero sí siento envidia de la buena. A esa gente ninguna changa le vacila.  Y si le vacila es porque el hombre es un gran changón. Al menos que no haya alguna maricona que utilice al gran changón para matar moscas en los parques a cambio de llegar a ser changuerista.  Estoy seguro que a nadie se le cae la cara de vergüenza.

     Algunos de mis amigos dicen  que clavarles los ojos a las feas  no es una changuería  normal. Que debía haber alguna hormona cruzada. ¡Bah!, pero qué saben ellos de  changadas, si lo de pariguayo se les ve de lejos.

     Pero cuando mis viejos supieron de mi tendencia hacia las feas, buscaron entre la familia para ver si había alguno en el pasado con la misma inclinación. Ah, sí. Porque las lenguas largas comenzaron a decir que la changuería era hereditaria. Pero la investigación no arrojó ninguna información, y  los viejos que pensaron  que yo estaba loco de tanto changuear.

      Entonces me llevaron al oculista,  pensando que quizá era un problema de la vista que me hacia inclinar por ese tipo de bromas. Sin embargo, el oculista me dijo que yo estaba en el lugar equivocado, que eso no era cuestión de la vista, y me refirió a un consejero espiritual para ver si yo tenía alguna deuda con alguna fea en la pasada vida o había dejado de changuear en algún momento, pero no funcionó.

       Y como si todo eso fuera poco, como si fuera una changuería  de esta puta vida, lograron una cita con una psicóloga más fea que el diablo. La doctora quiso analizar si había alguna célula madre en mi cerebro que fuera changa, pero no le di tiempo. De inmediato le volé encima y le apliqué el salto del mono. Ella sólo decía que le quitaran al chango de encima. De repente, agarró unos pendejos changobates y me entró a changazos.

   Todavía ella le está buscándole las cuatro patas al chango. Y yo no puedo dejar de changuear.

José M. Minaya Peña

Desde Nueva York

9/6/2012

***************************

José M. Minaya colabora a través de la convocatoria abierta. ¡Bienvenido, José !

Sobre el autor:

Nació en Santiago, Rep.Dom. Tiene una licenciatura en Adm. De Empresas. Ha realizado cursos de poesías y narrativa en Tallere de Escritores y Escritores. Org. Respectivamente. Inició en el mundo de la narrativa en Taller Queer, dirigido por Max Chárriez, a quien considera su guía literario. Ha dirigido varias instituciones comunitarias, y actualmente le da los toques finales a un libro de poesías y otro de relatos inéditos.

No sé si soy escritor pero siento que las palabras se me pegan como moscas, y eso me tiene incómodo.

*********************************************************

En este blog se lleva a cabo la serie “Intertextuales por invitación”. Consiste en un tema semanal escogido por un escritor invitado distinto durante un periodo de diez semanas.  A partir del tema semanal, se compartirán otros textos creativos desde las voces diversas de los escritores que acepten el reto (o provocación) en los géneros de narrativa y poesía. También se compartirán colaboraciones de personas que han visto la convocatoria y se han motivado a escribir del tema. Esta es una convocatoria abierta, envíe su colaboración a marlyncruzcenteno@gmail.com.

No se pierda las colaboraciones previas,  bajo el archivo de agosto-septiembre. Únete al grupo en facebook: Marlyn Cé: Apuesta literaria.

***********************************************************

Gracias por pasar a leer,

Marlyn Cruz-Centeno